NUEVO ORDEN MUNDIAL

Un nuevo mundo multipolar

El mundo ha estado viviendo un proceso de cambio de la unipolaridad a la multipolaridad tras el surgimiento de nuevas potencias como China que reta la hegemonía estadounidense. | Laura Rojas

Escrito en OPINIÓN el

Tras la disolución de la Unión Soviética en 1991, Estados Unidos emergió como la única superpotencia, estableciendo un orden unipolar basado en su liderazgo económico, militar y tecnológico. Durante casi tres décadas, el sistema internacional estuvo dominado por instituciones como la ONU, la OTAN, el FMI y la OMC, que promovieron la democracia liberal, la economía de mercado y la globalización. Sin embargo, la crisis financiera de 2008 marcó un punto de inflexión al debilitar la confianza en el modelo económico occidental, abriendo espacio para el ascenso de nuevas potencias y modelos alternativos de desarrollo y gobernanza.

El mundo ha estado viviendo un proceso de cambio de la unipolaridad a la multipolaridad tras el surgimiento de nuevas potencias como China que reta la hegemonía estadounidense y que podría acelerarse como consecuencia de una política exterior aislacionista y amenazante hacia sus aliados tradicionales por parte de Donald Trump. Si bien Estados Unidos sigue siendo la principal potencia global, su dominio no solo ha sido desafiado por el ascenso de China, sino también por la recuperación de Rusia y la creciente autonomía de otras economías como India y Brasil. Este nuevo orden multipolar se caracteriza por la formación de bloques regionales de poder, donde diferentes potencias ejercen influencia según intereses estratégicos, económicos y militares.

Estados Unidos mantiene su liderazgo en América del Norte y con países como Israel, Japón, Corea del Sur y Australia, pero su relación con Europa occidental está en entredicho a raíz de que el vicepresidente Vence cuestionara que aún comparten los mismos valores, del recordatorio de que Estados Unidos no se hará más cargo de la seguridad de Europa, y del inicio de negociaciones entre Trump y Putin para terminar la guerra en Ucrania excluyendo tanto a ésta, como a la Unión Europea. Esto ha reavivado la necesidad de Europa de reforzar su autonomía estratégica.

China ha consolidado su esfera de influencia en Asia Oriental, el Sudeste Asiático y partes de África y América Latina mediante inversiones en infraestructura, créditos y acuerdos comerciales a través de la iniciativa de la Franja y la Ruta. Su modelo económico combina el capitalismo de Estado con un fuerte control político, desafiando la hegemonía occidental y ofreciendo una alternativa para países que buscan desarrollo sin condiciones democráticas.

Rusia ha reconfigurado su influencia en Eurasia y el Cercano Oriente, utilizando su poder militar y energético para afianzar su posición geopolítica. Su intervención en Ucrania y sus alianzas con países como Irán y Siria han redefinido el equilibrio de poder en la región, desafiando a la OTAN y a la Unión Europea. India, por su parte, ha fortalecido su autonomía estratégica al evitar una alineación directa con Estados Unidos o China, priorizando sus intereses nacionales en tecnología, defensa y comercio. Brasil y Sudáfrica han buscado consolidarse como líderes regionales en América Latina y África, respectivamente, aunque sin desafiar directamente la hegemonía de las grandes potencias.

La transición hacia un mundo multipolar tiene implicaciones profundas en la gobernanza global. A diferencia del orden unipolar basado en reglas establecidas por Estados Unidos y sus aliados, el nuevo sistema se caracteriza por una mayor fragmentación y competencia entre bloques. Esto ha debilitado el papel de organismos internacionales como la ONU y la OMC, que han perdido capacidad de mediación en conflictos y en la regulación del comercio mundial. En lugar de consensos globales, se observa una proliferación de acuerdos bilaterales y regionales, con países buscando diversificar sus alianzas para evitar una dependencia excesiva de una sola potencia.

La fragmentación económica ha generado incertidumbre en el comercio internacional, afectando el costo de productos básicos y la estabilidad laboral en industrias que dependen de cadenas de suministro globales. Las disputas tecnológicas entre EU y China han acelerado la división digital, con restricciones en el acceso a chips, telecomunicaciones y software, lo que impacta desde la disponibilidad de dispositivos electrónicos hasta la seguridad en redes de datos. En lo político y social, el auge del nacionalismo y el proteccionismo ha intensificado conflictos internos en varias naciones, con un incremento del populismo tanto de izquierda como de derecha.

Un nuevo orden o desorden mundial, como algunos lo han llamado, presenta retos pero también ventajas. Por ejemplo, una mayor distribución de la responsabilidad y el incremento de la cooperación regional debería ser más eficaz que en el esquema donde solo un país es responsable del mundo. Además, este sistema podría permitir una mayor representatividad en la gobernanza global, dando voz a economías emergentes y promoviendo reglas comerciales más equitativas. Nada es para siempre y el orden mundial, no es la excepción.

Laura Rojas

@Laura_Rojas_