La presidenta Claudia Sheinbaum afirmó que “no hay nada ilegal” en los drones de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), reportados por la CNN y The New York Times, como parte de las acciones del gobierno de Donald Trump para espiar a los cárteles mexicanos, identificados como grupos terroristas por el Congreso estadounidense. Esto, a pesar de que la noticia, difundida el martes de la semana pasada, generó de inmediato una serie de cuestionamientos y críticas sobre el respeto a la soberanía nacional.
El programa de espionaje, según la revelación de CNN y NYT, inició en el gobierno de Joe Biden y se han realizado al menos 18 vuelos de este tipo durante las dos primeras semanas de la presidencia de Trump. Los MQ-9 Reapers vuelan a más de 15 mil metros de altura sin ser detectados, y han sido utilizados para ubicar laboratorios de fentanilo.
Si bien el combate a los cárteles es un objetivo legítimo, el despliegue de los drones de la CIA se ha realizado sin la transparencia necesaria, ya que era un asunto desconocido para el Congreso mexicano; al menos eso reveló la declaración de Ricardo Monreal, coordinador del grupo de Morena en la Cámara de Diputados, quien dijo que los legisladores van a solicitar información a la Marina, a la Fuerza Aérea y a la Defensa Nacional de “por qué se permitió la violación en el suelo mexicano de drones o de aviones no tripulados”.
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La presidenta Sheinbaum aseguró que los vuelos de drones estadounidenses operan “bajo petición del gobierno de México” y ante la polémica generada, anunció el jueves que había enviado al Congreso un proyecto para reformar dos artículos de la Constitución con el objetivo de reforzar la soberanía nacional, después de que el gobierno estadounidense incluyó en la lista de organizaciones terroristas a seis cárteles mexicanos: el de Sinaloa, Jalisco Nueva Generación, el del Noreste, la Familia Michoacana, Cárteles Unidos y el del Golfo.
“Lo que queremos dejar claro frente a esta designación es que nosotros no negociamos la soberanía, esta no puede ser una oportunidad por parte de Estados Unidos para invadir nuestra soberanía (…); ellos pueden ponerles el nombre que decidan, pero con México es colaboración y coordinación, nunca subordinación, no injerencismo y menos invasión”, afirmó la presidenta.
Sin embargo, la revelación de los drones y la designación de los cárteles como grupos terroristas, son acciones que también llaman la atención sobre el papel que desempeñará la CIA en el combate al narcotráfico. El nombramiento de Ronald Johnson como embajador de Estados Unidos en México corresponde a un diseño, donde “el currículum es el mensaje”, como señaló el ex canciller Jorge Castañeda (Nexos, 12 de diciembre de 2024).
Johnson, exembajador estadounidense en El Salvador, exintegrante de la CIA y ex boina verde, retirado del ejército de los Estados Unidos, es considerado como un “halcón”, un político de mano dura que probablemente presionará a las autoridades mexicanas para hacer más eficiente la contención de migrantes y aceptar operaciones en México contra los cárteles.
Durante décadas, la CIA ha operado en el país con una influencia que va más allá de la cooperación en seguridad, entrando en terrenos de espionaje, injerencia política y operaciones encubiertas.
En 1983, Manuel Buendía publicó el libro La CIA en México, resultado de años de investigación periodística. En esa obra, detalló cómo la CIA utilizaba a México como base estratégica para sus operaciones en América Latina durante la Guerra Fría. Buendía reveló la identidad de agentes encubiertos y describió las tácticas empleadas por la agencia para influir en la política y economía mexicanas.
Ahora, con la designación de Johnson como embajador existe el peligro de que reaparezcan esas prácticas de la CIA. No hay que olvidar que al anunciar su nombramiento, el presidente Trump afirmó: “Juntos vamos a poner fin a los crímenes de los migrantes, detener los flujos ilegales de fentanilo y otras drogas peligrosas a nuestro país, y hacer a Estados Unidos seguro otra vez”.