Hace unos días, a la presidenta Claudia Sheinbaum se le pidió nuevamente su opinión sobre el Premio Nobel de la Paz que se le otorgó a María Corina Machado. En esta ocasión explicó por qué no tiene comentarios sobre el tema. Dijo que, “en la elección de mujeres hay otras consideraciones, además de las de género”.
La jefa del Ejecutivo agregó que no ha dado una respuesta concreta porque su gobierno se apega estrictamente a los dispuesto por la Constitución en materia de política exterior. Dio, además, un par de ejemplos sobre las elecciones presidenciales de 1988 y 2012, en las que ella no votó por Rosario Ibarra ni por Josefina Vázquez Mota.
En ambos casos, preguntó: “¿debería de haber votado por una mujer” y no por el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, o por el licenciado López Obrador, como ciertamente lo hizo? Por tal motivo reiteró que “no todo es género […] pero hay otras consideraciones, también”.
Te podría interesar
En sentido estricto, la presidenta tiene razón. Al momento de tomar cualquier decisión política, el género es una variable muy importante, pero no la única. Si bien la justicia y el apego estricto a los criterios democráticos de paridad de género son fundamentales, en la lucha por el poder también deben ser valoradas otras opciones, porque aplicar siempre el criterio de género puede ser, en ciertos casos o circunstancias, una medida desigual o inequitativa.
Por si no lo leíste: Sheinbaum evita pronunciarse sobre el Nobel de la Paz a María Corina Machado.
No se trata de ninguna obviedad. Es un asunto relacionado con el dominio, control y sometimiento que se busca en el ejercicio del poder. En contraste, para bien y para mal, es evidente además que el pragmatismo político a veces se coloca por encima de las razones de justicia que deberían prevalecer en una democracia.
Desde esta perspectiva, los cálculos racionales del poder excluyen el enfoque de género en muchas de sus decisiones, favoreciendo así la lógica donde lo posible se impone a lo deseable, y donde la perspectiva de género sólo se vuelve “esencial” cuando coincide con motivaciones de estabilidad, legitimidad o supervivencia política.
Por lo anterior, es posible asegurar que el argumento de la doctora Sheinbaum es realista, pero también es preciso reconocer que genera confusión, enojo o desconcierto en algunos sectores de la sociedad. Por un lado, porque parece contradecir la sororidad y se interpreta en forma contradictoria con su postura política en otras situaciones. Por el otro, porque parece que privilegia el control de su movimiento sobre la justicia.
Te puede interesar: "Datos y cifras: Liderazgo y participación política de las mujeres". ONU Mujeres, 15/09/2025.
Sobre esta base se tiene que revisar también la argumentación que dio en torno a la llamada Ley Esposa. En principio, afirmó que pone a debate el tema, porque la oposición ha planteado puntos interesantes para modificar algunos aspectos de la medida. Asimismo, invitó a los Congresos locales a que analicen la iniciativa a fondo con el propósito de garantizar el equilibrio.
Si interpretamos sus palabras en forma correcta, el pragmatismo la llevó en este tema a una gestión del conflicto que tiene con algunos dirigentes de la oposición para minimizar algunos costos. La base sobre la que está construido el planteamiento tiene que ver con los cálculos de corto plazo, de manera particular con las elecciones de 2027.
Lo que no se puede dejar de considerar en uno u otro caso, es que sus decisiones reflejan la correlación asimétrica y desproporcionada de las fuerzas políticas existentes. Y que el poder que ha acumulado afecta a los grupos debilitando su capacidad de presión, organización o acceso a los centros de decisión que han concentrado Morena y sus aliados durante los últimos siete años.
En suma —y estemos de acuerdo o no con el ideario y convicciones de la presidenta— de lo que no hay duda es que el uso que da al tema de género está siendo eminentemente pragmático; que por eso envía varios mensajes contradictorios a la población; y que está actuando como un personaje que pretende mantener el poder de su movimiento a pesar de las críticas que reciba por sus decisiones.
En contraste, tampoco hay duda de que, si hoy estuviéramos gobernados por un hombre, el análisis sobre su estilo de gobernar y las decisiones que generan controversia no serían tan rudos ni puntillosos. Visto así, ¿por qué la presidenta tendría que mostrarse como un personaje de poder que trata de quedar bien con todos los grupos y sectores de la sociedad?
La experiencia comunicacional que está viviendo es única y sin precedente en la historia moderna de México. Ella está asumiendo y utilizando los beneficios y ventajas que obtuvo en las elecciones presidenciales de 2024. El respaldo ciudadano que la llevó al poder le da ese margen de maniobra para gobernar con verdadero realismo político, asumiendo los costos y consecuencias de todas y cada una de las decisiones que está tomando.
Y no se le juzgará sólo por su género, sino por los resultados que dé en función de lo que prometió y comprometió.
Recomendación editorial: Rafael Aguilera Portales. Pragmatismo político. La democracia sin fundamentos en Richard Rorty (Análisis y revisión de su teoría política). México: Editorial Fontamara, 2011.
