NAVIDAD

Fechas críticas artificiales: tiempo libre precario y alienado

Las fechas críticas, como la Navidad, funcionan como marcadores simbólicos de inicio y cierre de ciclos laborales y como dispositivos de intensificación del consumo, disfrazados de tradición universal y de convivencia afectiva. | Ajpub Balan Tiney Chirix*

Escrito en OPINIÓN el

Sólo terminó la celebración del día de muertos en la Ciudad de México y, automáticamente, al día siguiente los adornos en los supermercados, centros y zonas comerciales se transformaron en un popurrí de luces neón intermitentes, pinos artificiales e imágenes de un señor de barba blanca vestido de rojo. Pero esta saturación visual es sólo la punta del iceberg que anuncia, como cada fecha crítica, como la Navidad, el control de nuestro tiempo supuestamente libre. El sistema capitalista siempre está hambriento del tiempo de vida de las sociedades, por lo que ha impuesto un calendario con fechas para marcar el inicio y el fin del ciclo del trabajo en el año y a la vez la perpetuación cíclica de consumismo. En realidad, el capitalismo es un sistema de permanente consumo de nuestro tiempo de vida.

Las fechas críticas son indispensables para la construcción de orientaciones y horizontes temporales de las sociedades, especialmente para la consolidación y ubicación de su existencia, ya que un evento o acontecimiento marca el inicio de un ciclo de vida personal y comunal; y cada conmemoración ayuda a recordar y marcar el nuevo ciclo natural de la vida. Pero el capitalismo ha recreado y readaptado fechas críticas artificiales para ordenar únicamente ciclos económicos que se relacionan al trabajo y al consumo. Si bien, se habla que el capitalismo se basa en un tiempo lineal y progresivo, también hace uso del tiempo cíclico para imponer una ética laboral que se basa en la priorización del trabajo y el rechazo al ocio. Por lo tanto, no es normal que la celebración de la Navidad sea generalizada y homogenizada a nivel global.

Desde los orígenes del capitalismo, el tiempo del reloj y las rutinas monásticas se adaptaron para disciplinar el trabajo, proceso que se profundizó con la industrialización, cuando las fábricas impusieron un orden temporal uniforme que reorganizó el calendario anual según la productividad (Postone, 2006). Esta transformación también modificó la semana: de un calendario lleno de festividades religiosas se pasó a uno centrado en el trabajo, especialmente tras la reforma protestante, hasta consolidar el lunes como inicio de la jornada laboral y el domingo como único día de descanso (Damián, 2014; Thompson, 1995), estructura que aún organiza nuestra vida cotidiana.

Regresando a la Navidad como fecha crítica artificial, nuevamente es norma temporal desde una imposición y adaptación de una celebración religiosa occidental a las sociedades latinoamericanas. Celebrar la Navidad también marca el inicio y fin de un ciclo de trabajo, porque la mayoría de las y los trabajadores tienen vacaciones en el mes en que se celebra: diciembre. Pero también marca el ciclo del consumismo, de tal manera es fin de nuestros ahorros y el inicio de consumo excesivo bajo el supuesto de compartir el amor bajo el reencuentro familiar. 

Por eso, no es de extrañar que la ansiada espera de la Navidad sea la misma sensación de la ansiada espera de los domingos. Porque en realidad lo que estamos añorando no es la celebración en sí, sino el tiempo libre para el descanso del ciclo del trabajo. Se debe tomar en cuenta que por las desigualdades socioeconómicas no todas las personas tienen el privilegio de descansar los domingos, tampoco en las festividades como la Navidad. Y quienes tenemos el privilegio de “descansar”, la industria del entretenimiento y del tiempo libre tienen preparadas las actividades de consumo, porque el sistema capitalista nunca va a perder, aunque estemos descansando.

Para darnos una idea respecto a las desigualdades socioeconómicas que expresan las limitaciones temporales que tiene la población ocupada recobro unos datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del cuarto trimestre del 2024, en México. Del total de población, en dicho trimestre, se registró que 45% de la población se encuentra ocupada, aproximadamente 60 millones de personas. De estas el 70% tiene un empleo remunerado: el 41% son hombres y el otro 29% mujeres. Sin embargo, cuando se especifica quienes trabajan 7 días a la semana y más de 48 horas por día los datos nos arrojan que es un 7% del total de las personas asalariadas, que en números absolutos son aproximadamente 4 millones de personas. Y, de ellas el 53% es de estratos medio bajos y 21% de estratos bajos, sumando aproximadamente 3 millones de mexicanos y mexicanas (INEGI, 2026). 

En suma, la organización temporal que hoy rige nuestras vidas no es resultado natural ni inocente, sino una forma histórica de control social profundamente vinculada al desarrollo del capitalismo. Las fechas críticas, como la Navidad, funcionan simultáneamente como marcadores simbólicos de inicio y cierre de ciclos laborales y como dispositivos de intensificación del consumo, disfrazados de tradición universal y de convivencia afectiva. Mientras una parte de la población espera estos momentos como breves respiros frente a la carga cotidiana del trabajo, millones de personas ni siquiera acceden al derecho básico del descanso y el ocio debido a las desigualdades estructurales que configuran sus tiempos de vida. 

Por lo tanto, se debe priorizar no solamente la espera y cuantificación del tiempo libre, y en consumirlo, sino su cualificación. En el sentido subjetivo como la satisfacción del ocio: el descanso, el esparcimiento, en sentir, en sanar. Pero también en su sentido político del rechazo al trabajo explotador, que el tiempo libre se vuelva un tiempo de reflexión, de organización, de compartir experiencias, de informarnos para exigir mejoras laborales. Debemos crear y construir un sistema, un país, un mundo donde no debemos esperar unos cuantos días para vivir y existir. 

Referencias:

Damián, A. (2014). El tiempo, la dimensión olvidada en los estudios de pobreza y bienestar (1st ed.). El Colegio de México, A. C.

INEGI. (2026). Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), cuarto trimestre de 2024.

Postone, M. (2006). Tiempo, trabajo y dominación social. Una reinterpretación de la teoría crítica de Marx. In Ediciones Jurídicas y Sociales. Marcial Pons, Ediciones Jurídicas y Sociales, S.A.

Thompson. (1995). Tiempo, disciplina de trabajo y capitalismo. In Costumbres en común (2nd ed., pp. 395–452). CRÍTICA.

*Ajpub Balan Tiney Chirix, maya guatemalteco

Candidato a Doctor en Estudios del Desarrollo. Problemas y Perspectivas Latinoamericanas del Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora. Maestro en Demografía por el Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales (CEDUA) de El Colegio de México. Y, licenciado en Economía por la Universidad de San Carlos de Guatemala. Actualmente realizo una investigación sobre las cronopolíticas finqueras y autonomías temporales de pueblos indígenas y campesinos en Guatemala.

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