LENGUAJE INCLUSIVO

Si el masculino es inclusivo, ¿el femenino, también, o no?

En ciertos grupos hegemónicos se afirma que, en términos del lenguaje, el masculino es inclusivo; propongo como alternativa que en lugar de él optemos por el genérico femenino para incluir a hombres y mujeres. | Fausta Gantús

Escrito en OPINIÓN el

Las y los defensoras/es del lenguaje tradicional sostienen que el genérico masculino, o “no marcado” –¡lo que quiera que eso signifique!–, es inclusivo. Ante las variantes de lengua incluyente que han sido propuestas, por ejemplo, el uso de la “x” y la “@”, argumentan los (uso el masculino porque es el que ellos defienden) representantes de la Real Academia del Español (quienes se auto asumen como los guardianes del idioma para todas las personas hablantes del mismo en cualquier parte del mundo y no sólo para el caso de España), “que no se avanza [hacia la igualdad] modificando arbitrariamente opciones morfológicas, sintácticas y léxicas”. Del uso del lenguaje desdoblado señala la RAE que es “artificioso e innecesario”. En cambio, afirma que “el masculino gramatical […] puede usarse también para designar […] a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexo”. En su afán de defensa del masculino genérico insisten: “Así, se dirá los alumnos para referirse a un grupo formado por varones y mujeres, aunque el número de las alumnas sea superior al de alumnos varones”.

Entonces, pregunto yo: ¿también se puede usar el femenino genérico para los mismos fines? O, ¿por qué el masculino es no marcado y el femenino sí lo es? ¿En dónde y quién decide eso? La RAE, claro. Y, ¿no hay forma de que ese criterio se modifique, cambie, se transforme o simplemente se anule? Sí, pero ellos no quieren.

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En lo que refiere al indefinido o neutro que supone el uso de la “e”, si se recurre a él de manera exclusiva resulta problemático también, porque se corre el riesgo de terminar invisibilizando de nuevo a las mujeres y dando solo reconocimiento a las personas no binarias. Esto es, el genéricoe” tiene esa doble connotación, por un lado es un neutro inclusivo, pero también puede ser utilizado para designar a las personas que no se reconocen como parte de un género o que no tienen género: las no binarias. 

En este renglón no podemos desconocer el debate sostenido entre ciertos grupos feministas con grupos transgénero, al que se suman grupos no binarios. Esas feministas están en contra del uso de la “e” porque, sostienen, representa únicamente a las personas trans. Difiero. Considero que la “e” no debería asociarse con las personas transgénero porque ellas se identifican con el masculino o con el femenino, según sea su caso, dado que lo que hicieron fue transmutar de un género a otro (hombres que se sienten o identifican como mujeres y a la inversa). Lo mismo aplica para las personas transexuales, cambiaron de sexo y de género, pero se reconocen en uno u otro. Algo similar es lo que sucede con las personas de género fluido, su género no es inamovible, cambia, pero cada vez que cambia se corresponde con el masculino o el femenino

La “e” connota, en cambio, esa ambigüedad que supone no identificarse con ninguno de los dos cuando refiere a las personas no binarias y es un inclusivo cuando se utiliza para englobar a todas las personas sin importar con qué género se identifiquen o si carecen de género. La “e”, entonces, puede usarse a lo largo de todo un escrito, pero lo mejor es que se utilice de manera alternada con otras formas de lenguaje incluyente, para aprovechar la riqueza del lenguaje. Cuando nos dirigimos a una audiencia “todes” es válido, pero, si podemos decirlo, es mejor: todas, todos y todes.  

Yo uso y defiendo el uso del lenguaje inclusivo o incluyente, pero en donde me quiero situar en esta ocasión, sin embargo, es en el tema del genérico masculino que sostiene y defiende la RAE y una buena cantidad de personas. Como ya he señalado, desde ciertos grupos hegemónicos se afirma que, en términos del lenguaje, el masculino es inclusivo. Propongo como alternativa que en lugar de él optemos por el genérico femenino para incluir a hombres y mujeres y no al revés. El lenguaje es una construcción cultural que, además del comunicativo, tiene un uso político y de él hace uso la política. 

Si uno de los géneros puede incluir al otro, como un acto político de afirmación usemos el género femenino como el inclusivo y que todas las personas que se identifiquen con el masculino se sientan comprendidas en el femenino. Es todo lo que quería expresar por hoy a las lectoras de este artículo (siéntanse incluidos los lectores, obvio).

* Fausta Gantús

Profesora e investigadora del Instituto Mora e integrante del SNII. Especialista en historia política, electoral, de la prensa y de las imágenes. Entre sus publicaciones más recientes se cuentan los libros ”Introducción a la política del siglo XIX mexicano” (2025), “Historia política de una ciudad. Campeche, siglos XIX-XX” (2024) y “Caricatura e historia. Reflexión teórica y propuesta metodológica” (2023); así como la co-coordinación de “Un siglo de tensiones: gobiernos generales y fuerzas regionales. Dinámicas políticas en el México del siglo XIX” (2024) y “Emociones en clave política: el resentimiento en la historia. Argentina y México, siglos XVIII-XX”.

Fausta Gantús

@fgantus