AMLO Y SUS CORTINAS DE HUMO

Cortinas de humo

El presidente pretende ser uno de los pescadores que saque provecho de las turbulencias y por eso cada día le pone más componentes a la tormenta mediática y al caos. | Ivonne Ortega

Escrito en OPINIÓN el

Como si fuera un gobernante más del viejo priismo, el presidente López Obrador tomó el Día de la Constitución como fecha simbólica para el relanzamiento de su sexenio… a meses de concluir y en medio de la polémica acerca de la validez al polemizar en pleno proceso electoral.

Durante la primera mitad de su mandato, cuando tenía mucho más presencia y fuerza en el Poder Legislativo, el Ejecutivo Federal no habló para nada de las reformas que acaba de proponer, y algunas como la referente a las drogas fueron apareciendo tímidamente conforme avanzó su gobierno.

Es evidente que al titular del Poder Ejecutivo lo mueve una razón electoral –o, si queremos usar sus palabras, de plano electorera–. 

Sabe que no tiene los votos suficientes e incluso sabe que algunas de las reformas propuestas no requieren necesariamente una modificación constitucional. Sin embargo, de todas formas lo plantea para poner la discusión sobre la mesa, un pretexto para mover al enfrentamiento, el mero mole de su política.

Llama la atención que lo haga precisamente cuando su sexenio llega al ocaso y cuando el ánimo de la campaña presidencial de su movimiento ha decaído por los pleitos internos entre morenistas en varias regiones del país. 

Pareciera un salvavidas mediático, un distractor para desviar la atención sobre los pleitos encarnizados entre las huestes morenistas, azuzadas por la esperanza de obtener un cargo público y sus beneficios.

Pero no malpensemos. No se trata de un vulgar pleito de ambiciosos, no: es el natural devenir de las democracias… al menos eso dice la dirigencia guinda a quien quiera creerle.

Volviendo a las propuestas presidenciales: es claro que su destino es el pleito legislativo y al tener carácter constitucional, el cuerpo de reformas no tiene mayor futuro que un debate ríspido, ruidoso, que dará más temas para muchas mañaneras, tal como quiere el autor de las propuestas.

Y así se traslada el debate electoral al terreno que le gusta al presidente. El se siente cómodo, a sus anchas, en medio de la polémica, en el enfrentamiento verbal-mediático. En muchas formas mientras más suba de volumen la discusión, más sale ganando porque atrae la atención o como se dice deportivamente, jala marca.

Vivimos una realidad mediática electoral impensada hasta hace algunos años, y con la llegada de las redes sociales el silencio electoral es un concepto relativo. Cada individuo tiene acceso al mundo en su aparato telefónico portátil y cada celular es un instrumento de propaganda.

En esa nueva realidad naufragan gran parte de las leyes, la mayoría pensadas según los medios tradicionales de comunicación. Y múltiples realidades se agolpan y chocan mientras las fuerzas políticas discuten y polemizan mientras la ciudadanía solo mira de lejos. A río revuelto, ganancia de pescadores.

El presidente pretende ser uno de los pescadores que saque provecho de las turbulencias y por eso cada día le pone más componentes a la tormenta mediática y al caos. Pocas personas en la política mexicana ven esta realidad y entienden que lo más conveniente es dejar al gobierno fuera de lugar y centrar el debate político en lo que realmente interesa, que son los grandes problemas nacionales.

En efecto, mientras los viejos partidos se enfrascan en discusiones cada vez más bizarras, las personas siguen teniendo los mismos problemas, con frecuencia mayores, desafortunadamente.

Corresponde a las fuerzas políticas no engancharse de los anzuelos mediáticos del gobierno federal y dejar que la elección presidencial se desarrolle en el ámbito de los partidos y sus candidatos. Lo demás, es ruido que solo confunde y nada aporta.

Ivonne Ortega

@IvonneOP