Hubo una época, a finales del siglo pasado, en la que todavía enviábamos postales físicas cuando viajábamos al extranjero, llamábamos a nuestra familia en casetas telefónicas marcando con un disco, veíamos películas en casetes que se denominaban VHS; éramos felices recibiendo un fax y nos asombraba el correo electrónico. Las noticias las veíamos por televisión y esperábamos hasta el día siguiente para leer a detalle la historia de los hechos. Y en ese contexto había algo que llamábamos “revistas” había semanales y mensuales. Era otro mundo. Y en ese planeta había una revista muy especial en México, se llamaba Viceversa y la dirigía Fernando Fernández.
Les cuento que hace unos días, se presentó en la Ciudad de México, un libro que contiene cerca de 100 imágenes que narran la vida y obra de quienes transitaron por sus páginas. El libro prologado por Fernanda Solórzano incluye retratos de María Rojo, Vicente Leñero, Julio Scherer, Octavio Paz, Jose Luis Cuevas, Paquita la del Barrio, Jesusa Rodríguez, Gabriel Figueroa, Héctor García y Juan Rulfo entre decenas y decenas de otros creadores, periodistas, escritores, actrices, poetas o artistas de distintos géneros. La edición es una belleza.
La revista Viceversa nació en 1991 y circuló durante una década exacta, su última edición se publicó en 2001, a las puertas del nuevo milenio. Por sus portadas desfilaron personajes como Scherer, Borges, Toledo, María Sabina y Manu Chao entre muchos otros. Viceversa fue la última revista cultural del siglo XX.
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El reencuentro con este archivo fotográfico –recordemos que todos los que publicamos alguna vez en esa revista, entregábamos copias impresas en plata sobre gelatina como se trabajaba en los noventa– así que el archivo completo estaba guardado en cinco cajas negras, que milagrosamente conservó una antigua amistad de Fernando Fernández, y fue justo en el 2020 en plena pandemia que ella se comunicó con Fernando para preguntarle si quería de regreso ese archivo que tenían embodegado por ahí, en plena pandemia de covid.
Y fue así, como cientos de imágenes regresaron a la casa de su director y editor fundador. Así lo narra Fernández en el libro : “Lo sorprendente fue reencontrarme con el archivo fotográfico de la revista: cinco cajas negras de considerables proporciones, organizadas en orden alfabético por nombre de autor, tal como lo habíamos visto crecer a lo largo de los años, desde la fundación de Viceversa, en noviembre de 1992 (e incluso desde los tiempos anteriores a su salida, cuando la revista se llamaba Milenio) —cinco cajas negras selladas con cinta adhesiva que nadie había abierto en los últimos cuatro lustros y que unos empleados de mi antigua socia, quienes dejaron el resto de las cajas en el estacionamiento, junto a mi coche, acababan de depositar a la entrada de mi departamento”. Además de la presentación de este libro, una selección de estas imágenes se exponen en la Galería Santos Balmori de la Casa Universitaria del Libro de la UNAM. Ahí están las obras originales montadas en distintos formatos bajo la autoría de los siguientes colegas: Fernando Aceves, Lorena Aleras , Mauricio Alejo, Manuel Álvarez Bravo, Thierry Belliard, Lorena Campbell, Ulises Castellanos, Carlos Cazalis, Rogelio Cuéllar, Maya Goded, Lourdes Grobet, Graciela Iturbide, Guillermo Kahlo, Ernesto Lehn, Nicola Lorusso, Francisco Mata Rosas, Eniac Martínez, Juan Miranda, Gerardo Montiel Klint, Ana Lorena Ochoa, Marco Antonio Pacheco, Adolfo Pérez Butrón, Gabriela Saavedra, Armando Salas Portugal, Aarón Sánchez, Gerardo Suter, Laureana Toledo, Alberto Tovalín, Pedro Valtierra y César Vera entre muchos otros.
Recordar es un ritual y los rituales importan. De ahí la importancia de esta obra impresa, como en los viejos tiempos, un papel de primera y una edición profesional. El libro sólo está a la venta en librerías Gandhi, pero la exposición es gratuita y pueden visitarla en la colonia Roma en ese bello edificio de la UNAM. Fernando me contó también, que todas las fotografías impresas serán donadas a la Universidad Nacional Autónoma de México.
Recordar es un ejercicio que nos conecta con momentos especiales de nuestras vidas. Y en este sentido, las fotografías analógicas impresas en plata y editadas en este libro, juegan un papel fundamental. Estos tesoros visuales no solo capturan imágenes, sino que también encapsulan emociones y recuerdos que perduran en el tiempo.
Imaginen la labor de escritores, fotógrafos y poetas trabajando juntos para crear este libro y una exposición fotográfica que celebra esta forma de arte. Cada imagen es una ventana a otra época, un susurro del pasado que nos invita a reflexionar sobre lo vivido. La calidad única de las impresiones en plata resalta los detalles y matices, haciendo que cada fotografía cuente su propia historia. La mayoría de los que colaboramos con Viceversa en los noventa rondábamos los 25 años de edad, y muchos arrancamos nuestra carrera profesional en sus páginas, al final de aquella increíble década de fin de siglo.
Así que la próxima vez que se detengan a mirar una foto antigua, recuerden que están participando en un ritual hermoso donde los recuerdos se convierten en arte. ¡Celebremos juntos la fuerza de la memoria!
