Desde que Andrés Manuel López Obrador asumió la Presidencia de México, la deuda pública del país se ha incrementado en 9 billones 46 mil 300 millones de pesos, según información de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).
Al finalizar junio de 2026, el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (SHRFSP), la medida más amplia y precisa de la deuda pública de México, sumó 19 billones 596 mil 700 millones de pesos, mientras en diciembre de 2018 contabilizaban 10 billones 550 mil 400 millones de pesos.
Sin embargo, según las cifras del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, para el cierre de 2026, los mexicanos ya deberán 20 billones 466 mil 600 millones de pesos.
El acelerado crecimiento de los pasivos públicos ha generado preocupación entre expertos financieros y es una pregunta recurrente en las conferencias del secretario de Hacienda, Edgar Amador Zamora.
“La deuda pública es alta y creciente. México se acerca peligrosamente al umbral del 60% en la relación deuda/PIB”, destacó recientemente el exsecretario de Hacienda, Pedro Aspe Armella, quien ocupó esa cartera del 1 de diciembre de 1988 al 30 de noviembre de 1994, durante el sexenio del expresidente Carlos Salinas de Gortari.
Alcanzar 60% del PIB de deuda sería una situación que México no ha experimentado en los últimos 50 años.
¿Rumbo al 60%?
El Economista en jefe de BBVA México, Carlos Serrano, asevera que en el horizonte actual de la deuda hay un efecto de un escenario inercial que se encamina hacia 60% con relación al PIB.
“La deuda pública alcanzaría 60% del PIB para 2030 y el país podría perder el grado de inversión si no se hacen ajustes fiscales significativos”, expone Serrano.
Gabriela Siller, directora de la División Económica de Banco Base, coincide en que antes que termine el sexenio de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, México alcanzaría una deuda pública de 60% del PIB, lo cual puede llevar a que México pierda el grado de inversión.
“Ya es una razón peligrosa con la que las agencias calificadoras a lo mejor podrían decidir recortar nuevamente la calificación crediticia y entonces ahí en México perdería el grado de inversión”, enfatiza.
BBVA Research prevé que el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público para el cierre de 2026 se ubicaría en 54.9% del PIB, frente a 53.2% en 2025.
Para Julio Ruiz, economista en jefe de CITI, el nivel de deuda como porcentaje del PIB, “es algo que hay que empezar a echarle un poco más de ojo”, ya que cada vez que se ve la reduccion del déficit que tiene proyectado la Secretaría de Hacienda, pero no lo cumple y se va retrasando la consolación fiscal, se observa cada vez mayores niveles de deuda como porcentaje del PIB.
“Eso también te puede generar que en el mediano plazo pudieras perder el grado de inversión. Estas calificadoras nos dan un grado de inversión o no y ahorita estamos en una zona limítrofe, sobre todo de dos calificadoras. No creo que ese sea un escenario base todavía, pero sí los riesgos están incrementándose para ir hacia un escenario posible de perderlo”, agrega Julio Ruiz de CITI.
La presidenta del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF), Gabriela Gutiérrez, asevera que, si México sigue con el nivel de deuda que tiene en la actualidad, en un nivel plano, puede suceder que conlleve a la degradación de la calificación crediticia, lo cual origina más problemas.
“Porque al degradar la calificación del país, degrada la calificación también de los habitantes del país. Entonces, es más difícil acceder a crédito, es más difícil tener una visión de largo plazo”, destaca Gutiérrez.
Rodolfo Ostolaza, subdirector de Estudios Económicos de Banamex, explica que México se ha venido endeudando, con niveles por encima de 50% del PIB, una situación que ha llamado la atención de las calificadoras de riesgo, porque observan que se limita la capacidad de pago que podría tener el bono soberano.
Puntualiza que actualmente dos de las tres calificadoras nos tienen en un peldaño arriba del grado de inversión, mientras la otra tiene a México dos peldaños arriba.
Sin embargo, dice, existe el riesgo latente de que en el mediano plazo, entre 2027, 2028, 2029, incluso en 2030, el país sí tenga una rebaja que lo que haría es incrementar el costo del soberano cuando más lo requieren las finanzas públicas, porque “están muy estresadas” y la consolidación fiscal real que no se ha logrado se ha conseguido a base de sub-ejercicio, pero sigue aumentando la deuda.
Banamex proyecta que los Requerimientos Financieros del sector público cierren 2026 en 54.9% del PIB.
Recientemente, Moody´s bajó la calificación crediticia de México a Baa3 argumentado dificultades del país para estabilizar la deuda.
Por su parte, Standard & Poor´s cambió la perspectiva de estable a negativa por el mayor riesgo de un avance lento en la consolidación fiscal ante el menor crecimiento económico esperado, lo cual resultaría en un aumento de los niveles de deuda gubernamental y servicios de la misma.
“Las calificadoras de deuda son como el Buró de Crédito. Lo que miden es tu capacidad de pago hacia adelante. Lo que ha sucedido con las finanzas públicas mexicanas y se encuentran estresadas es que el ingreso no ha alcanzado a cubrir el gasto y eso significa que te tienes que endeudar”, agrega Ostolaza.
El subdirector de Banamex plantea que la SHCP ha conseguido mantener abajo el gasto con subejercicios, pero al final del año se puede recuperar y el déficit fiscal podrá ser ligeramente por encima de lo que se menciona en los pronósticos de la Secretaría de Hacienda, en los Precritorios de Política Económica.
Al cierre del primer semestre del año, México reportó un subejercicio de 499 mil millones de pesos, según información de la SHCP.
Con información de la SHCP, BBVA México destacó que el espacio fiscal del gobierno se redujo en los últimos 11 años, por los gastos inevitables: pasó de 47% en 2014 a 34% entre enero y abril de 2026.
Las participaciones y aportaciones pasaron de representar 31% de los ingresos presupuestarios en 2014 a 34% entre enero y abril de 2026; las pensiones subieron en el periodo citado de 13% a 19%; mientras el costo financiero escaló de 9% en 2014 a 13% en el primer cuatrimestre de 2026.
Ostolaza de Banamex reconoce que “es probable” que el país vaya camino hacia una deuda que represente 60% del PIB, pero se debe considerar que la parte que controla la SHCP es bastante limitada.
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“Muchos de los gastos ya están determinados. Pienso, por ejemplo, en Pemex, mientras siga siendo parte, aunque no reconocida legalmente, pero con todo el respaldo del gobierno, va a seguir siendo una carga fiscal por todos los problemas que ya conocemos, pero también está el tema de las pensiones, eminentemente demográfico, porque cada vez nos estamos haciendo una población más vieja, se está acabando el bono demográfico y esto presiona las finanzas públicas”, añade.
Agrega que el mismo costo de la deuda que México ya contrajo se vuelve importante el costo financiero y son cosas que la Secretaría de Hacienda no puede modificar de tajo.
“Entonces, esas tres variables hacen que su verdadero margen de acción sea muy limitado”, puntualiza.
Gasto corriente y programas sociales
Luis Gonzali, vicepresidente y codirector de inversiones de Franklin Templeton, expone que un problema actual en México es que mucha deuda se va a gasto corriente y programas sociales.
“Si la deuda la pones a trabajar en cosas productivas, en inversión, logras que ese dinero que que estás pidiendo prestado genere rendimientos por encima a los intereses que estás pagando, pues que mejor… el problema es que mucha de esa deuda actualmente se va en gasto corriente o en programas sociales”, plantea.
Agrega que la deuda en la actualidad que podría ser una herramienta de crecimiento, está siendo usada para el gasto corriente, para dar becas, para dar este tipo de apoyos.
De acuerdo con cifras oficiales, en 2018, México destinaba 0.5% del PIB al gasto en programas sociales, mientras para 2025 ya alcanza 3% del PIB.
En la revista Nexos, en su diagnóstico macroeconómico de la economía mexicana, el exsecretario de Hacienda, Pedro Aspe, destacó que México tiene un déficit presupuestal estructuralmente alto, por un aumento desmedido del gasto corriente que desplazó a la inversión productiva.
Agregó que el aumento improductivo del gasto corriente pasó de contabilizar 12.6 millones de beneficiarios de programas de apoyos en efectivo en 2010 a 29.4 millones en 2025.
“Tan sólo en el primer año de la administración de Sheinbaum se añadieron 3 millones de beneficiarios nuevos. Un gasto puramente corriente sin retornos productivos para la economía”, destacó el exfuncionario federal.
Gonzali de Templeton recuerda que en 2024, el país tuvo déficit fuerte porque tuvieron que entregar los proyectos de la administración saliente.
Posteriormente, el gobierno federal planteó en el presupuesto de gasto la reducción del déficit fiscal, pero no han podido bajarlo.
“Después dijeron vamos a consolidar ese déficit, lo vamos vamos a partir a la mitad o lo vamos a disminuir a la mitad y se va a quedar ahí. No sucedió, bajó poquito, pero no mucho y de hecho no hemos llegado a los límites o a las metas que nos han dicho todos los años, al final el déficit termina por arriba. Y son déficits dedicados a cosas no necesariamente productivas”, sostiene.
¿En riesgo la calificación?
El economista en jefe de CITI, Julio Ruiz, plantea que, si México llegara a perder su grado de inversión, eso implicaría tener mayores costos de financiamiento, pudieran limitar el panorama de crecimiento.
“Pero quiero ser enfático, no lo vemos como un escenario base, creo que el escenario base sigue siendo que sigamos con un grado de inversión, pero sí empiezan a incrementarse los riesgos”, enfatiza.
Sin embargo, el economista hace hincapié en que, si se hicieran diferentes estimaciones o proyecciones de la deuda, en los próximos 5 años sí pudiera haber un escenario donde se alcanzara ese 60% del PIB, pero eso depende de si el país sigue teniendo tasas de crecimiento débil, en los siguientes años, cercanas a 0% y cuánto se reduce el déficit fiscal.
“Nosotros hemos hecho estimaciones donde tenemos un crecimiento más cercano al 0% y sí, la deuda claramente se va al 60% en los próximos años. Ahora, al mismo tiempo, hay que ver qué tanto sigue reduciendo el déficit”, explica.
Luis Gonzali, vicepresidente y codirector de inversiones de Franklin Templeton, expone que las calificadoras de riesgo vieron dos cosas en México: falta de crecimiento y déficits elevados.
Ante ello, explica: “yo creo que los primeros 2 años el gobierno le va a apostar al crecimiento, es decir, intentar crecer por lo menos ese 2% o un poquito más arriba, atrás del Plan México, a través de incentivos para la inversión”.
Una situación, dice, se ve difícil, por el ruido del TMEC.
“Ya después, si no lo logran generar crecimiento, entonces yo creo que le van a meter recorte al gasto y van a empezar a bajar los déficits, de cara a una posible baja en la en la calificación crediticia que nos lleve justamente a bonos especulativos”, agrega.
Sin embargo, enfatiza que todavía no está perdida la situación y si bien el camino está difícil, se le pueda dar la vuelta.
La deuda pública es manejable
La semana pasada, durante el Informe de Finanzas Públicas y la Deuda Pública al segundo trimestre del año, a pregunta expresa de la prensa, el secretario de Hacienda y Crédito Público, Edgar Amador Zamora, aseguró que los inversionistas y ciudadanos deben estar convencidos que el nivel de deuda pública está en niveles “adecuados y manejables” y está por debajo de muchas métricas económicas para comparar con países similares y en desarrollo.
“El registro amplio de los pasivos del sector público, los Requerimientos Financieros del Sector Público se ubicaron en 51%, significativamente por debajo de regiones como América Latina y bastante por debajo de países desarrollados. La métrica de la deuda PIB demuestra que México está por debajo de muchas métricas promedio en economías de desarrollo similar”, expuso el funcionario.
Rodolfo Ostoloza, subdirector de Estudios Económicos de Banamex, destacó que tener una deuda de 60% del PIB “suena como demasiado para el caso de México”, pero se debe considerar que otras economías como Japón tienen casi 200% de su PIB o Estados Unidos va rumbo al 120.
“El tema es que no somos del tamaño de esas economías, no tenemos la fortaleza de esas economías y eso te lo cobra el mercado”, explicó Ostolaza.
En la información de la SHCP, al cierre de junio de 2026, el saldo de la deuda externa neta del Gobierno Federal fue de 157 mil 448.6 millones de dólares, mientras al cierre de 2025 eran 149 mil 200 millones de dólares.
En cambio, la deuda interna contabilizó, al final del primer semestre del año, un monto de 15 billones 98 mil 606.5 millones de pesos, mientras al cierre de diciembre de 2025 eran 14 billones 400 mil millones de dólares.
“Al 30 de junio de 2026, la deuda neta del Gobierno Federal se ubicó en 17 billones 849 mil 233.6 millones de pesos. La estructura del portafolio de la deuda mantuvo la mayor parte de sus pasivos denominados en moneda nacional, representando el 84.6% del saldo de la deuda neta del Gobierno Federal”, expuso la SHCP.
Al finalizar junio de 2026, el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (SHRFSP), la medida más amplia y precisa de la deuda pública de México, sumó 19 billones 596 mil 700 millones de pesos.
La subsecretario de Hacienda, María del Carmen Bonilla, en la misma conferencia del Informe de Finanzas Públicas, dijo que en los mecanismos para mitigación de riesgos que tiene la deuda externa, el país tiene un programa de cobertura que ayuda a mitigar la viabilidad que pudiera tener el costo financiero a lo largo del ejercicio fiscal.
“Esto es muy relevante porque permite tener mucha certeza de los montos que se ponen en el presupuesto público y que con una sesión proactiva de la deuda externa e interna, se pueden capitalizar los ahorros”, enfatizó.
La funcionaria informó que el manejo activo de la deuda ha permitido al gobierno generar ahorros por 110 mil millones de pesos, de los cuales al gobierno federal le corresponden 60 mil 200 millones de pesos; a Pemex, 46 mil 300 millones de pesos y la CFE un monto de 4 mil millones de pesos.
Hacienfa informó que en el perfil de amortizaciones de la deuda externa del Gobierno Federal, con base en su saldo contractual al 30 de junio de 2026, se espera que las amortizaciones de julio a diciembre de 2026, asciendan a 2 mil 455.2 millones de dólares, los cuales se encuentran asociados, principalmente, a los vencimientos de créditos contratados con los Organismos Financieros Internacionales (OFIs).
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Es como una familia
La presidenta del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas, Gabriela Gutiérrez, hace una analogía de la deuda con un negocio o una familia.
“Mientras más endeudada este la familia, va a destinar sus ingresos al pago de esa deuda. Los ingresos están acotados porque no hay un crecimiento, se vuelve un círculo vicioso, un bucle, porque estamos navegando sobre el mismo círculo. Entonces, no tenemos un nuevo ingreso y tampoco podemos generar un nuevo ingreso porque tenemos que destinar lo poco que recibimos al pago de la deuda al pago de intereses”, explica Gutiérrez.
La líder del IMEF sostiene que si se realizará una proyección plana de cómo se comportan los pasivos, al final, la deuda es tan grande que ya es difícil pagarla.
