La Secretaría de Marina inició una reconfiguración institucional que modifica su forma de operación y administración. El ajuste busca adaptar la estructura naval a funciones de seguridad, control marítimo y gestión portuaria. La transformación redefinió áreas históricas y creó nuevos órganos de mando. El proceso quedó respaldado por cambios normativos recientes.
El rediseño institucional sustituyó esquemas tradicionales por una organización centrada en coordinación operativa. La Marina reorganizó funciones estratégicas con el objetivo de integrar planeación, adiestramiento y ejecución. Este enfoque unificó decisiones que antes se distribuían en varias instancias. La nueva estructura entró en vigor durante el cierre de 2025.
El cambio ocurrió en un contexto de expansión de tareas para la institución. La Marina amplió su participación en seguridad interior, vigilancia marítima y control portuario. Estas funciones demandaron ajustes en la cadena de mando y en los procesos administrativos. El nuevo modelo respondió a esa acumulación de responsabilidades.
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La reorganización marcó una transición en la forma de conducir las operaciones navales. La institución concentró atribuciones estratégicas en menos órganos. Este movimiento buscó mayor sincronía entre mandos y áreas operativas. La decisión impactó tanto en tareas militares como en funciones civiles.
Nuevo mando para las operaciones navales
La Marina eliminó el Estado Mayor General de la Armada como órgano central de planeación. En su lugar, estableció la Jefatura de Operaciones Navales. Este nuevo mando asumió la conducción estratégica de las fuerzas en mar, aire y tierra. La jefatura reporta de forma directa al Alto Mando.
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El almirante José Manuel Salinas Pérez quedó al frente de la Jefatura de Operaciones Navales. Bajo su coordinación operan tres subjefaturas y once mandos superiores. Esta estructura concentra la planeación, el adiestramiento y la ejecución de operaciones. El diseño busca una línea de mando continua y centralizada.
La nueva jefatura integra capacidades operativas que antes se distribuían en distintas áreas. El esquema prioriza la coordinación entre fuerzas y reduce intermediarios. La Marina definió este órgano como el centro de conducción operativa. Su creación modificó la arquitectura histórica de la institución.
Con este ajuste, las decisiones tácticas y estratégicas se canalizan por una sola instancia. La reorganización pretende facilitar respuestas coordinadas ante escenarios complejos. La Marina mantiene así una conducción operativa unificada. El cambio representa una de las mayores transformaciones internas recientes.
Control marítimo y administración portuaria
La Marina consolidó su papel como autoridad rectora del sistema marítimo nacional. Para ello creó la Subsecretaría de Asuntos Marítimos y Portuarios. Este órgano quedó formalizado en el reglamento interior publicado el 11 de diciembre de 2025. La subsecretaría concentra funciones operativas y normativas.
El almirante Gerardo de Jesús Toledo Guzmán asumió la titularidad de esta área. Su función incluye la coordinación de la política portuaria y la Marina Mercante. La subsecretaría opera con dos unidades especializadas. Cada una atiende tareas diferenciadas dentro del sistema marítimo.
La Unidad de la Autoridad Marítima Nacional se encarga de la operación y supervisión. La Unidad de Puertos y Marina Mercante desarrolla normativas y políticas públicas. Este esquema integra control, regulación y planeación. La Marina unifica así funciones antes repartidas entre distintas dependencias.
La nueva subsecretaría articula seguridad, desarrollo portuario y administración marítima. La estructura establece una sola cadena de mando para estas actividades. El modelo busca coordinación entre operación y regulación. El control portuario adquiere un papel central en la estrategia institucional.
Supervisión interna y marco legal
La Marina reforzó su sistema de control interno como parte de la reorganización. El almirante Carlos Eduardo L’Eglise Escamilla asumió la Inspección y Contraloría General. Este relevo se realizó mediante una ceremonia oficial. La función supervisa legalidad y disciplina administrativa.
El rediseño institucional se apoyó en la nueva Ley Orgánica de la Armada de México. Este marco legal definió atribuciones y facultades actualizadas. La normativa alineó funciones operativas y administrativas. La Marina ajustó su estructura a estas disposiciones.
La ley permitió integrar nuevas áreas bajo un mismo esquema jurídico. La institución amplió su campo de acción en costas y puertos. El marco legal respalda la coordinación entre seguridad y administración. La reorganización se desarrolló dentro de este contexto normativo.
El sistema resultante abarca tareas científicas, ambientales y tecnológicas. La Marina mantiene funciones en investigación oceanográfica y protección ambiental. También conserva responsabilidades en infraestructura naval y sistemas de alerta. Estas actividades se integran en la nueva estructura.
Dos frentes bajo una misma ruta
La Marina opera ahora mediante dos grandes subsecretarías. La Subsecretaría de Marina atiende infraestructura, tecnología y desarrollo naval. La Subsecretaría de Asuntos Marítimos y Portuarios gestiona gobernanza y control portuario. Ambas áreas responden a una misma conducción estratégica.
El rediseño busca una operación coordinada entre funciones militares y civiles. La institución concentra decisiones estratégicas en menos instancias. Este esquema pretende mayor eficiencia operativa y administrativa. La Marina redefine así su papel dentro del aparato de seguridad y gestión marítima.
El ajuste marca un cambio en la forma de navegar los desafíos actuales. La institución reorganiza su estructura para atender tareas complejas. El nuevo modelo establece una ruta de mando unificada. La Marina avanza con un diseño institucional distinto al del pasado.
VGB
