Mientras millones de personas utilizan un teléfono inteligente, una computadora o un automóvil sin pensar en los componentes que hacen posible su funcionamiento, Chu The Khai decidió ir más allá. En lugar de conformarse con usar la tecnología, quiso entender cómo nacía. Esa curiosidad marcó el inicio de un camino que, años después, lo acercó al desarrollo de microchips y a una industria que hoy impulsa buena parte de la innovación mundial.
La historia del joven estudiante de la Universidad Industrial de Hanói (HaUI), publicada por esa institución, muestra que una vocación también puede comenzar con una pregunta. En su caso, el interés no surgió por las oportunidades laborales, sino por descubrir cómo funcionan los circuitos electrónicos, los sistemas de telecomunicaciones y los semiconductores que dan vida a los dispositivos modernos.
Ese interés lo llevó a estudiar Ingeniería Electrónica y Telecomunicaciones. Desde el inicio eligió cursar la carrera en inglés, una decisión que le permitió acceder a publicaciones científicas, herramientas de diseño y materiales especializados que predominan en ese idioma dentro del sector tecnológico.
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Con el paso de los semestres, las fórmulas y conceptos dejaron de ser únicamente teoría. El laboratorio comenzó a convertirse en el espacio donde las ideas se enfrentaban a problemas reales y donde cada error representaba una oportunidad para aprender.
Del aula al laboratorio
Su ingreso al laboratorio ICD de la Escuela de Ingeniería Eléctrica y Electrónica marcó un punto de inflexión. Ahí participó en proyectos de investigación relacionados con el diseño de circuitos integrados y microprocesadores, una experiencia que le permitió comprender el trabajo detrás de los componentes que hacen posible desde un teléfono celular hasta un centro de datos.
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Las jornadas no siempre terminaron con resultados inmediatos. En varias ocasiones, él y sus compañeros dedicaron días completos a encontrar una falla de simulación que impedía el funcionamiento de un diseño. Cada corrección exigía revisar líneas de código, repetir pruebas y comenzar nuevamente cuando una solución no funcionaba.
Lejos de desanimarlo, esos desafíos reforzaron su interés por los semiconductores. Según el perfil publicado por la Universidad Industrial de Hanói, el estudiante descubrió que la ingeniería no consiste únicamente en obtener buenas calificaciones, sino en desarrollar la capacidad para resolver problemas con paciencia, disciplina y trabajo colaborativo.
Además de los proyectos académicos, también participó junto con su equipo en competencias de diseño de microprocesadores enfocadas en soluciones para ciudades inteligentes. Cada ejercicio representó una oportunidad para poner a prueba los conocimientos adquiridos dentro del aula.
Aprender también significa equivocarse
Entre los recuerdos que conserva de esa etapa no aparecen los reconocimientos ni las calificaciones. Lo que permanece son las largas horas compartidas con sus compañeros frente a las computadoras, buscando el origen de un error que parecía imposible de encontrar.
"Lo que más recuerdo no es el premio, sino que todos hicieron su mayor esfuerzo y nadie se rindió", señaló Khai en el perfil difundido por HaUI.
Durante ese proceso también recibió el acompañamiento de investigadores y profesores que orientaron su formación técnica y fortalecieron su disciplina de trabajo. Esa experiencia le permitió desarrollar habilidades que más tarde resultaron decisivas para incorporarse a proyectos de mayor complejidad.
De estudiante a la industria
El trabajo realizado en el laboratorio abrió nuevas puertas. Gracias a esa experiencia fue seleccionado para participar en el programa Digital Talent de Viettel y comenzó a colaborar con el Centro de Semiconductores de esa empresa mientras todavía cursaba la universidad.
El cambio representó un nuevo desafío. Los conocimientos aprendidos en clase comenzaron a aplicarse en proyectos con tiempos de desarrollo más cortos, procesos especializados y mayores exigencias técnicas.
Para Khai, el paso por la universidad facilitó esa transición. Los ejercicios, investigaciones y proyectos desarrollados durante su formación le brindaron herramientas para integrarse a un entorno donde los microchips forman parte de soluciones utilizadas en telecomunicaciones, dispositivos electrónicos y otras tecnologías.
Su trabajo también le permitió publicar sus primeros artículos científicos internacionales, un paso que amplió su experiencia dentro del campo de los semiconductores incluso antes de concluir la licenciatura.
Contexto: una industria que busca talento
La historia de Chu The Khai ocurre en un momento en el que la industria mundial de los semiconductores incrementa la demanda de ingenieros especializados. Los microchips se encuentran en teléfonos inteligentes, computadoras, vehículos, equipos médicos, redes de telecomunicaciones, inteligencia artificial y centros de datos, por lo que su desarrollo se convirtió en un sector estratégico para distintos países.
Universidades y empresas fortalecen programas de investigación y formación para preparar profesionales capaces de diseñar la siguiente generación de circuitos integrados. En ese contexto, la experiencia de estudiantes que participan en proyectos reales desde las aulas adquiere un papel cada vez más relevante.
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El caso de Khai refleja esa tendencia. Su formación combinó aprendizaje académico, investigación y experiencia dentro de la industria, un modelo que varias instituciones buscan impulsar para reducir la distancia entre las universidades y el mercado laboral.
Aunque todavía se encuentra al inicio de su carrera profesional, el estudiante mantiene el mismo objetivo que lo llevó a elegir la ingeniería años atrás: comprender cómo funciona la tecnología para ayudar a construir la siguiente generación de microchips.
Su historia demuestra que una pregunta formulada en un salón de clases puede convertirse en el primer paso hacia una industria que define buena parte del futuro tecnológico del mundo.
VGB
