Entrar a un salón lleno de desconocidos puede ser una pesadilla para algunas personas. Las manos sudan, las palabras no salen y cualquier mirada parece un juicio.
Sin embargo, cada fin de semana, miles de jóvenes hacen algo que parece contradictorio: se colocan una armadura, una capa o una peluca de colores y caminan hacia convenciones repletas de gente.
Lo hacen como superhéroes, guerreros, personajes de anime o protagonistas de videojuegos. Lo hacen como alguien más.
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Y, según diversas investigaciones, precisamente ahí podría estar parte del secreto.
El cosplay, una práctica que consiste en interpretar y recrear personajes de ficción, no solo mueve una industria creativa que crece cada año. También se convirtió para muchas personas en una herramienta para ganar seguridad y enfrentar la ansiedad social.
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Cuando el disfraz se convierte en escudo
A primera vista parece un juego.
Pero detrás de muchos trajes existen meses de trabajo, creatividad y una búsqueda personal que va más allá de la apariencia.
La investigadora María José Parra Ramírez señala que el cosplay puede funcionar como un recurso de identificación que permite a las personas explorar aspectos de sí mismas a través de una identidad alternativa.
En términos simples, el personaje actúa como una especie de escudo emocional.
La presión de ser uno mismo disminuye por un momento. La atención ya no se concentra en las inseguridades personales, sino en el personaje que se interpreta.
Para alguien que teme ser juzgado, esa diferencia puede resultar importante.
El poder de actuar como alguien valiente
Muchos cosplayers eligen personajes que admiran.
Guerreras decididas, héroes que enfrentan cualquier desafío o protagonistas que inspiran confianza.
La investigadora Andrea Paola Piña Mieles encontró que esta experiencia puede fortalecer la autoestima y favorecer la autoaceptación.
Al interpretar a alguien valiente, algunas personas descubren capacidades que no sabían que tenían.
Lo interesante es que la confianza no siempre desaparece cuando termina el evento.
Quienes practican cosplay suelen describir que parte de esa seguridad los acompaña después, en la escuela, el trabajo o sus relaciones cotidianas.
Contexto: una ansiedad que afecta a millones
La ansiedad figura entre los problemas de salud mental más comunes en el mundo.
La Organización Mundial de la Salud estima que cientos de millones de personas viven con trastornos de ansiedad, una condición que puede afectar la capacidad de relacionarse, estudiar o trabajar.
En México, la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE) del INEGI ha mostrado que una parte importante de la población reporta síntomas relacionados con estrés, preocupación constante o malestar emocional.
Especialistas en salud mental señalan que actividades creativas, espacios de convivencia y redes de apoyo pueden contribuir al bienestar emocional, aunque no sustituyen la atención profesional cuando esta resulta necesaria.
En ese contexto, comunidades como la del cosplay ofrecen algo que muchas personas buscan: un lugar donde sentirse aceptadas.
La importancia de encontrar una comunidad
Las convenciones de anime, cómics y videojuegos suelen reunir a personas con intereses similares.
Para quienes acostumbran sentirse diferentes o aislados, estos espacios pueden representar una oportunidad para conectar con otros sin miedo al rechazo.
El investigador Francisco Javier Cortázar Rodríguez describe este fenómeno como una forma de crear vínculos a partir de intereses compartidos.
Una fotografía, una conversación sobre una serie o un comentario sobre un traje elaborado a mano pueden convertirse en el inicio de nuevas amistades.
La antropóloga Cristina Romero Riera incluso define el cosplay como un "arte relacional", porque la experiencia se completa cuando existe interacción con otras personas.
La foto que alguien pide, el elogio a un traje o una conversación espontánea funcionan como formas de reconocimiento social.
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Mucho más que un disfraz
El beneficio no comienza cuando se abre la puerta de una convención.
Para muchos participantes, el proceso inicia semanas o meses antes.
Coser telas, fabricar accesorios, pintar piezas o aprender técnicas de caracterización requiere paciencia, concentración y creatividad.
Diversos estudios señalan que estas actividades pueden ayudar a canalizar emociones y reducir el estrés cotidiano.
Por eso, para miles de personas, el cosplay no consiste únicamente en parecerse a un personaje.
También implica construir habilidades, encontrar una comunidad y descubrir nuevas formas de expresarse.
Quizá por eso, cuando termina el evento y el traje vuelve al armario, algo permanece.
No son las fotografías ni los aplausos.
Es la sensación de haber sido capaz de enfrentarse al mundo, aunque fuera por un día, con la confianza de un héroe de ficción.
*Contenido elaborado con apoyo de inteligencia artificial
VGB
