En las aguas del Alto Golfo de California todavía hay quienes salen al amanecer en busca de peces. Pero esta vez, nueve jóvenes de San Felipe, Baja California, zarparon con una misión completamente distinta: encontrar a la vaquita marina sin tocarla, sin perseguirla y, sobre todo, ayudar a evitar que desaparezca para siempre.
Durante diez días navegaron a bordo del buque Seahorse, no como pescadores, sino como observadores científicos. En lugar de lanzar redes, aprendieron a escudriñar el horizonte con potentes binoculares de largo alcance, interpretar señales acústicas bajo el agua y colaborar con especialistas nacionales e internacionales en uno de los esfuerzos de conservación más importantes que existen en México.
La apuesta dio resultados.
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A pesar de las condiciones meteorológicas adversas, el equipo logró registrar tres avistamientos de vaquita marina, además de obtener detecciones acústicas que confirmaron que la especie continúa habitando el noroeste del Área de Tolerancia Cero y la llamada Área de Extensión, dentro del Alto Golfo de California.
Para los científicos, la noticia significa mucho más que observar un animal.
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Cada avistamiento representa una esperanza para una especie que hace apenas unos meses fue estimada en una población mínima de entre siete y diez ejemplares, convirtiéndola en el mamífero marino con mayor riesgo de extinción en el mundo.
Una nueva generación de guardianes del mar
La capacitación fue organizada por el Grupo para la Sustentabilidad del Alto Golfo de California (GIS) y coordinada por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), con el apoyo de la Semarnat, la Secretaría de Marina, la Profepa y la organización internacional Sea Shepherd Conservation Society.
Antes de embarcarse, los participantes recibieron 22 horas de formación teórica. Después pasaron diez días en altamar y completaron un entrenamiento especializado en técnicas de muestreo de ADN ambiental, una herramienta que permite detectar la presencia de la vaquita marina incluso cuando no logra ser observada.
Guiados por investigadores mexicanos y expertos internacionales, aprendieron a utilizar los conocidos Big Eyes, binoculares de largo alcance empleados en campañas científicas para localizar cetáceos, además de conocer métodos de monitoreo visual y acústico que serán fundamentales para futuros estudios.
La meta es que, para 2027, México cuente con un equipo integrado mayoritariamente por observadores nacionales capaces de encabezar los próximos cruceros científicos dedicados a la búsqueda y monitoreo de la especie.
La pequeña marsopa que solo vive en México
La vaquita marina (Phocoena sinus) es un animal único.
Habita exclusivamente en el norte del Golfo de California y es considerada la marsopa más pequeña del mundo. Su cuerpo apenas supera el metro y medio de longitud y se distingue por las manchas negras que rodean sus ojos y labios.
Su tamaño, comportamiento discreto y el agua turbia donde vive hacen que observarla sea extremadamente difícil, incluso para científicos con décadas de experiencia.
Además, tiene un ritmo reproductivo muy lento: las hembras alcanzan la madurez sexual alrededor de los seis años y normalmente tienen una sola cría cada dos años o más, lo que complica la recuperación de la población.
La amenaza sigue bajo el agua
Aunque la noticia de los nuevos avistamientos ofrece esperanza, el principal peligro para la vaquita marina permanece prácticamente intacto.
La mayor amenaza son las redes agalleras utilizadas en la pesca ilegal de totoaba, un pez cuya vejiga natatoria —conocida como buche— alcanza precios de miles de dólares en el mercado negro asiático, especialmente en China.
La vaquita no es el objetivo de esa pesca. Sin embargo, queda atrapada accidentalmente en las redes y muere ahogada al no poder regresar a la superficie para respirar.
Por esa razón, la especie se encuentra protegida por la legislación mexicana y por acuerdos internacionales como la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES), mientras autoridades y organizaciones mantienen operativos permanentes para retirar redes ilegales y combatir el tráfico de totoaba.
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Una esperanza que navega en el mismo mar
La Conanp señaló que la información obtenida durante esta campaña confirma que las vaquitas continúan utilizando las zonas donde fueron detectadas recientemente, lo que permitirá fortalecer las estrategias de conservación y preparar el gran crucero de observación previsto para 2027.
Los especialistas también recomendaron ampliar el entrenamiento de nuevos observadores y mantener el monitoreo mediante ADN ambiental para conocer con mayor precisión los movimientos de los últimos ejemplares.
En un lugar donde durante años las redes representaron una amenaza para la especie, hoy algunos jóvenes de las comunidades pesqueras están escribiendo una historia distinta.
Cambiaron las redes por binoculares. Cambiaron la captura por la observación. Y, quizá sin saberlo, también se convirtieron en una de las mejores esperanzas para que la vaquita marina siga nadando en las aguas donde solo ella existe.
VGB
