En la Ciudad de México, el cabello que cae al piso en una barbería toma un nuevo destino. Ese material se integra en filtros que se colocan en los canales de Xochimilco para retener contaminantes. La iniciativa conecta a comercios, especialistas y habitantes en un esfuerzo por mejorar la calidad del agua en uno de los humedales más conocidos del país.
El objetivo central se enfoca en recuperar condiciones que permitan el regreso del ajolote a su entorno natural. En los últimos años, su presencia en la zona disminuye hasta niveles mínimos. Este escenario impulsa acciones que combinan participación comunitaria y soluciones prácticas en el territorio.
En Xochimilco, familias que resguardan ejemplares mantienen proyectos de conservación. Algunos espacios comienzan con pocos individuos y con el tiempo amplían su población bajo cuidado. Estos esfuerzos buscan sostener la especie mientras el entorno presenta cambios que faciliten su reintroducción.
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Registros recientes muestran una caída en la población del ajolote en los canales. En una década, los conteos pasan de decenas por kilómetro a cifras cercanas a cero. Especialistas señalan que la calidad del agua incide de forma directa en esta reducción.
Filtros de cabello en los canales
El proyecto instala dispositivos elaborados con cabello humano en distintos puntos de los canales. Cada filtro contiene cerca de un kilo de pelo y captura aceites, grasas e hidrocarburos presentes en el agua. Su diseño permite retener contaminantes sin generar residuos adicionales.
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Algunos filtros se colocan en trajineras para probar su funcionamiento durante recorridos diarios. La meta plantea integrar más embarcaciones al sistema y mantener una limpieza constante. Los impulsores del proyecto estiman que un mayor número de unidades ampliará el alcance de la estrategia.
Tras varias semanas en el agua, los filtros se retiran para un proceso de tratamiento con bacterias. Este paso descompone los residuos atrapados y permite reutilizar el material o integrarlo al suelo. El ciclo evita la generación de desechos y mantiene la utilidad del recurso.
El cabello presenta propiedades que favorecen la adhesión de contaminantes. Esta característica también se utiliza en la atención de derrames de petróleo en distintas regiones. Su aplicación depende de las condiciones del entorno y del manejo adecuado del material.
De estéticas a un proyecto ambiental
La iniciativa se sostiene con una red de más de 30 barberías y estéticas en el país. Estos espacios recolectan cabello de forma constante y lo canalizan para la fabricación de filtros. En conjunto, reúnen cientos de kilos de material cada año.
En estos establecimientos, el cabello deja de considerarse un desecho. Clientes y trabajadores participan en un proceso que vincula acciones cotidianas con resultados ambientales. La recolección se integra a la rutina sin modificar el servicio habitual.
Algunas personas que donan su cabello conocen el destino del material durante su visita. Esta información genera interés y suma participación en la cadena de recolección. El proyecto integra así a distintos actores en una misma dinámica.
Representantes de la iniciativa señalan que el modelo permite beneficios compartidos. Las barberías participan en una red activa y el material se transforma en un insumo útil. El esquema mantiene una lógica de colaboración entre comunidad y organizaciones.
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Un modelo que busca crecer
El uso de cabello para limpiar agua forma parte de una red internacional con más de dos décadas de operación. Esta experiencia se adapta a condiciones locales en Xochimilco. El objetivo consiste en ampliar su aplicación en más zonas del país.
Los impulsores del proyecto plantean aumentar el número de filtros en los canales. También consideran integrar más embarcaciones para sostener la limpieza de forma diaria. Estas acciones buscan mejorar la calidad del agua de manera continua.
La recuperación del hábitat del ajolote depende de varios factores ambientales. Entre ellos, la reducción de contaminantes en el agua ocupa un lugar central. Los filtros de cabello se suman a otras estrategias que se desarrollan en la zona.
El proceso avanza con la participación de comunidades, especialistas y comercios. Cada etapa conecta actividades urbanas con acciones en el ecosistema. En ese vínculo, el cabello recorre un camino distinto y se integra en una ruta que apunta a restaurar los canales.
VGB
