Hubo un tiempo en que gran parte del Pacífico Norte de Costa Rica dejó de sonar como bosque. Donde antes se escuchaban aves, insectos y lluvia cayendo entre árboles, quedaron potreros, ganado y terrenos secos tras décadas de deforestación acelerada.
Ahora, esos mismos lugares comenzaron a recuperar su voz.
Un estudio realizado por científicos de la universidad suiza ETH Zurich documentó el regreso de la biodiversidad en zonas regeneradas de Costa Rica mediante una técnica poco común: escuchar el bosque durante meses. La investigación, difundida por el medio ambiental Mongabay, registró casi un millón de minutos de audio en más de cien puntos de la Península de Nicoya.
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Las grabaciones captaron desde cantos de aves e insectos hasta tormentas y sonidos nocturnos que, según los investigadores, muestran cómo los ecosistemas recuperaron actividad biológica después de décadas de pérdida forestal.
“Obtuvimos para siempre la prueba viviente de lo que hubo en ese momento en esos bosques”, explicó Giacomo Delgado, investigador del ETH Zurich citado por Mongabay.
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El bosque volvió poco a poco
Entre 1960 y 1986, Costa Rica perdió cerca de un millón de hectáreas de bosque. Muchas de esas zonas se transformaron en terrenos ganaderos y áreas agrícolas, especialmente en Guanacaste y otras regiones del Pacífico Norte.
Décadas después, una parte importante de esos paisajes comenzó a regenerarse gracias al programa de Pagos por Servicios Ambientales (PSA), creado en 1997. El esquema otorga recursos económicos a propietarios que conservan bosque dentro de sus terrenos.
Para medir el impacto real de esa recuperación, Delgado instaló micrófonos en 119 sitios distintos. Después comparó los sonidos de bosques maduros, bosques regenerados y zonas agrícolas.
Los resultados mostraron que los bosques restaurados producen paisajes sonoros mucho más cercanos a los de un ecosistema antiguo que a los de potreros o plantaciones.
Un millón de minutos de naturaleza
El volumen de información recopilada resultó enorme. Según el investigador, escuchar todas las grabaciones completas tomaría cerca de dos años continuos.
Los audios registraron diferentes momentos del día y permitieron identificar picos de actividad animal, presencia de especies y dinámicas naturales imposibles de detectar únicamente mediante observación humana.
“Pudimos monitorear un espacio gigante que solo contando pájaros o con otros métodos no se podría hacer”, explicó Delgado.
El análisis se publicó en la revista científica Global Change Biology y aportó evidencia de que la restauración forestal en Costa Rica no solo aumentó árboles, sino también biodiversidad.
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Bosques que también sostienen comunidades
El estudio también abrió una discusión sobre el papel económico de la conservación.
Actualmente, el programa PSA cubre cerca de 200 mil hectáreas cada año y se financia mediante impuestos ambientales, incluido un gravamen a combustibles y pagos relacionados con el uso del agua.
Sin embargo, propietarios y especialistas consultados por Mongabay señalaron que los recursos todavía resultan insuficientes frente a la alta demanda de conservación y mantenimiento de los terrenos.
William Núñez, dueño de una finca en Guanacaste que participa en el programa desde hace dos décadas, explicó que convirtió antiguos terrenos ganaderos en bosque protegido. En su propiedad ya reaparecieron aves, venados y otras especies.
“Queremos conservar el bosque, pero nosotros también tenemos que comer”, dijo al medio.
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El sonido del regreso
Para los investigadores, el hallazgo representa algo más profundo que una medición científica. Los sonidos documentan cómo la naturaleza puede recuperarse cuando existen políticas de conservación sostenidas y comunidades dispuestas a proteger el territorio.
Durante años, muchas de esas zonas permanecieron en silencio ecológico. Hoy, los micrófonos registran nuevamente el ruido de insectos, aves y lluvia atravesando árboles jóvenes que crecieron donde antes solo había pasto.
El bosque, literalmente, volvió a sonar.
VGB
