Un reporte de la revista digital especializada en relaciones internacionales y diplomacia Foreign Policy advirtió sobre una creciente tendencia de hostilidad y violencia contra las comunidades cristianas en Israel, exacerbada por el nacionalismo en tiempos de guerra.
Según Foreign Policy, un ataque violento contra una monja francesa en Jerusalén ha puesto de relieve este problema. El agresor, un israelí de 36 años, fue captado en video empujando y pateando a la religiosa, lo que derivó en cargos por asalto motivado por hostilidad hacia un grupo religioso.
Los incidentes violentos han mostrado un incremento significativo desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023. Datos del Centro de Datos sobre Libertad Religiosa (RFDC por sus siglas en inglés) indican que en 2025 se registraron 181 incidentes hostiles, incluyendo escupitajos, abusos verbales, vandalismo y violencia física, frente a los 107 casos reportados en 2024.
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RFDC, advierte, a través de su fundadora Yiscah Harani, que estas cifras podrían ser menores a la realidad, ya que muchos casos no se denuncian. Además, señala que la falta de aplicación de la ley funciona como una especie de “luz verde” para los agresores, fomentando un clima de impunidad.
El informe fue acompañado por una encuesta del Rossing Center for Education and Dialogue realizada el pasado septiembre, en la que se entrevistó a 499 personas para evaluar la percepción de la población judía en Israel respecto a los cristianos y el cristianismo.
Entre los resultados, el 70 % de los encuestados se oponía a que organizaciones cristianas pudieran adquirir terrenos en Israel, mientras que solo el 38 % apoyaba que se enseñara la historia del cristianismo en escuelas judías.
Diversos expertos y organizaciones civiles atribuyen esta situación al actual gobierno de coalición, al que acusan de promover un nacionalismo religioso que incrementa la polarización social.
Consecuencias diplomáticas y sociales
Esta ola de hostilidad está afectando el prestigio internacional de Israel y tensando sus relaciones con aliados clave en Europa y el mundo cristiano. Países como Francia, España e Italia han expresado críticas, y la primera ministra italiana Giorgia Meloni condenó recientemente restricciones impuestas a líderes católicos en Jerusalén.
Para Foreign Policy, a nivel interno, el panorama en Israel es complejo por:
- Tensiones religiosas: el aumento de movimientos extremistas en la Ciudad Vieja de Jerusalén amenaza el delicado equilibrio entre comunidades.
- Percepción social: una encuesta del Centro Rossing indica que, a mayor nivel de religiosidad en algunos sectores judíos israelíes, menor es la disposición a la tolerancia hacia el cristianismo.
- Impacto económico: la violencia podría afectar el turismo y las peregrinaciones, sectores clave para la economía local.
Aunque el Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel ha calificado estos actos como “despreciables” y contrarios a los valores del Estado, líderes religiosos como el sacerdote Ibrahim Faltas señalan que aún falta voluntad política genuina y una intervención internacional más firme para abordar el conflicto de fondo que alimenta esta difícil coexistencia.
Por su parte, el legislador Gilad Kariv ha calificado estos incidentes como una “mancha moral” y un “fracaso educativo” de la sociedad israelí.
Contexto de las percepciones hacia la comunidad cristiana en Israel
Israel alberga una de las comunidades cristianas más antiguas del mundo, aunque hoy es numéricamente pequeña. En su mayoría está compuesta por cristianos árabes palestinos, junto con comunidades históricas locales y representantes de órdenes religiosas internacionales que administran iglesias, monasterios y sitios sagrados.
Aunado a eso, intervienen factores políticos, territoriales y de identidad nacional ya que en ciertos sectores más nacionalistas o religiosos, la presencia cristiana, en especial la de instituciones extranjeras, se interpreta a través de debates sobre soberanía, control de tierras y memoria histórica, lo que ayuda a entender la resistencia a la expansión de estas organizaciones.
Jerusalén concentra estas dinámicas de forma especialmente intensa por su carácter sagrado para el judaísmo, el cristianismo y el islam, lo que hace que cualquier fricción local adquiera rápidamente una dimensión internacional, amplificando tanto la visibilidad de los incidentes como sus implicaciones diplomáticas.
