El debilitamiento de la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico (AMOC) podría alterar el clima mundial, elevar el nivel del mar y desencadenar cambios extremos en Europa, América y otras regiones del planeta
La Circulación Meridional de Retorno del Atlántico (AMOC, por sus siglas en inglés) atraviesa uno de los momentos más críticos registrados por la ciencia moderna. Investigaciones recientes advierten que este gigantesco sistema de corrientes oceánicas, clave para regular el clima global, muestra señales de debilitamiento acelerado y podría acercarse a un punto de no retorno.
Expertos en climatología y oceanografía alertan que un eventual colapso de la AMOC tendría consecuencias devastadoras para el planeta durante siglos: inviernos extremos en Europa, aumento del nivel del mar en Estados Unidos, alteraciones en las lluvias tropicales y un fuerte impacto sobre ecosistemas, agricultura y poblaciones humanas.
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Incluso, científicos han comenzado a debatir propuestas de geoingeniería extrema, como la construcción de un megamuro entre Alaska y Rusia para intentar estabilizar la circulación oceánica del Atlántico Norte.
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¿Qué es la AMOC y por qué es tan importante para el clima global?
La AMOC, conocida también como Circulación Meridional de Vuelco del Atlántico, es un sistema de corrientes oceánicas interconectadas que funciona como una gigantesca “cinta transportadora” de calor y nutrientes.
Su función principal consiste en trasladar agua cálida y salada desde los trópicos hacia el Atlántico Norte. Allí, el agua libera calor a la atmósfera europea, se enfría, aumenta su densidad y se hunde para regresar hacia el sur en aguas profundas.
Este mecanismo es fundamental para mantener relativamente templado el clima de Europa occidental. Gracias a la AMOC, ciudades como Londres tienen temperaturas mucho más suaves que otras regiones situadas en latitudes similares, como San Petersburgo.
“El AMOC es uno de los sistemas de circulación más importantes de nuestro planeta”, explicó el climatólogo Niklas Boers, investigador del Instituto de Investigación del Impacto Climático de Potsdam (PIK), la Universidad Libre de Berlín y la Universidad de Exeter.
Científicos advierten que la circulación oceánica está perdiendo estabilidad
Las alarmas crecieron luego de diversos estudios que indican que la AMOC actualmente se encuentra “más débil que en cualquier momento de los últimos mil años”.
Uno de los principales factores detrás de este debilitamiento es el deshielo acelerado de Groenlandia. El aumento del agua dulce en el Atlántico Norte reduce la salinidad del océano, dificultando que el agua fría y pesada se hunda, un proceso esencial para mantener activa la circulación oceánica.
Según investigaciones recientes, la velocidad de la AMOC podría reducirse entre un 43 % y un 59 % hacia finales de siglo, un deterioro considerablemente mayor al previsto por modelos climáticos anteriores.
“Las pruebas apuntan a un colapso, pero es muy incierto”, reconoció René van Westen Soons en declaraciones retomadas por Live Science.
Michael Mann, climatólogo de la Universidad de Pensilvania, junto a otros 43 científicos destacados, advirtió que el sistema podría acercarse mucho más rápido de lo previsto a un umbral crítico irreversible.
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¿Qué pasaría si colapsa la AMOC?
Aunque el planeta continúa calentándose por efecto del cambio climático, el colapso de la AMOC podría provocar temperaturas mucho más frías en países del norte de Europa.
Noruega, Islandia y Dinamarca serían algunas de las regiones más afectadas. Los inviernos podrían volverse significativamente más severos debido a la pérdida del transporte de calor oceánico.
Además, la llamada “mancha fría” del Atlántico Norte, una zona que ya muestra enfriamiento asociado al debilitamiento de la corriente, se expandiría aún más.
Los científicos también alertan sobre un incremento acelerado del nivel del mar en la costa este estadounidense.
De acuerdo con Live Science, el noreste de Estados Unidos podría experimentar una subida de al menos 50 centímetros debido a la alteración de la corriente del Golfo y los cambios en la dinámica oceánica.
El impacto no se limitaría al hemisferio norte. La alteración de la circulación oceánica también modificaría los patrones de precipitación tropical.
Regiones de África y América del Sur podrían sufrir cambios importantes en sus ciclos de lluvia, afectando agricultura, abastecimiento de agua y biodiversidad.
El megamuro entre Alaska y Rusia: la propuesta extrema para salvar la AMOC
Ante la posibilidad de un colapso, algunos investigadores comenzaron a explorar soluciones de geoingeniería a gran escala.
Uno de los planteamientos más llamativos propone construir una gigantesca barrera en el estrecho de Bering, entre Alaska y Rusia, con el objetivo de bloquear el paso de agua dulce desde el Pacífico hacia el Ártico y el Atlántico Norte.
La hipótesis sostiene que reducir la entrada de agua dulce ayudaría a aumentar la salinidad del Atlántico Norte y estabilizaría la circulación oceánica.
El estrecho de Bering tiene cerca de 80 kilómetros de ancho y, según los cálculos del estudio, podrían construirse tres presas apoyadas sobre dos islas intermedias. La estructura principal alcanzaría unos 38 kilómetros de longitud.
Sin embargo, tras realizar simulaciones climáticas, los investigadores concluyeron que la propuesta podría ser técnicamente viable bajo ciertos escenarios.
Los riesgos de intervenir el océano con geoingeniería
Pese al interés científico, varios expertos piden extrema cautela.
Los modelos climáticos muestran que bloquear el estrecho de Bering podría ayudar a estabilizar la AMOC si el sistema todavía conserva cierta fortaleza. Pero si el deterioro ya es avanzado, la intervención incluso podría acelerar el colapso.
“No se trata de una solución sencilla”, advirtió Jonathan Baker, oceanógrafo de la Oficina Meteorológica del Reino Unido.
La climatóloga Marilena Oltmanns consideró que el escenario funciona más como un experimento teórico que como un proyecto realista y recordó que una presa no resolvería el origen del problema: el calentamiento global y el deshielo de Groenlandia.
“Considero fundamentalmente erróneo utilizar un posible colapso de la AMOC como justificación para cerrar el estrecho de Bering”, afirmó.
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Impactos ambientales y geopolíticos
La megaestructura también implicaría enormes desafíos ambientales y políticos. Especialistas advierten que una barrera de este tipo podría afectar rutas marítimas, ecosistemas marinos, pesca y comunidades indígenas que dependen del estrecho de Bering.
Además, la construcción tendría lugar en una zona remota, helada y estratégicamente sensible entre dos potencias mundiales.
Thomas Haine, investigador de la Universidad Johns Hopkins, sostuvo que incluso si se comprobara su efectividad, existirían numerosas razones para considerarla una mala idea.
Los propios autores del estudio reconocen que la medida no representa una solución inmediata ni definitiva.
AJA
