El año pasado, Steven Barnett despertó en una cama de hospital después de un infarto. Los médicos colocaron stents en su corazón y recomendaron reposo. Mientras iniciaba la recuperación, el profesor jubilado de 77 años tomó una decisión distinta: salir al mundo en motocicleta.
Barnett vive en Panamá desde hace más de dos décadas. Durante años llevó una vida tranquila, lejos del ritmo de las grandes ciudades. Sin embargo, el episodio cardíaco cambió su manera de mirar el tiempo. “Nunca sabes cuánto tiempo tienes”, comentó en entrevistas sobre el inicio de su travesía.
Con esa idea en mente, preparó un proyecto que mezcla aventura y encuentro con otras personas. Su plan consiste en recorrer decenas de países en motocicleta y cruzar continentes a lo largo de más de 80 mil kilómetros.
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El viaje comenzó este mes de marzo de 2026 en Madrid, España. Desde ahí inició una ruta que lo llevará por Europa, Asia y América. En cada escala busca conversar con habitantes locales, compartir música y registrar historias del camino.
El encuentro que encendió la idea
La inspiración para iniciar la travesía surgió de un encuentro inesperado en Panamá. Barnett conoció a Bridget McCutchen, una motociclista de 22 años que planeaba dar la vuelta al mundo.
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La conversación entre ambos despertó una pregunta sencilla. Si una persona joven podía intentar una hazaña así, él también podía intentarlo desde otra etapa de la vida.
Esa reflexión lo llevó a replantear sus propios planes. Barnett decidió preparar una ruta global y comenzar una expedición que combina aventura personal con un mensaje de perseverancia.
Antes de iniciar el proyecto realizó un viaje de prueba por Vietnam y Laos. Durante tres meses recorrió carreteras de montaña para comprobar su resistencia física y la capacidad de la motocicleta.
Una motocicleta sencilla y un plan claro
Para el viaje eligió una Suzuki DR650, un modelo conocido por su mecánica simple. Barnett explica que esa decisión facilita reparaciones en lugares remotos donde los talleres escasean.
Durante meses ajustó la motocicleta y añadió modificaciones para trayectos largos. Instaló un tanque de combustible de mayor capacidad y reforzó algunos componentes para soportar miles de kilómetros.
A sus 77 años reconoce que su forma de viajar cambió con el tiempo. Hoy prefiere rutas donde exista contacto con poblaciones cercanas y donde pueda recibir ayuda si enfrenta algún problema en el camino.
Ese enfoque convierte su viaje en una experiencia abierta a la interacción con otras personas. Barnett explica que la aventura en motocicleta permite conocer lugares de una manera distinta a la de otros medios de transporte.
Un oso de peluche y un mandolín
Entre su equipaje viajan dos objetos que suelen llamar la atención de quienes lo conocen en el camino. Uno es “Rocky”, un pequeño oso de peluche que utiliza para iniciar conversaciones con desconocidos.
El otro es un mandolín. Barnett lo lleva para compartir música durante sus paradas y crear momentos de intercambio cultural en diferentes países.
Para él, el viaje no se limita a sumar kilómetros. Cada parada representa una oportunidad para escuchar historias y conocer personas de contextos distintos.
A través de redes sociales comparte fragmentos del recorrido y mensajes que recibe de seguidores. Muchas personas escriben para contarle que su historia los anima a iniciar proyectos que pospusieron durante años.
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Un viaje que continúa
La ruta de Barnett contempla decenas de países y distintos paisajes. El plan incluye trayectos por Europa, Asia Central y América del Sur antes de cerrar el círculo alrededor del planeta.
Mientras avanza por carreteras y fronteras, el motociclista mantiene una idea simple como guía del viaje. La vida, dice, se parece a conducir una motocicleta: el movimiento mantiene el equilibrio.
A los 77 años, Steven Barnett sigue sumando kilómetros con calma. Cada etapa del recorrido confirma la decisión que tomó tras salir del hospital: aprovechar el tiempo y mirar el mundo desde el asiento de su motocicleta.
VGB
