En Ghana, el acceso a información sobre salud reproductiva puede marcar una diferencia crucial entre la vulnerabilidad y la protección. Sin embargo, muchos jóvenes —especialmente quienes viven con discapacidad— aún enfrentan barreras para acceder a este tipo de educación.
En la ciudad de Koforidua, docentes, familias y comunidades están demostrando que el conocimiento puede convertirse en una herramienta poderosa para cambiar realidades. Allí, el trabajo conjunto en las escuelas está ayudando a que estudiantes comprendan mejor su cuerpo, desarrollen confianza y aprendan a cuidarse.
El acompañamiento de la UNESCO ha sido clave en este proceso a través de programas de formación para docentes y actividades dirigidas también a padres y miembros de la comunidad.
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Gladys Ayaw Oduro: una líder de inclusión en la escuela
Una de las figuras centrales de esta transformación es Gladys Ayaw Oduro directora de la Unidad para Personas con Discapacidades Intelectuales y del Desarrollo de la Escuela Koforidua para Sordos de quien la UNESCO compartió su historia.
En este centro educativo, dedicado a estudiantes con discapacidad auditiva y a jóvenes con discapacidades intelectuales y del desarrollo —incluido el síndrome de Down— Gladys trabaja para que la educación en salud llegue a todos.
Tras participar en el programa insignia de la UNESCO, Nuestros Derechos, Nuestras Vidas, Nuestro Futuro (O3), la docente fortaleció su formación para impartir clases sobre salud adolescente, higiene menstrual, pubertad, comunicación y prevención de la violencia de género.
Para ella, enseñar a los estudiantes sobre los cambios físicos y emocionales de la adolescencia no solo es educación: es una forma de salvar vidas.
“Enseñamos a los alumnos que los cambios en sus cuerpos son normales y cómo pueden cuidarse adecuadamente, especialmente cuando llega la menstruación”, explica.
Resultados que muestran el poder de la educación
El impacto de este trabajo es visible. En 18 años de programas educativos enfocados en salud y bienestar dentro de la escuela, solo se ha registrado un caso de embarazo no deseado entre las alumnas.
Cuando ocurrió, la institución colaboró con la familia para apoyar el regreso de la estudiante a las aulas, demostrando que la educación también puede ofrecer segundas oportunidades.
La evidencia es especialmente significativa en un contexto donde los jóvenes con discapacidad enfrentan mayores riesgos de violencia o explotación. Diversas investigaciones indican que los niños con discapacidad tienen menos probabilidades de defenderse de agresiones o de que se les crea cuando denuncian violencia.
Por ello, Gladys impulsa dinámicas como juegos de rol para enseñar a los estudiantes a identificar situaciones de riesgo y defender sus límites.
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Una comunidad que aprende y protege a sus estudiantes
El impacto de estas clases no se limita a las aulas. También ha transformado la vida de los propios estudiantes y de sus familias.
Emefa Millicent Kpesese, una alumna de 28 años de la escuela, afirma que las clases han fortalecido su confianza y su capacidad para protegerse frente al acoso sexual.
“La educación en salud reproductiva ha tenido un impacto positivo en mi vida. Me ha dado conocimiento y seguridad para cuidar mi higiene personal y entender mi menstruación”, explica.
Para las familias, este aprendizaje también representa tranquilidad. Yaw Kwabi Frempong, padre de una estudiante de 26 años, asegura que ha visto cambios importantes en la conducta y conciencia de su hija.
Hasta ahora, el programa O3 ha capacitado a cerca de 4 mil docentes en 345 escuelas de Ghana, alcanzando a más de 185,750 miembros de comunidades.
Para Gladys y quienes participan en este esfuerzo, el mensaje es claro: cuando la educación llega a todos, cada estudiante tiene la oportunidad de construir un futuro más seguro y digno.
