En muchas casas, el romero crece en una maceta junto a la ventana o espera seco dentro de un frasco de vidrio. Su aroma acompaña recetas familiares y marca la identidad de ciertos platillos. Sin embargo, su historia no termina en la cocina. Esta planta forma parte de prácticas tradicionales que distintas generaciones utilizan para atender el dolor físico.
El romero, identificado como Salvia rosmarinus L., pertenece a la familia Lamiaceae. Sus hojas se emplean frescas o deshidratadas y circulan con facilidad en mercados y huertos domésticos. Su presencia constante facilita que se incorpore tanto en preparaciones culinarias como en remedios caseros. Esa dualidad lo mantiene vigente en la vida cotidiana.
Un artículo titulado “El romero, una planta para el alivio del dolor”, publicado por la revista de la Academia Mexicana de Ciencias, analiza su uso dentro de la medicina tradicional. El texto señala que la planta se utiliza para tratar dolor agudo y crónico. La investigación reúne antecedentes históricos y referencias científicas sobre sus aplicaciones.
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El documento expone que el romero se emplea en casos de dolor abdominal, reumático y muscular o inflamatorio. También menciona su uso en dolor disfuncional, como el relacionado con la neuropatía diabética. La publicación presenta estos datos a partir de revisión académica y registro de prácticas extendidas en distintas comunidades.
Dolor crónico en la vida cotidiana
El dolor crónico influye en actividades simples como caminar, cargar objetos o subir escaleras. Quienes viven con este tipo de malestar adaptan rutinas y buscan alternativas complementarias para mantener movilidad. En ese contexto, el romero figura como un recurso tradicional que muchas familias integran en su día a día.
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La revista de la Academia Mexicana de Ciencias describe que la medicina tradicional incluye plantas con presencia histórica en diversos territorios. El romero ocupa un lugar destacado por su disponibilidad y por la variedad de dolencias en las que se utiliza. El artículo documenta esta información sin sustituir tratamientos clínicos formales.
En varios hogares, las hojas se preparan en infusión o se aplican en formas externas según costumbres locales. Estas prácticas se transmiten de manera oral y forman parte de la memoria familiar. La escena se repite en espacios urbanos y rurales, donde la planta crece en jardines pequeños o balcones.
El texto académico subraya que el análisis científico de especies como el romero permite revisar conocimientos que circularon durante siglos. Botánica, farmacología e historia convergen en el estudio de una planta presente en la vida diaria. Esa revisión aporta contexto a su permanencia en prácticas de cuidado.
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Entre tradición y respaldo científico
El artículo destaca que el romero actúa en distintos tipos de dolor, tanto agudo como persistente. Entre los padecimientos mencionados aparecen molestias musculares, inflamatorias y reumáticas. También se incluye la neuropatía diabética dentro de los cuadros en los que se reporta su uso tradicional.
La información publicada por la Academia Mexicana de Ciencias vincula saberes comunitarios con revisión especializada. El romero aparece como ejemplo de esa conexión entre experiencia cotidiana y análisis académico. Su uso trasciende la cocina y se integra en conversaciones sobre salud y bienestar.
En cocinas, patios y mercados, el romero mantiene un lugar constante. Su aroma evoca recetas, pero también prácticas de cuidado transmitidas entre generaciones. Entre investigación y tradición, la planta conserva su presencia como parte de una historia compartida sobre el manejo del dolor crónico y muscular.
VGB
