Extinción fue la palabra que acompañó durante casi dos siglos al rascón de Galápagos. Desde 1835, cuando Charles Darwin recolectó un ejemplar durante su viaje científico por las Galápagos, no existió registro oficial de esta ave en una de las islas del archipiélago. Su nombre quedó ligado a la ausencia.
En 2025, equipos de monitoreo escucharon nuevamente su canto y lograron observarlo entre la vegetación. Las fotografías y reportes de campo confirmaron su presencia en varios puntos de la isla. El dato modificó una historia que parecía cerrada.
El redescubrimiento ocurrió después de un programa ambiental que retiró ratas y gatos introducidos por humanos. Las autoridades aplicaron la estrategia a finales de 2023 con apoyo de organizaciones científicas. Tras ese proceso, comenzaron a registrarse cambios en la fauna local.
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Especialistas de la Fundación Charles Darwin analizan dos posibles explicaciones. Una plantea que el ave llegó desde otras islas cercanas. Otra indica que un grupo pequeño sobrevivió oculto durante generaciones, sin contacto visible con investigadores.
El ave que permaneció en silencio
El rascón de Galápagos pesa entre 35 y 45 gramos. Tiene plumaje gris oscuro y ojos rojizos. Se desplaza a pie entre manglares y matorrales densos, donde encuentra refugio y alimento.
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Durante las expediciones de 2025, los científicos detectaron su llamado en tres zonas distintas. Luego consiguieron imágenes y registros directos. La información se integró a los informes oficiales del parque nacional.
Por años, la falta de datos alimentó la idea de extinción local. Ahora, su presencia abre una nueva etapa de seguimiento científico. Los equipos preparan censos para estimar tamaño poblacional y distribución.
Mientras avanzan los estudios, el rascón se deja ver con mayor frecuencia en senderos y áreas de vegetación baja. Su regreso ofrece evidencia concreta de recuperación biológica tras la reducción de amenazas.
Cuando el miedo deja de dictar el canto
Los cambios no se limitan a una sola especie. Investigaciones dirigidas por la bióloga Sonia Kleindorfer documentaron variaciones recientes en el canto de los pinzones de Darwin en la misma isla.
Durante años, las aves enfrentaron depredación constante de mamíferos introducidos. Ese entorno favoreció melodías repetitivas y discretas. Los sonidos uniformes reducían la posibilidad de atraer depredadores.
En 2025, las grabaciones muestran que los ejemplares jóvenes combinan sílabas y ritmos distintos. Algunos modifican secuencias tradicionales y producen sonidos no registrados antes en la isla. Los investigadores comparan estos datos con archivos históricos.
El estudio continúa para observar cómo estas variaciones influyen en la reproducción y la organización social. Cada nuevo registro amplía la comprensión sobre la respuesta de las aves ante cambios ambientales.
Restauración que cruza fronteras
El proceso forma parte de un plan coordinado por el Parque Nacional Galápagos junto con organizaciones como Island Conservation. La estrategia incluyó preparación técnica, monitoreo y evaluación posterior a la eliminación de especies invasoras.
Los reportes recientes indican aumento en poblaciones de aves y reptiles nativos. Los censos comparan datos actuales con registros previos para medir variaciones en número y distribución.
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El proyecto contempla la reintroducción de especies que desaparecieron de forma local, entre ellas tortugas gigantes asociadas históricamente a la isla. Los traslados se planifican desde otros puntos del archipiélago.
En un territorio donde extinción dominó informes durante décadas, ahora surgen registros de regreso y transformación. La isla se convierte en referencia internacional sobre restauración ecológica y seguimiento científico.
VGB
