“Las plantas también son hijos”. Con esa convicción, Flora Reyes Mendes guía cada decisión en su parcela del norte de Chile. Integrante del pueblo aymara, organiza su jornada entre el riego, la preparación del suelo y las tareas del hogar, en una zona donde el agua define el destino de la cosecha.
En 2014, un terremoto modificó la calidad del agua subterránea que utilizaba para sus limoneros. El aumento de salinidad afectó los cultivos y obligó a suspender esa producción. “Teníamos cantidad de agua, pero no calidad”, explica al recordar el momento en que la tierra dejó de responder como antes.
La agricultora decidió no abandonar el campo. Sustituyó los frutales por especies que resisten mejor las nuevas condiciones, como el choclo y el zapallo. También incorporó sistemas semihidropónicos con fibra de coco para reducir el impacto de la sal en las raíces.
Te podría interesar
El proceso incluyó prácticas como el compostaje y el uso de humus de lombriz para recuperar nutrientes del suelo. Estas técnicas combinan conocimientos tradicionales con herramientas difundidas en espacios de capacitación.
Red de mujeres frente al cambio climático
El acompañamiento llegó a través de ONU Mujeres Chile, mediante el programa Originarias y el proyecto Género, Ambiente y Cambio Climático. En ese marco, Flora participa en el seminario “Diálogo de Saberes”, donde intercambia experiencias con mujeres indígenas y migrantes.
Te podría interesar
En estos encuentros comparten métodos de cultivo, estrategias de adaptación y formas de organización comunitaria. “Participar fue muy valioso… No estamos solas”, señala sobre su experiencia en la red.
ONU Mujeres promueve estos espacios para fortalecer la participación de mujeres rurales en la seguridad alimentaria y la gestión ambiental. La iniciativa busca visibilizar su papel en la producción de alimentos y en la respuesta ante variaciones climáticas.
Para Flora, el cuidado del cultivo y el del hogar forman parte de una misma responsabilidad. “Las plantas demandan atención, cuidados, cariño. A eso se suma la casa, la familia. Es una carga grande, pero una la lleva con amor”, afirma.
Energía solar y organización del tiempo
Desde hace más de tres décadas, su familia utiliza cocinas solares para preparar alimentos. El sistema funciona con energía del sol y reduce el uso de combustibles convencionales en la zona rural.
Mientras los alimentos se cocinan, puede avanzar en labores agrícolas o domésticas. Esta herramienta facilita la organización del tiempo en jornadas que combinan producción y cuidado.
TAMBIÉN LEE: Con impresión 3D regresan la vista a mujer de 70 años
TAMBIÉN LEE: Sorda y ciega, mujer busca escalar el Everest
Hoy, donde antes crecían limoneros, se extienden surcos de choclo y zapallo. La parcela refleja una transición productiva marcada por el cambio en el agua y por el acceso a redes de apoyo.
“Las plantas también son hijos”, repite Flora al recorrer el terreno. En esa frase resume una forma de trabajo que apuesta por recultivar la tierra, sostener la producción y mantener activa una comunidad de mujeres frente a los desafíos del clima.
VGB
