En una casa sencilla del interior de Brasil, la escena se repite con naturalidad. Una persona mayor prepara su comida, conversa con calma y sigue su rutina diaria. La edad sorprende cuando aparece en la charla: más de 110 años. Este tipo de historias empezó a captar la atención de la ciencia internacional por su frecuencia y por el contexto en el que ocurre.
Durante años, los estudios sobre longevidad se concentraron en regiones de Europa y Asia conocidas como “Zonas Azules”. Sin embargo, Brasil comenzó a aparecer en los registros con un patrón distinto, describe una investigación publicada por Genomic Press.
Una investigación de la Universidad de São Paulo (USP), encabezada por la genetista Mayana Zatz, junto con especialistas en genética, biología molecular e inmunología, describieron que la superlongevidad surgió en entornos con acceso limitado a servicios médicos y sin estilos de vida asociados a tendencias de bienestar globales.
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El país sudamericano registra más de 37 mil personas que superan los 100 años. Entre ellas, se documentan varios supercentenarios, es decir, individuos mayores de 110 años. Estos casos no se concentran en una sola región ni responden a un modelo único de alimentación o atención médica.
El club global de los 100 años
A nivel mundial, el volumen de centenarios sirve como la base para la supervivencia extrema, un ranking liderado de forma indiscutible por Japón con 120,000 personas con 100 o más años. Le siguen Estados Unidos con 64,000 y China con 39,000 habitantes que han soplado cien velas.
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En este panorama, India y Francia empatan con 29,000 centenarios cada uno, seguidos por Italia (21,000), Alemania (18,000) y el Reino Unido (18,000). España, con 14,000, y naciones como Canadá y Rusia, con 13,000 cada una, cierran el grupo de países con las poblaciones más longevas del planeta.
La élite de los 110: El ranking de los superancianos
Cruzar la barrera de los 110 años es un desafío estadístico; solo 1 de cada 1,000 centenarios logra convertirse en supercentenario.
Para enero de 2026, el registro civil y la validación documental de organismos como el Gerontology Research Group (GRG) y LongeviQuest sitúan a Japón a la cabeza con 85 superancianos verificados. Estados Unidos ocupa el segundo puesto con 62 casos, seguido por Francia con 28 e Italia con 18.
El Reino Unido, hogar de la persona más longeva del mundo, Ethel Caterham (116 años), registra 14 casos verificados.
Los nombres propios ayudan a visibilizar el fenómeno. La religiosa Inah Canabarro Lucas alcanzó los 116 años y mantuvo actividades cotidianas hasta su fallecimiento en 2025. João Marinho Neto llegó a los 113 años y recibió reconocimiento internacional como el hombre de mayor edad registrado en ese momento.
Rostros que despiertan interés científico
Los investigadores no solo observaron la edad alcanzada, sino también las condiciones de vida. Muchos de estos adultos mayores crecieron en zonas rurales o periféricas, con recursos limitados. Aun así, conservaron autonomía para alimentarse, desplazarse y comunicarse de forma independiente.
Otro dato llamó la atención de los especialistas. Brasil concentró a varios de los hombres más longevos del mundo, un hecho poco común en las estadísticas globales, donde la superlongevidad se presenta con mayor frecuencia en mujeres.
Las entrevistas y evaluaciones médicas no mostraron patrones de dietas restrictivas ni rutinas específicas asociadas al alargamiento de la vida. La explicación comenzó a buscarse en un plano menos visible y más profundo.
Ahí apareció el factor genético. Brasil cuenta con una población formada por la mezcla histórica de raíces indígenas, africanas, europeas y asiáticas. Esta diversidad genética se convirtió en el principal foco de investigación.
Un mapa genético fuera de lo común
Equipos de la Universidad de São Paulo analizaron el ADN de personas mayores y de sus familias. Los resultados identificaron más de ocho millones de variantes genéticas que no figuraban en otras bases de datos internacionales.
Estas variantes aparecen con mayor frecuencia en poblaciones mestizas y no en grupos genéticamente homogéneos. Los científicos señalaron que varias de ellas se relacionan con funciones de protección celular y con respuestas inmunológicas estables a lo largo del tiempo.
El hallazgo abrió una línea de estudio distinta a la que dominó la genética durante décadas. Gran parte de los datos globales se construyó a partir de poblaciones europeas o asiáticas, lo que dejó fuera mecanismos presentes en otras regiones del mundo.
En Brasil, el mestizaje dejó huellas medibles en el genoma. Para los investigadores, ese mosaico genético explica por qué algunas personas alcanzan edades extremas con un nivel funcional que desafía los promedios conocidos.
México: 12 rostros que desafían al tiempo
Al igual que el gigante sudamericano, México ha escalado posiciones en la superlongevidad, empatando con Brasil al registrar 12 supercentenarios vivos entre casos verificados y en validación avanzada. El país destaca por figuras como Eulalia Bravo Bravo, de 112 años, y Higinio Velasco Cisneros, de 110 años, cuya edad fue validada científicamente en enero de 2026.
Estos "escapistas" mexicanos, que retrasan la discapacidad hasta los 93 años en promedio, confirman que en regiones como Hidalgo y Veracruz, la genética está reescribiendo los límites de la vida. Históricamente, el récord nacional lo ostenta Sofía Mendoza Valencia, quien falleció a los 114 años.
Familias donde la edad se repite
La longevidad tampoco apareció como un hecho aislado. En varias investigaciones surgieron familias completas con edades avanzadas. Un caso documentado muestra a una mujer de 110 años con sobrinas de 100, 104 y 106 años.
En esa misma familia, una de las integrantes practicó natación de competencia al cumplir un siglo de vida. Estos registros reforzaron la hipótesis de un componente hereditario asociado a la superlongevidad.
Los estudios comparativos indicaron que hermanos de personas centenarias alcanzan esa edad con una probabilidad significativamente mayor que el promedio poblacional. La transmisión genética se consolidó como una línea central de análisis.
Este patrón familiar permitió ampliar las muestras y seguir el rastro de variantes genéticas compartidas entre generaciones.
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La maratón de la vida es femenina
Un dato que intriga a los gerontólogos es que el 90% de los supercentenarios del mundo son mujeres. De los 314 casos verificados globalmente en 2026, 291 son mujeres frente a solo 23 hombres.
La ciencia sugiere que poseer dos cromosomas X y variantes genéticas que protegen el sistema reproductor también blindan el resto del cuerpo, permitiendo a las mujeres "ganar la maratón de la longevidad" con mayor resistencia a enfermedades relacionadas con la edad.
La pandemia como punto de observación
El año 2020 aportó un dato inesperado. Tres supercentenarios brasileños contrajeron COVID-19 antes del inicio de las campañas de vacunación. Los tres sobrevivieron a la infección.
Los análisis clínicos mostraron respuestas inmunológicas activas. En particular, las células T CD4+ mantuvieron funciones de defensa comparables a las observadas en adultos jóvenes, según los registros de laboratorio.
Los investigadores documentaron que estas células conservaron capacidad para eliminar patógenos y proteínas dañadas. El envejecimiento, en estos casos, no se reflejó como una pérdida acelerada de funciones biológicas.
Este episodio reforzó el interés internacional por estudiar el envejecimiento desde la adaptación y no solo desde el deterioro.
Un fenómeno que amplía el enfoque global
La evidencia acumulada colocó a Brasil en el centro de nuevas discusiones científicas. Los especialistas señalaron la necesidad de ampliar los estudios genómicos hacia poblaciones diversas y no limitar los análisis a regiones tradicionales.
El caso brasileño mostró que la superlongevidad no depende exclusivamente de tecnología médica avanzada. También reveló que la historia genética de un país influye en la forma en que sus habitantes envejecen.
Hoy, estos hombres y mujeres forman parte de proyectos que buscan entender cómo ciertos cuerpos resisten el paso del tiempo con estabilidad funcional. Sus historias circulan entre laboratorios, universidades y medios de divulgación científica.
Desde casas modestas y rutinas sencillas, Brasil aportó pistas que la ciencia global empezó a seguir con atención. En esas vidas largas, la investigación encontró datos, pero también una narrativa que conecta biología, historia y diversidad humana.
VGB
