Para quienes viven con piedras en el riñón, el dolor suele llegar sin aviso y cambia la rutina en minutos. Cada episodio obliga a detener planes, soportar tratamientos prolongados o enfrentar procedimientos médicos complejos. En ese camino, la ciencia empieza a contar una historia distinta.
Desde Canadá, la Universidad de Waterloo encabeza una investigación que propone una solución directa y localizada. Un equipo de especialistas desarrolló microrobots capaces de viajar dentro del cuerpo humano para actuar justo donde se forma el cálculo renal.
Estos dispositivos miden cerca de un centímetro y cuentan con una estructura flexible. Su diseño permite que recorran el sistema urinario sin interferir con los tejidos, lo que amplía las opciones para pacientes con episodios repetidos de esta condición.
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El desarrollo se enfoca en personas que no acceden con facilidad a cirugías o que enfrentan tratamientos largos sin resultados inmediatos.
Un aliado pequeño que actúa con precisión
El microrobot no rompe la piedra ni la empuja. Su acción ocurre a nivel químico. Cada dispositivo transporta una enzima llamada ureasa, que modifica el entorno de la piedra al reducir la acidez de la orina.
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Este cambio inicia la disolución de los cálculos de ácido úrico. Con el paso de los días, la piedra reduce su tamaño hasta permitir su expulsión natural, sin fragmentación ni intervención invasiva.
En pruebas de laboratorio, los investigadores observaron una reducción de hasta 30% del peso de las piedras en un periodo de cinco días. Los ensayos se realizaron en modelos que replican condiciones reales del sistema urinario.
El proceso abre una alternativa para pacientes que enfrentan ciclos constantes de dolor y recuperación.
Médicos que guían el camino desde fuera
El recorrido del microrobot se realiza bajo supervisión médica. Un brazo robótico con control magnético permite dirigir el dispositivo, mientras el personal observa su avance mediante ultrasonido en tiempo real.
Este seguimiento ofrece precisión durante todo el procedimiento. La guía visual ayuda a llevar el microrobot directamente al punto donde se encuentra la piedra.
La doctora Veronika Magdanz, investigadora de la Universidad de Waterloo y líder del proyecto, explicó que la meta consiste en ofrecer una opción que reduzca el dolor en menos tiempo y con menor impacto para el paciente.
La tecnología se diseñó para integrarse a entornos clínicos ya existentes.
Ciencia que busca aliviar, no invadir
El proyecto continúa en fase de desarrollo y ajuste. El equipo de investigación trabaja en mejorar materiales y control, con la intención de ampliar su aplicación futura.
Para pacientes con antecedentes recurrentes de piedras en el riñón, este avance representa una posibilidad distinta. La expectativa se centra en acortar procesos y evitar intervenciones repetidas.
Desde la Universidad de Waterloo, este trabajo refleja una tendencia médica que prioriza soluciones menos invasivas y más dirigidas al bienestar del paciente.
En un campo donde el dolor suele marcar la experiencia, este microrobot introduce una idea sencilla y poderosa: la tecnología también puede cuidar desde dentro, con precisión y esperanza.
VGB
