Hortense tenía 15 años cuando médicos le detectaron un tumor en el tronco encefálico. En ese momento participaba en la vida comunitaria de Ostian, en Francia. El diagnóstico modificó la rutina de su casa, integrada por cinco hijos. El tratamiento inició de forma inmediata y reorganizó tiempos y prioridades.
La enfermedad no quedó limitada al ámbito médico. La vida familiar giró alrededor de consultas, traslados y periodos de reposo. Padres e hijos compartieron decisiones diarias vinculadas al cuidado. El proceso involucró a todo el hogar desde el primer día.
Durante el tratamiento, Hortense continuó con actividades académicas y personales. Practicó tenis, cursó estudios universitarios y desarrolló proyectos de escritura. Estas acciones formaron parte de su día a día junto con las terapias médicas. La vida siguió con ajustes constantes.
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La experiencia familiar se sostuvo en la comunicación entre hermanos. Cada integrante asumió tareas distintas dentro de la casa. El acompañamiento permitió enfrentar momentos de incertidumbre sin romper la convivencia cotidiana. La enfermedad marcó una etapa compartida.
Años después, Hortense relató su historia a la organización Imagine for Margo. En esa entrevista afirmó: “Detrás de cada niño hay una familia que lucha”. La frase resume la forma en que vivió el proceso desde el interior del hogar.
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La familia dentro y fuera del hospital
El tratamiento incluyó atención hospitalaria y apoyo externo. Asociaciones civiles brindaron acompañamiento a la familia fuera de las consultas médicas. Estos espacios permitieron mantener vínculos sociales y rutinas básicas durante el proceso. El respaldo evitó el aislamiento prolongado.
Hortense señaló que el apoyo familiar influyó en su estabilidad diaria. En entrevista con Imagine for Margo, explicó que la enfermedad se enfrenta en conjunto y no de manera individual. El hogar funcionó como un punto de equilibrio frente a estudios y tratamientos.
Tras superar la etapa más intensa del tratamiento, Hortense orientó su formación hacia la medicina. A los 26 años cursa la residencia en pediatría. Su decisión surgió a partir del contacto directo con el sistema de salud durante su adolescencia. Hoy atiende a otros menores.
Desde su práctica médica, destaca la necesidad de investigación específica en cáncer infantil. Explica que los tumores en menores presentan características distintas a los de adultos. Por ello, llama a fortalecer estudios y financiamiento enfocados en la infancia.
La historia de Hortense conecta el diagnóstico con la vida familiar y la vocación médica. Su testimonio muestra un proceso que se vivió en casa y en comunidad. El relato circula como referencia sobre el papel del acompañamiento familiar en la atención del cáncer infantil.
VGB
