TIERRAS RARAS

Tierras Raras: el costo ambiental y humano del dominio chino

El dominio de China en la extracción y procesamiento de tierras raras conlleva un alto costo ambiental y humano; Minas como Bayan Obo y Ganzhou causan contaminación del agua y suelo, lodo radiactivo y problemas de salud por un enfoque de "desarrollar primero, limpiar después"

Minas de tierras raras
Minas de tierras rarasCréditos: Istockphoto | Ilustrativa
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El dominio global de China en la extracción y procesamiento de tierras raras, elementos cruciales para la tecnología moderna conlleva un alto costo ambiental y humano, un precio documentado en detalle por equipos de periodismo visual como los de la BBC, quienes han explorado las realidades en los centros mineros chinos.

En Bayan Obo, Mongolia Interior, uno de los principales centros mineros para la extracción de tierras raras en el mundo, el paisaje es una "extensión de tierra gris excavada y arrasada", con "oscuras nubes de polvo" que se elevan de profundos cráteres en las praderas.

Ahí se extraen tierras raras como el neodimio y el disprosio, vitales para imanes potentes en vehículos eléctricos y discos duros. El proceso de extracción implica remover la capa superior del suelo, liberando polvo dañino con altos niveles de metales pesados y material radiactivo.

Las imágenes satelitales revelan cómo la mina de Bayan Obo ha duplicado su tamaño en 25 años, y con ello, los depósitos de desechos han crecido. La actividad minera ha creado lagos artificiales llenos de lodo radiactivo, como la presa Weikuang, construida en la década de 1950 para verter residuos.

En las décadas previas a 2010, los aldeanos cercanos a Baotou fueron diagnosticados con deformidades óseas y articulares debido al exceso de fluoruro en el agua y toxicidad aguda por arsénico.

Aunque las autoridades reubicaron a los aldeanos, el depósito de relaves de 11 km de longitud sigue lleno de lodos arcillosos grises que incluyen torio radiactivo, con estudios que sugieren que esta mezcla tóxica podría filtrarse lentamente en las aguas subterráneas y alcanzar el río Amarillo, una fuente clave de agua potable.

Ganzhou: lixiviación tóxica y desafíos comunitarios

Más al sur, en Ganzhou, provincia de Jiangxi, el método de extracción implica inyectar toneladas de sulfato de amonio, cloruro de amonio y otros químicos en la tierra para separar los metales. Esto ha llevado a la formación de "pilas de lixiviación" circulares, llenas de residuos tóxicos sobre colinas empinadas y erosionadas, expuestas a la intemperie.

Décadas de investigación han vinculado estas minas con la deforestación, erosión del suelo y fugas de sustancias químicas en ríos y tierras de cultivo.

Aunque el gobierno chino intentó regular la situación en 2012 reduciendo las licencias mineras, la zona ya había sufrido daños considerables. Agricultores locales, como Huang Xiaocong, cuyas tierras están rodeadas por yacimientos de tierras raras, denuncian que las prácticas mineras inadecuadas aún provocan deslizamientos de tierra.

Huang acusa a la empresa estatal de apropiación ilegal de tierras y lamenta la "tolerancia e inacción de las autoridades", describiendo la vulnerabilidad de los agricultores como un problema "demasiado grande" que debe ser resuelto por el gobierno.La sensibilidad de las autoridades chinas a estas críticas quedó patente cuando, durante una entrevista de la BBC con Huang, fueron rodeados por hombres que les impidieron la salida.

Un Dilema Persistente: Desarrollo vs. Salud

La situación de las comunidades alrededor de estas minas es el resultado del antiguo enfoque minero de China de "desarrollar primero y limpiar después". A pesar de los esfuerzos actuales por mitigar el daño, las consecuencias persisten. La extracción de una sola tonelada de minerales de tierras raras genera alrededor de 2,000 toneladas de desechos tóxicos, una cifra alarmante dada la creciente demanda de tecnologías modernas.

Sin embargo, este panorama presenta una compleja dualidad. Curiosamente, algunos agricultores de Bayan Obo se han adaptado a la vida en la capital mundial de las tierras raras. A pesar de que los metales han devastado sus tierras y contaminado sus aguas, también les han proporcionado empleo y una fuente de ingresos.

Un agricultor comentó: "Con las tierras raras, ahora hay dinero", prefiriendo los 5,000 o 6,000 yuanes mensuales (aproximadamente 837 dólares estadounidenses) de la minería, frente a la pérdida de dinero pastoreando caballos, un medio de vida tradicional.

Esta adaptación forzada encapsula el complejo dilema que enfrentan las comunidades en el corazón de la minería de tierras raras en China, donde el progreso tecnológico global tiene un alto precio ambiental y humano local.

Minas de tierras raras: Istockphoto | Ilustrativa 

El dominio de China sobre las tierras raras

China ha consolidado un control casi absoluto sobre estos metales, manejando más del 70% de la producción mundial y entre el 85% y el 90% de la capacidad global de procesamiento. En el caso de las tierras raras pesadas, que son más críticas y difíciles de obtener, China refina el 99% del total mundial.

Este dominio no se debe a una ventaja geográfica inherente, sino a una estrategia a largo plazo y a su capacidad de refinar los minerales, incluso recibiendo la mayor parte de la producción de la única mina operativa de Estados Unidos, Mountain Pass, para su procesamiento.

La dependencia de países como Estados Unidos y Europa de las tierras raras chinas ha expuesto graves vulnerabilidades, provocando escasez y trastornos significativos en las cadenas de suministro globales.

Pekín utiliza este control como una poderosa herramienta geopolítica y económica, incluso añadiendo siete tierras raras a su lista de control de exportaciones en respuesta a aranceles, citando razones de seguridad nacional y buscando mejorar su influencia en negociaciones.

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Minas de tierras raras: Istockphoto | Ilustrativa 

¿Por qué es relevante el tema?

La contaminación causada por la minería de tierras raras es un tema relevante debido a su impacto ambiental, social y geopolítico. Las tierras raras —un grupo de 17 elementos químicos— son esenciales para la fabricación de tecnologías modernas como teléfonos inteligentes, vehículos eléctricos, turbinas eólicas, paneles solares y equipos militares. Su demanda ha crecido significativamente con la transición energética y la digitalización global.

Sin embargo, la extracción y procesamiento de estos minerales implica el uso de grandes cantidades de agua y productos químicos tóxicos como ácido sulfúrico, lo que puede generar residuos radiactivos y provocar la contaminación del suelo, del aire y de fuentes hídricas.

Este proceso ha causado daños ambientales graves en países como China, el mayor productor mundial, donde regiones mineras han sufrido degradación ecológica, pérdida de biodiversidad y problemas de salud pública en comunidades locales.

Además, la concentración de la producción en pocos países plantea riesgos geopolíticos y éticos, pues algunas explotaciones han sido asociadas a condiciones laborales precarias, desplazamiento de comunidades y falta de regulación ambiental. A medida que aumenta la demanda global, otros países buscan abrir minas propias, lo que ha encendido debates sobre los costos sociales y ecológicos de esta actividad frente a sus beneficios tecnológicos.

La relevancia del tema radica en la necesidad de equilibrar el acceso a recursos clave para la innovación y la lucha contra el cambio climático, con prácticas mineras más responsables, el desarrollo de tecnologías de reciclaje y la implementación de normas ambientales más estrictas para minimizar los daños a largo plazo.

VGB