El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, afirmó que contempla la posibilidad de permanecer en el poder durante una década más. La declaración ocurrió durante una entrevista concedida a un creador de contenido español a finales de es mes de diciembre de 2025. El mandatario sostuvo que se trata de una disposición personal sujeta a la decisión ciudadana en las urnas.
Durante la conversación, Bukele expresó: “Si por mí fuera, yo seguiría 10 años más”, y precisó que se trata de una preferencia personal y no de una determinación automática. Agregó que su continuidad dependerá de distintos factores, entre ellos la opinión del país y de su entorno familiar.
El presidente explicó que su planteamiento se relaciona con los recientes cambios al calendario electoral. Señaló que, de ganar los comicios adelantados de 2027, su mandato se extendería conforme a la nueva legislación. Al respecto, afirmó: “Si gano en 2027 ya no me puedo ir en 2029… eso lo empuja al 2033”.
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Bukele también hizo referencia a acuerdos previos en su vida privada. Indicó que había considerado retirarse en 2029, pero reconoció que ese escenario ahora se encuentra en revisión. “El acuerdo que tengo con mi esposa es que llegamos hasta el 2029”, declaró durante la entrevista.
El anuncio se produjo en un contexto de transformaciones legales impulsadas por el oficialismo. Durante 2025, el Congreso salvadoreño aprobó reformas que modificaron de forma sustancial las reglas de competencia política y de permanencia en el poder ejecutivo.
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Reforma constitucional y nuevo esquema electoral
El 31 de julio de 2025, la Asamblea Legislativa aprobó una reforma constitucional que habilita la reelección presidencial indefinida. La votación ocurrió con el respaldo de la mayoría parlamentaria del partido Nuevas Ideas. La modificación también amplió el periodo presidencial de cinco a seis años.
La reforma eliminó la segunda vuelta electoral en las elecciones presidenciales. Con este ajuste, el cargo se asignará a la candidatura que obtenga la mayor cantidad de votos en una sola jornada. Asimismo, la nueva normativa estableció la coincidencia de elecciones presidenciales, legislativas y municipales.
Otro cambio central consistió en el adelanto de los comicios generales. El mandato presidencial en curso, que concluía en 2029, finalizará de forma anticipada el 1 de junio de 2027. A partir de entonces, el nuevo periodo presidencial se extenderá hasta 2033 en caso de reelección.
Desde el oficialismo, estas modificaciones se presentaron como una reorganización institucional. Funcionarios señalaron que el nuevo esquema busca dar continuidad administrativa y certeza jurídica. Las disposiciones ya rigen el proceso electoral previsto para 2027.
Críticas internas y señalamientos externos
Las reformas constitucionales generaron reacciones adversas en sectores de la oposición. Legisladores opositores expresaron que los cambios afectan el principio de alternancia en el poder. Algunos señalaron que el proceso legislativo avanzó sin una consulta amplia a la ciudadanía.
Organizaciones internacionales dedicadas a la defensa de derechos humanos también emitieron pronunciamientos. En sus informes advirtieron sobre la concentración de poder en el Ejecutivo y el debilitamiento de los contrapesos institucionales. Estos organismos colocaron el caso salvadoreño dentro de una tendencia regional de reformas estructurales.
Ante estos señalamientos, Bukele rechazó las acusaciones de autoritarismo. En diversas declaraciones públicas sostuvo que las críticas no influyen en su conducción del gobierno. “Me tiene sin cuidado que me llamen dictador”, afirmó en referencia a los calificativos que recibe desde el extranjero.
El presidente añadió que su permanencia no responde a una imposición. Insistió en que el futuro de su gobierno depende del voto ciudadano. “Correspondería a los salvadoreños decidir si debe continuar en el poder”, declaró en relación con las elecciones de 2027.
Argumentos oficiales y entorno internacional
Bukele defendió la reelección indefinida al compararla con sistemas políticos de países desarrollados. Durante la entrevista, sostuvo que “el 90% de los países desarrollados permiten la reelección indefinida de su jefe de gobierno”. Según su postura, las críticas responden a un trato diferenciado hacia países con menor peso económico. No obstante, su afirmación es falsa, ya que la mayoría de países desarrollados no permiten la reelección indefinida.
En el plano internacional, El Salvador mantiene una relación estrecha con Estados Unidos. Analistas destacan que este vínculo distingue el caso salvadoreño de otros gobiernos de la región que enfrentan sanciones diplomáticas. La cooperación bilateral se centra en temas migratorios y de seguridad.
Voceros estadounidenses evitaron equiparar la reforma salvadoreña con procesos ocurridos en Venezuela o Nicaragua, donde sus mandatarios, reelectos de forma indefinida, no son del agrado de Washington y por tanto son acusados de dictadores. La relación con Washington otorga al gobierno salvadoreño un margen de interlocución externa en medio de los cambios internos.
Las elecciones presidenciales de 2027 marcarán el siguiente punto clave del proceso político. Bajo el nuevo marco constitucional, los comicios definirán si Nayib Bukele inicia un nuevo periodo que se extendería hasta 2033 conforme a las reglas vigentes.
VGB
