El invierno en Minnesota no da tregua, y para quienes viven en la calle cada descenso de temperatura puede ser una amenaza.
En ese escenario hostil, trabajadores de alcance social recorren campamentos, estacionamientos y rincones ocultos para llevar ayuda directa a las personas sin hogar. Entre ellos destaca Anvis Aryavong, director de programas de divulgación en Agate Housing and Services, una organización sin fines de lucro de Minneapolis que trabaja desde la cercanía y la confianza.
Una historia marcada por la calle
Aryavong, de 43 años, nació y creció en Minneapolis dentro de una familia inmigrante de Laos. A los 22 años se mudó a Las Vegas, donde cayó en la adicción y perdió su vivienda. Al regresar a Minnesota en 2015, la falta de hogar continuó acompañándolo.
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Vivió en casas de amigos, refugios temporales, su automóvil y campamentos improvisados en la ciudad. Esa experiencia le permitió conocer, desde dentro, el miedo, la desconfianza y la fragilidad de quienes sobreviven en la intemperie.
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Ayudar desde la empatía
Hoy, Aryavong recorre la ciudad con kits de higiene, agua embotellada, calcetines, Narcan y folletos de servicios de vivienda y tratamiento de adicciones. Pero su mayor herramienta no cabe en una mochila: es la empatía. Su método consiste en generar confianza, ofrecer apoyo sin juicios y atender lo que la persona necesita en ese momento. “Intento ponerme en su lugar y pensar qué tendría sentido para mí”, ha explicado.
Durante una jornada de noviembre, Aryavong se encontró con Stormy y su pareja, quienes vivían en tiendas de campaña cerca de Lake Street tras haber sido desalojados de otro campamento. Para ellos, mantenerse juntos es una forma de protección y comunidad frente a un sistema que, aseguran, cada vez ofrece menos opciones.
Un sistema bajo presión
La falta de vivienda sigue siendo uno de los problemas más visibles en las Twin Cities. Campamentos surgen y son desmontados mientras los refugios operan al límite. En el condado de Hennepin, más de 3 mil personas estaban sin hogar en enero de 2025 y apenas había 65 camas disponibles en una mañana de diciembre. A esto se suman recortes federales y políticas que priorizan la erradicación de campamentos, dispersando a las personas hacia zonas cada vez más aisladas.
Un espacio seguro que inspira
Para Aryavong, su labor no es “rescatar”, sino acompañar. Tras buscar tratamiento para su adicción en 2021, descubrió su vocación al ver el impacto que los trabajadores sociales tenían en la vida de otros. Desde agosto de 2022 trabaja en Agate, donde hoy dirige el equipo de alcance. Su objetivo es claro: ser una fuente de consuelo y un espacio seguro para quienes enfrentan el invierno sin un techo.
En tiempos de frío extremo y narrativas punitivas, la historia de Anvis Aryavong recuerda que la experiencia vivida puede convertirse en poder, y que la confianza, cuando se construye desde la calle, también puede salvar vidas.
LSHV
