MIGRANTES EN CDMX

Drogas, armas y extorsiones: lo que viven migrantes en La Merced

Hace tres meses Wendy abandonó Puno, Perú, su ciudad natal, que se ubica dentro de las 3 áreas más austeras del país con un índice de pobreza del 40%

Migrantes peruanos narran las inclemencias de permanecer en el barrio bravo de la Ciudad de México
La Merced.Migrantes peruanos narran las inclemencias de permanecer en el barrio bravo de la Ciudad de MéxicoCréditos: Tania Aguilar | La Silla Rota
Escrito en METRÓPOLI el

Dormir, comer y vivir en la calle, en condiciones de hacinamiento, violencia y con temperaturas de hasta 4 grados es la cotidianidad de más de 1,000 migrantes que pernoctan en la plaza ubicada frente a la Parroquia de la Soledad, en el barrio de La Merced. Se trata de uno de los campamentos migrantes más grandes en la Ciudad de México

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Desde hace 30 días aquí vive Wendy. En una casa de campaña, de poco más de un metro de ancho, duerme con sus tres hijos. Sobre cartones y colchonetas, ha sobrellevado las lluvias y las bajas temperaturas que han azotado a la Ciudad de México. 

“Nos ha llovido, nos hemos mojado, el frío. Se nos han mojado las cosas, las sábanas, los cartones. (…) Abandonamos el país por la situación económica, porque los niños allá no tienen educación, dan clases un día y quince no. No tienen buena educación”. 

Hace tres meses Wendy abandonó Puno, Perú. Su ciudad natal se ubica dentro de las 3 áreas más austeras del país con un índice de pobreza del 40%, de acuerdo con cifras del Instituto Peruano de Economía. Las ciudades que encabezan la lista son Cajamarca y Huanuco, con índices de 44.3% y 42.2%, respectivamente. 

En la Ciudad de México, Wendy no solo se ha enfrentado a las adversidades del clima, sino también a situaciones de violencia que han puesto en riesgo su integridad y la de sus hijos. Antes de arribar al campamento de La Merced, pernoctó algunos días en la Plaza Giordano Bruno, ubicada en la colonia Juárez, en la alcaldía Cuauhtémoc, de donde tuvo que salir huyendo debido a la situación de riesgo. 

“Donde estábamos había mucha locura junta. Había un colombiano que estaba vendiendo los espacios. Un día llegó un hombre armado y sacó pistola delante de los niños y la gente peleaba. Nos hacían cobros por poner una casa de campaña, también venden droga ahí.  Aquí, cuando la iglesia abre en mañana, una se siente más segura. El sacerdote abre temprano y en la noche también y ya nos da más seguridad”. 

Aunque la Parroquia de la Soledad también funge como albergue, Wendy no ha conseguido un lugar para ella y sus hijos debido al hacinamiento del lugar, donde actualmente duermen alrededor de 800 migrantes. Sin embargo, todos los días hace fila para recibir una dotación de alimentos por parte del sacerdote Javier Torres Cervantes. 

“El sacerdote nos da comida, estadía para dormir, pero es mucha gente, ya no cabemos allá adentro. Acá afuera es más difícil todo, yo con mis tres hijos tengo que estar al pendiente de que no se acerque gente mala, porque hay vagabundos que se han acercado a las casas o que nos piden que les demos alguna moneda, pero una ya no sabe si le van a hacer algo”. 

En los próximos días Wendy seguirá su camino por México rumbo a Estados Unidos, en espera de encontrar el “sueño americano” y darle una mejor calidad de vida a sus hijos.

“En nombre de Dios buscamos llegar a Estados Unidos, que todo salga bien. Estamos esperando la cita migratoria. Gracias a Dios nos ha puesto gente buena, en México nos han tratado bien. Pero, lo que es Panamá y Costa Rica nos veían raro y fue muy peligroso cruzar”. 

Ahora lo único que Wendy lleva consigo es la esperanza de encontrar una mejor vida, pues se ha quedado sin papeles y sin artículos personales. 

“Si hemos buscando trabajo, pero piden muchos papeles. Ni traemos acta de nacimiento, estamos viajando, se han mojado todos los papeles, la ropa. En un trabajo le dije a la señora -esto es lo único que tengo. No tengo zapatos, no tengo ropa, no tengo nada-“.