ARTESANÍAS

Hechas a mano y con historia: así se elaboran las máscaras tradicionales de Huejutla que recorren México

Desde la Huasteca hidalguense, el artesano Miguel Hernández Hernández preserva la tradición de las máscaras de madera para los carnavales, un oficio nacido de la necesidad comunitaria que hoy trasciende fronteras y resiste el avance de los productos industrializados

Desde hace 9años, Miguel se dedica a tallar máscaras de madera
Artesano.Desde hace 9años, Miguel se dedica a tallar máscaras de maderaCréditos: Jessica Manilla / LSR Hidalgo
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En la localidad de Axihuiyo, perteneciente al municipio de Huejutla, prevalece una de las expresiones culturales más representativas de los carnavales y danzas tradicionales: la máscara de madera, y detrás de ese trabajo artesanal está Miguel Hernández Hernández, quien ha logrado posicionar su obra dentro y fuera de la entidad, defendiendo la tradición frente al avance de los productos industrializados.

Miguel comenzó su camino como artesano hace aproximadamente nueve años, cuando tenía poco más de veinte años, su acercamiento al tallado no nació de un proyecto económico ni de una herencia familiar, sino de una necesidad profundamente ligada a la vida comunitaria: el deseo de participar en las cuadrillas de danza de su localidad.

“Yo quería bailar con las cuadrillas, pero todos ocupaban máscaras de madera y yo no tenía. Quise comprar una, pero no me alcanzó”, relata. Ante la falta de recursos, tomó una decisión que cambiaría su vida: intentar hacer su propia máscara.

De la necesidad al oficio

Sin un maestro que lo guiara, Miguel comenzó a experimentar con la madera, tallando una primera máscara sencilla, de las tradicionales, sin imaginar que ese intento marcaría el inicio de un oficio que hoy desarrolla durante todo el año.

Su talento no pasó inadvertido, vecinos y conocidos comenzaron a notar la calidad de su trabajo y pronto llegaron los primeros encargos. “Me empezaron a pedir, cada vez más máscaras, fueron corriendo la voz, y así fue como empezó todo”.

Durante los primeros cuatro años, la elaboración de máscaras fue una actividad temporal, ligada principalmente a las temporadas festivas. No fue sino hasta hace cinco años que Miguel decidió dedicarse de manera más constante, convirtiendo el tallado en su principal actividad productiva, aunque complementada con otras expresiones artísticas como el dibujo, la rotulación y el tatuaje.

La madera como materia prima

De acuerdo con Miguel, las máscaras que elabora se distinguen por su ligereza y resistencia. Para ello utiliza principalmente madera de pemuche o colorín, una especie reconocida por su bajo peso una vez seca, lo que permite que las piezas sean cómodas para los danzantes, incluso en jornadas largas como las de carnaval.

La obtención de la materia prima también refleja una visión de aprovechamiento responsable, ya que el artesano recolecta la madera de árboles caídos o de aquellos que son retirados durante construcciones en la comunidad. “Si la gente va a tirar el árbol, me avisan y yo voy por él. No le desperdicio ningún pedazo, los recortes sobrantes del tallado son reutilizados para detalles específicos, como orejas o cuernos en las máscaras de diablo, algunas de las más solicitadas para carnavales en distintas regiones del país”.

El proceso de elaboración varía según la complejidad de la pieza. Una máscara sencilla puede tardar apenas un par de horas en el tallado y vaciado, mientras que una más elaborada puede requerir toda una jornada solo para darle forma.

“El lijado y el pulido es lo más tardado”, explica Miguel, aunque la pintura, realizada generalmente con esmalte, puede completarse en un día, el proceso previo exige paciencia y atención al detalle. En total, una máscara compleja puede tomar hasta una semana de trabajo.

Entre las piezas más grandes que ha realizado destacan las máscaras de diablo de aproximadamente 60 centímetros, utilizadas en carnavales tradicionales, donde el impacto visual y simbólico es fundamental.

Del taller local al escenario nacional

El trabajo de Miguel Hernández ha trascendido los límites de Huejutla; ha representado en cuatro ocasiones al estado de Hidalgo en el Festival Internacional de Máscaras Danzantes, considerado el evento más importante de su tipo en México.

Para Miguel el principal reto de su oficio no es únicamente económico, sino cultural. La preferencia por máscaras de plástico ha impactado directamente en las ventas de artesanos tradicionales, además de generar comparaciones injustas de precio.

“Regatean o comparan algo artesanal con algo de plástico, sin tomar en cuenta el proceso, los materiales, el tiempo y la mano de obra”, señaló que, incluso en una máscara sencilla, la inversión inicial en materiales puede rondar los 200 pesos, sin contar horas de trabajo ni el pago a ayudantes.

Un oficio abierto a nuevas generaciones

Consciente de que la continuidad de la artesanía depende de las nuevas generaciones, Miguel mantiene su taller abierto a jóvenes interesados en aprender. No exige experiencia previa ni herramientas costosas. “Nada más ganas”, resume.

Los materiales básicos: cuchillos, cúteres y formones, son suficientes para comenzar, aunque enfatiza que la creatividad es indispensable. Su invitación es: “consumir artesanía local, valorar el trabajo manual y preservar la identidad cultural” que, como la madera que talla, sigue viva en cada máscara.

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