OPINIÓN

Mujeres delegando el voto … ¿a quién?

El voto no es únicamente un derecho político. Es la expresión más elemental de la autonomía ciudadana, la posibilidad de influir en las decisiones públicas que afectan precisamente aquello que tantas mujeres sostienen día con día | VIOLETA SOSA ZAMORA

Voto femenino.
Escrito en HIDALGO el

Desde hace días sabemos de discursos que invitan a las mujeres a regresar a un papel exclusivamente doméstico o incluso a dejar que otros tomen por ellas las decisiones políticas. Algunas corrientes llegan a sugerir que, dentro y fuera del matrimonio, el hombre podría representar la voluntad de toda la familia, incluso en las urnas ya que deberían de votar los esposos, padres o hermanos varones.

Sin embargo, la historia de México nos recuerda que el derecho al voto femenino no fue un privilegio otorgado por generosidad, sino una conquista lograda gracias al trabajo incansable de mujeres extraordinarias como Hermila Galindo, quien desde principios del siglo XX defendió públicamente la ciudadanía plena de las mujeresElvia Carrillo Puerto, conocida como la Monja Roja del Mayab, que organizó a miles de mujeres y llegó a ser una de las primeras diputadas del país; Refugio “Cuca” García, incansable promotora de los derechos políticos femeninos; Amalia Castillo Ledón, diplomática y activista que llevó la causa hasta los más altos espacios de decisión nacional e internacional; y muchas otras mexicanas cuya perseverancia abrió el camino para que, finalmente, en 1953 se reconociera constitucionalmente el derecho de las mujeres a votar y ser votadas.

Aquellas mujeres no lucharon para que décadas después otras entregaran voluntariamente ese derecho, esa reflexión adquiere todavía mayor relevancia cuando observamos la realidad mexicana.

Hoy, millones de hogares son encabezados por mujeres. Son madres que trabajan, administran el patrimonio familiar, pagan servicios, sostienen económicamente a sus hijos, a sus adultos mayores y hasta a la familia política, todo ello mientras toman decisiones sobre salud, educación y alimentación, enfrentan solas las dificultades cotidianas y, en muchos casos, realizan todo ante la ausencia del padre o de una pareja, por lo que la “sugerencia” de delegar el voto resulta una contradicción bastante fuera de lugar.

¿Cómo decirle a una mujer que puede dirigir un hogar, sacar adelante una familia y enfrentar por sí sola las adversidades de la vida, que alguien más debe decidir por ella quién gobernará su municipio, su estado o su país?

El voto no es únicamente un derecho político. Es la expresión más elemental de la autonomía ciudadana, la posibilidad de influir en las decisiones públicas que afectan precisamente aquello que tantas mujeres sostienen día con día: la seguridad de sus hijos, el acceso a la educación, la salud, el empleo y la justicia. No se trata de que todas las mujeres piensen igual ni voten por las mismas opciones políticas. La democracia necesita pluralidad y lo verdaderamente importante es que cada mujer decida libremente, después de informarse, reflexionar y ejercer un derecho que pertenece únicamente a ella.

Porque quien renuncia a su voz, inevitablemente termina viviendo bajo la voz de otros.

Las mexicanas de hoy somos herederas de una lucha centenaria. Cada voto emitido honra a aquellas mujeres que fueron ignoradas, ridiculizadas e incluso perseguidas por exigir algo que hoy parece tan natural y por ello no podemos permitir que una conquista histórica se convierta, por comodidad, presión social o moda ideológica de quienes viven en un contexto social, económico, cultural y educativo distinto, en un derecho que se deja de ejercer.

Hemos demostrado que somos capaces de conducir hogares, empresas, universidades, tribunales, organizaciones sociales y espacios públicos. No necesitamos que nadie piense ni vote por nosotras, porque la libertad no consiste en que alguien decida por nosotros con buenas intenciones y será verdadera cuando conservemos siempre el derecho de decidir por nosotras mismas.

Y ese derecho, para las mujeres mexicanas, costó demasiado como para volver a entregarlo.

Violeta Sosa Zamora, columnista de LSR Hidalgo.