OPINIÓN

El partido más difícil: ganarle a la violencia

La FIFA publicó un estricto código de conducta para el Mundial 2026 en donde se prohíben diversos objetos que pueda generar pánico en un recinto con miles de personas. México activó además el llamado Plan Kukulcán para garantizar la vigilancia | VIOLETA SOSA ZAMORA

Mundial de Futbol 2026.
Escrito en HIDALGO el

Hace apenas tres años, el Estadio Corregidora de Querétaro se convirtió en el símbolo más doloroso de lo que el fútbol mexicano ha permitido que ocurra en sus tribunas. La batalla campal entre aficionados del Querétaro y del Atlas dejó más de veinte personas lesionadas, escenas de terror captadas en video que recorrieron el mundo entero y una pregunta que todavía no tiene respuesta satisfactoria: ¿qué estaban haciendo los responsables del estadio, del club y de la liga mientras aquello ocurría? Ese incidente no fue un accidente. Fue la consecuencia lógica de décadas de omisión.

Entre 1996 y 2024 se registraron al menos 103 eventos violentos en el fútbol mexicano, aficionados que pierden la vida en distintos estadios, peleas afuera de estos, agresiones a familias, incidentes, disturbios, delitos y casi siempre se responde con un comunicado de "saldo blanco".

Lo que ocurre en las gradas no puede separarse de lo que sucede en el campo. Los árbitros, figuras que encarnan la norma y el orden, son hoy víctimas sistemáticas de agresiones físicas y verbales por parte de jugadores, cuerpos técnicos y aficionados. Un análisis publicado en 2024 en la Revista Española de Derecho Deportivo calificó esta situación como "violencia sistemática" y propuso marcos penales específicos para sancionarla. Incluso fuera del terreno de juego, la Organización de las Naciones Unidas documentó en su informe de 2024 que el 21% de las niñas en el mundo ha sufrido abuso sexual en entornos deportivos durante su infancia, lo que revela que la violencia en el deporte tiene dimensiones mucho más profundas y silenciosas que las riñas visibles en las tribunas.

¿Por qué persiste el problema? La respuesta incómoda apunta a la complicidad porque la seguridad, en muchos casos, es un teatro y frente a este panorama, la respuesta institucional ha tenido que escalar. Legisladores mexicanos han presentado iniciativas para castigar la violencia en estadios con penas de hasta doce años de prisión, aplicables no solo a aficionados sino también a directivos y federaciones que incurran en omisiones. La FIFA, por su parte, publicó un estricto código de conducta para el Mundial 2026 en donde se prohíben diversos objetos que pueda generar pánico en un recinto con miles de personas. México activó además el llamado Plan Kukulcán para garantizar la vigilancia en las sedes del evento

Existirán selecciones y miles de aficionados de decenas de culturas distintas compartiendo el mismo espacio en tres países, siendo el experimento de convivencia más grande del deporte global con la oportunidad enorme de que México demuestre al mundo que es posible organizar un torneo sin que la violencia robe el protagonismo al juego.

Sin embargo, esperamos que esa civilidad no se quede solo en los estadios mundialistas, que no sea un barniz para la foto internacional, que cuando apaguemos las cámaras y regrese la Liga a sus rutinas, algo haya cambiado de verdad. Porque el partido más difícil no se jugará en la cancha, sino en la voluntad colectiva de exigir que el deporte sea, por fin, lo que siempre prometió ser: un espacio de encuentro, sana convivencia y esparcimiento, pero no de guerra.

Violeta Sosa Zamora, columnista de LSR Hidalgo.