Acabamos de celebrar a las madres con flores, desayunos y palabras bonitas sobre el amor incondicional, pero no hay que olvidar a las madres que en este país no pueden celebrar ni descansar porque sus hijos no están. Ellos no murieron en accidentes, ni se fueron por voluntad propia porque la realidad es que desaparecieron. Entonces ellas tuvieron que convertirse en investigadoras, forenses, rastreadoras, aprendieron a leer mapas, a usar GPS, a identificar olores de descomposición, a excavar la tierra con sus propias manos buscando huesos de sus hijos. Las madres buscadoras son la prueba viviente de que, en México, cuando el Estado falla, las madres no se rinden.
Hay más de 128,000 personas desaparecidas en México de acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No localizadas, cada número representa un hijo, una hija, un hermano, un padre, una madre y detrás de cada cifra hay una madre que no ha dormido completa una noche desde que su hijo salió y no regresó. Las madres han recorrido México entero siguiendo pistas que las autoridades ignoran, han excavado más fosas clandestinas que las fiscalías, han identificado cuerpos que se dejan refrigerados durante años sin nombre, sin investigación, sin dignidad y por ello han sido amenazadas, perseguidas y hasta asesinadas.
La ley establece que deben existir Comisiones de Búsqueda con recursos, personal capacitado, protocolos efectivos porque las familias tienen derecho a la verdad, a la justicia y a la reparación, pero eso muchas veces queda solo en un documento porque no están financiadas, carecen de personal, capacitación, etc. Las fiscalías archivan casos y los ministerios públicos les dicen a las madres que las desaparecidas "se fueron con el novio", que "andan en malos pasos", que "ya van a regresar".
Te podría interesar
Entonces las madres salen a buscar con palas, picos, varillas de acero que clavan en la tierra para detectar el olor de la descomposición, con fotografías de sus hijos que enseñan en cada pueblo, en cada carretera, preguntando "¿lo has visto?" Con la esperanza convertida en terquedad, porque rendirse significa aceptar que su hijo está muerto sin siquiera un cuerpo que enterrar. Y encuentran. Encuentran fosas que las autoridades nunca buscaron y restos que nunca identificaron.
El derecho a la verdad es un derecho humano reconocido internacionalmente. Las familias de personas desaparecidas tienen derecho a saber qué pasó, dónde están, quién es responsable. Pero en México, esos datos mínimos muchas veces se desconocen y cuando las madres exigen que se cumpla, se las trata como si fueran el problema porque su dolor es incómodo y por el contrario, se les criminaliza e ignora, se las revictimiza pidiéndoles que demuestren que sus hijos eran "buenos", como si alguien mereciera desaparecer por no serlo.
La verdadera forma de honrar a las madres no es con flores, es exigiendo que el Estado cumpla su obligación de buscar, financiando adecuadamente las Comisiones de Búsqueda, capacitando a fiscales y peritos, investigando de verdad sin archivar carpetas, protegiendo a las madres buscadoras en lugar de amenazarlas y entender que mientras haya una madre con una pala en la mano excavando la tierra buscando a su hijo, México le está fallando a sus madres de la forma más brutal posible.
Aunque en un verdadero estado de derecho lo razonable sería que no existieran personas desaparecidas.
Violeta Sosa Zamora, columnista de LSR Hidalgo.
