OPINIÓN

¿El Mundial vale más que la educación?

El argumento del Mundial de Futbol parece imponerse sobre la educación, lo cual ocurre en un país donde desde hace años los indicadores educativos arrastran rezagos, afectaciones pospandemia y enormes desigualdades en aprendizaje | MIGUEL ÁNGEL ISLAS

La SEP determino que el 5 de junio finaliza el ciclo escolar, 5 semanas antes de lo planeado.
Controversia por adelanto de vacaciones.La SEP determino que el 5 de junio finaliza el ciclo escolar, 5 semanas antes de lo planeado.Créditos: Imagen creada con Inteligencia Artificial
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La decisión de la Secretaría de Educación Pública de adelantar el cierre del ciclo escolar y recortar cinco semanas de clases bajo el argumento de las altas temperaturas y la organización de la Copa Mundial de la FIFA 2026 abrió un debate que va mucho más allá del calendario: ¿qué lugar ocupa realmente la educación en las prioridades del país?

Porque si bien nadie puede negar la relevancia internacional de un Mundial —menos aun cuando México será anfitrión junto con Estados Unidos y Canadá—, tampoco puede ignorarse el mensaje que deja una medida de este tamaño. En los hechos, el futbol terminó imponiéndose sobre las aulas. Y eso ocurre en un país donde desde hace años los indicadores educativos arrastran rezagos, afectaciones pospandemia y enormes desigualdades en aprendizaje.

La molestia de madres y padres de familia no tardó en aparecer en prácticamente todo el país, y no es para menos. Adelantar el cierre escolar modifica dinámicas laborales, familiares y económicas completas. Muchas familias organizan vacaciones, cuidados, horarios y gastos con base en un calendario previamente establecido. Cambiarlo de forma abrupta representa un problema real para miles de hogares que difícilmente pueden adaptar su rutina de un día para otro.

Pero quizá la pregunta más incómoda es otra: si el plan original contemplaba ocho semanas más de clases, ¿de verdad el contenido podrá cubrirse adecuadamente en apenas tres? Las autoridades educativas aseguran que sí se cumplirán los programas de estudio, pero cuesta creer que una reducción tan drástica no afecte la calidad del aprendizaje. Porque cumplir un temario no necesariamente significa enseñar bien, mucho menos en un sistema educativo donde ya existen problemas de comprensión lectora, matemáticas y abandono escolar.

El argumento mundialista también deja dudas. De los 104 partidos que tendrá el torneo, México únicamente albergará 13 y todos correspondientes a las primeras fases; además, salvo el juego inaugural, el resto se desarrollarán fuera del horario escolar. ¿Era realmente necesaria una medida nacional de este tamaño? ¿No existían alternativas más focalizadas o ajustes regionales dependiendo de las sedes y las condiciones climáticas? La sensación que queda es que el gobierno optó por la salida más simple, aunque no necesariamente la más razonable.

Y quizá por eso, tras el anuncio oficial de la SEP, la propia presidenta Claudia Sheinbaum intentó matizar el tema al señalar que aún se trataba de una propuesta; poco después, el secretario de EducaciónMario Delgado, señaló que el próximo lunes las autoridades educativas se volverán a reunir para revisar el tema y tomar una decisión, ahora sí definitiva. Mientras tanto, la confusión pública terminó exhibiendo que ni siquiera el gobierno logró comunicar con claridad una decisión que impacta a millones de estudiantes.

El futbol despierta pasión, identidad y emoción colectiva. Nadie discute eso —yo mismo soy un apasionado de ese deporte—, pero cuando el calendario educativo comienza a moverse al ritmo de un torneo deportivo, por importante que sea, vale la pena preguntarse si el país está enviando el mensaje correcto sobre aquello que considera verdaderamente prioritario.

#Contraparte | Miguel Ángel Islas Pérez, director y columnista de LSR Hidalgo. X: @miguel_aip