OPINIÓN

1917: la constitución que nos prometió un país que aún no construimos

¿Por qué ciento nueve años después de promulgarse la Constitución de 1917 seguimos peleando por educación gratuita? ¿Por qué seguimos sin tener salud universal de calidad? ¿Por qué los derechos laborales siguen siendo una aspiración y no una realidad? | VIOLETA SOSA ZAMORA

Créditos: Especial
Escrito en HIDALGO el

El 5 de febrero de 1917, en el Teatro de la República de Querétaro, se promulgó lo que en ese momento fue la Constitución más avanzada del mundo. No era solo un documento político: era una declaración de guerra contra la desigualdad, contra la explotación, contra el despojo. Era la promesa de que después de tantos años de lucha, finalmente íbamos a construir un país donde la justicia social no fuera un privilegio sino un derecho.

Ciento nueve años después, ese documento sigue siendo la columna vertebral de nuestra vida jurídica, nuestra gloriosa Carta Magna, pero la pregunta incómoda que debemos hacernos cada aniversario es: ¿cuánto de lo que prometió esa Constitución se ha cumplido realmente?

Porque nuestra Constitución de 1917 no fue un documento tibio. Fue radical para su época y sigue siendo ambiciosa para la nuestra. Fue la primera en el mundo en reconocer derechos sociales, en prohibir el trabajo infantil, en garantizar el derecho a la educación laica y gratuita, en consagrar la reforma agraria. Fue la primera en decir que la tierra y el agua son de la nación y que su explotación debe beneficiar a todos, no solo a unos cuantos.

El artículo 3° nos prometió educación gratuita, laica y obligatoria. Hoy, seguimos peleando porque ese derecho se cumpla. Seguimos viendo escuelas sin techos, sin maestros, sin materiales.

El artículo 4° nos prometió el derecho a la salud. Pero en 2026, México sigue siendo un país donde tu posibilidad de sobrevivir a una enfermedad depende de cuánto dinero tengas. Donde hay hospitales sin medicamentos, ni personal, o infraestructura.

El artículo 123 nos prometió derechos laborales. Pero hoy tenemos a millones de mexicanos trabajando por salarios que no alcanzan ni para lo básico.

El artículo 1° nos dice que todos los derechos humanos deben respetarse, promoverse, protegerse y garantizarse. Pero vivimos en un país donde las mujeres siguen siendo asesinadas solo por ser mujeres, donde los pueblos indígenas siguen siendo los más pobres, donde ser LGBT+ sigue siendo motivo de violencia.

No es que la Constitución sea mala. Es que hemos construido un sistema experto en simular que la cumple. Tenemos las leyes más bonitas sobre el papel, los discursos más progresistas, las instituciones con los nombres más rimbombantes, pero entre la Constitución y la realidad hay un abismo que se llama impunidad, corrupción, desigualdad estructural.

Exigir que la Constitución se cumpla

Este 5 de febrero no deberíamos estar celebrando que tenemos una Constitución avanzada. Deberíamos estar exigiendo que se cumpla. Porque de nada sirve tener el mejor marco jurídico del mundo si es letra muerta para millones de mexicanos. Los constituyentes de 1917 nos heredaron un documento revolucionario. Nosotros les hemos heredado a las siguientes generaciones un país que sigue sin estar a la altura de lo que ese documento prometió. Y cada año que pasa sin que lo cumplamos, es una traición más a quienes pelearon por esos derechos.

Así que este aniversario, antes de los discursos patrióticos y las ceremonias oficiales, hay que hacernos las siguientes preguntas incómodas: ¿Por qué ciento nueve años después seguimos peleando por educación gratuita? ¿Por qué seguimos sin tener salud universal de calidad? ¿Por qué los derechos laborales siguen siendo una aspiración y no una realidad? ¿Por qué las autoridades pueden violar la Constitución todos los días sin consecuencia?

La Constitución de 1917 nos prometió un país justo, igualitario, digno. Y mientras esperamos que se cumpla, tenemos que seguir acudiendo a los tribunales a suplicar que nos reconozcan derechos que ya están escritos, tenemos que marchar para exigir que se cumpla lo que ya es ley, tenemos que gritar para que nos escuchen.

Quizá es hora de dejar de celebrar que tenemos una Constitución progresista y empezar a exigir que se cumpla. Porque los derechos no se conmemoran: se ejercen. Y si no se ejercen, no son derechos.

Violeta Sosa Zamora, columnista LSR Hidalgo.