GASTRONOMÍA GUANAJUATENSE

La cocina tradicional de Guanajuato que compite con paladares en la ciudad

Para las cocineras de El Molcajete del Abuelo, originarias de la comunidad Terreros de la Sabana, en Dolores Hidalgo, cocinar no es sólo una tradición, es una forma de amar

Créditos: La Silla Rota
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León.– Las llaman cocineras tradicionales de El Molcajete del Abuelo. Sus manos recolectan lo que da cada temporada en una tierra árida de la comunidad de Terreros de la Sabana, en Dolores Hidalgo. Para ellas, cocinar no es sólo una tradición, es una forma de amar.

Cuando llega la temporada -y si las lluvias han sido benéficas- salen al campo a recolectar lo que ellas mismas han cultivado: maíz, garambullo, frijol, calabaza, chiles y tomatillos. Todo nace del monte y pasa por sus manos antes de llegar a la Feria Estatal de León 2026, donde ofrecen a los visitantes el sabor de una parte profunda de Guanajuato.

La comunidad de cocineras tradicionales forma parte de la región del Río Laja. Allí elaboran tortillas ceremoniales destinadas únicamente a ocasiones especiales. Para Elena Vargas, la tortilla tiene un significado que va más allá del alimento.

“Viene de la raíz de nuestras tradiciones. La usamos para celebrar: en fiestas, en bautizos, en bodas. Es una forma de decirle a la gente cuánto la queremos y cuánto la apreciamos. Solo se hace en las celebraciones más importantes”, explica.

“La celebración más grande del corazón que damos es compartir con los demás”, añade.

La tradición de la tortilla ceremonial se extiende por tres municipios del Río Laja: Comonfort, San Miguel de Allende y Dolores Hidalgo. Elena cuenta que su cocina ha sido presentada en ferias y exposiciones, incluso a nivel internacional.

“Nuestra cocina está muy pegada a la milpa: el huitlacoche, la calabaza, el chile. Eso es lo que más cocinamos”, dice.

El nombre El Molcajete del Abuelo nace como homenaje a su abuelo, quien tenía la costumbre de regalar un molcajete a cada mujer que se casaba en la familia.

“Cuando una de mis tías se casaba, él le regalaba un molcajete. Todavía conservan algunos con más de 30 años. De ahí viene el nombre. Mi abuelo era muy bueno para cocinar y siempre me contaba historias de cómo preparaba los alimentos y de los procesos que usaban para conservarlos”, relata una de las cocineras.

Para ellas, la cocina es herencia, memoria y afecto.

“Cocinar es mi esencia. Es como darle un abrazo a tus hijos. Es ofrecer lo más profundo de lo que soy. Eso se lo pongo a mi comida. Pruébenla y verán que es comida con sazón, comida con amor”, concluye.