HISTORIA DE GUANAJUATO

Hace miles de años, Guanajuato y el Bajío eran un lago gigantesco

Investigaciones arqueológicas y geológicas confirman que gran parte del estado estuvo cubierta por un lago hace miles de años.

Imagen ilustrativa del antiguo lago del Bajío
Imagen ilustrativa del antiguo lago del Bajío.Imagen ilustrativa del antiguo lago del BajíoCréditos: Gustavo Elias Carreón
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Guanajuato, México.- Mucho antes de carreteras, ciudades y presas, el territorio que hoy llamamos Guanajuato tuvo una vida radicalmente distinta. Entre hace unos 2 500 y 5 000 años, el Bajío no era la planicie agrícola que conocemos, sino una enorme cuenca lacustre: un sistema de lagos interconectados que cubría amplias zonas del centro del país. Este cuerpo de agua, conocido por la arqueología y la geología como el Gran Paleolago, transformó por completo el paisaje y la forma en que los primeros grupos humanos habitaron la región.

El paleolago se alimentaba principalmente del río Lerma y alcanzó una extensión sorprendente. Sus aguas iban desde la zona que hoy ocupa el municipio de Lerma, en el Estado de México, hasta las inmediaciones del actual Lago de Chapala, el lago natural más grande del país. En su punto máximo, el nivel del agua rondaba los 1 800 metros sobre el nivel del mar, lo que provocaba que sólo los cerros más elevados emergieran, funcionando como islas dispersas en un auténtico mar interior.

 

Este entorno no fue un vacío humano. Por el contrario, favoreció el surgimiento de algunas de las primeras culturas del centro de México. Un ejemplo clave es la cultura Chupícuaro, cuyos asentamientos se distribuían en las orillas del lago y en estas islas naturales. El agua no era un obstáculo, sino un recurso: permitía la pesca, la recolección, el intercambio y una organización del territorio muy distinta a la que surgiría siglos después, cuando la cuenca comenzó a secarse.

Con el paso de los milenios, cambios climáticos y procesos geológicos provocaron que el Gran Paleolago se drenara de manera gradual. El enorme espejo de agua se fragmentó en lagunas más pequeñas hasta casi desaparecer. Uno de los últimos vestigios visibles de ese pasado acuático es el Lago de Yuriria, que sobrevivió de forma natural y más tarde fue reforzado artificialmente durante la época novohispana mediante obras hidráulicas.

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Investigaciones publicadas en 2007 por Colegio de Michoacán confirmaron con mayor precisión la existencia y dimensiones de este antiguo sistema lacustre, obligando a replantear la historia ambiental del Bajío. A partir de estudios sedimentológicos, arqueológicos y topográficos, se demostró que gran parte del desarrollo cultural temprano de la región estuvo íntimamente ligado al agua.

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Gracias a reconstrucciones digitales elaboradas por ingenieros y especialistas, hoy es posible imaginar ese Guanajuato sumergido: cerros convertidos en islas, rutas acuáticas donde ahora hay carreteras y comunidades enteras adaptadas a vivir junto a un lago que, con el tiempo, se retiró sin dejar más rastro que la memoria enterrada bajo la tierra. El Bajío, antes de ser granero, fue lago; y esa historia, aunque olvidada, sigue explicando muchas de las formas del territorio actual.