SALAMANCA

"Me tiré al suelo cuando escuché los balazos; protegí a mi hijo chico pero el mayor estaba herido"

Una mujer adulta mayor relató en entrevista exclusiva a La Silla Rota Guanajuato cómo sobrevivió al ataque armado en el campo de futbol de Loma de Flores, en Salamanca, donde su hijo —un entrenador— recibió tres disparos y permanece hospitalizado.

Madre de una de las víctimas en la Masacre de Salamanca
Madre de una de las víctimas en la Masacre de Salamanca.Madre de una de las víctimas en la Masacre de SalamancaCréditos: Gustavo Carreón
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SALAMANCA, Guanajuato — La señora lo dice despacio, rota en llanto, como si todavía estuviera ahí. Sus ojos reflejan ese instante exacto y su actitud es como si aún escuchara los disparos atravesando el campo.

Todo ocurrió frente a ella.

Madre de una de las víctimas en la Masacre de Salamanca Foto: Gustavo Carreón

“Todo me tocó ver porque le tocó a mi hijo”, relató en entrevista exclusiva a La Silla Rota Guanajuato.

 

No fue durante el partido, aclara. Fue después.

 

Había pasado cerca de media hora desde que terminó el encuentro —un empate 1-1— y la mayoría de la gente ya se había retirado. Quedaban sólo algunos jugadores, familias y conocidos conviviendo en el campo.

Veladoras y mensaje afuéra del templo de Loma de Flores Foto: Gustavo Carreón

Se disputaba uno de los partidos más esperados de la zona: una semifinal de la Liga de Loma de Flores; el clásico entre Atlético San José de Marañón y el Atlético Loma de Flores, dos equipos de talacha, con jugadores fuertes, algunos incluso pagados para reforzar el torneo.

 

La tarde parecía cerrarse con normalidad.

 

Pero entonces llegaron las camionetas.

 

“Ahí se quedaron conviviendo… y ya después fue cuando entraron esos… esas camionetas”.

 

La señora recuerda que entraron desde la zona de Cárdenas y La Talonera. No hubo advertencia. No hubo tiempo.

Madre de una de las víctimas en la Masacre de Salamanca Foto: Gustavo Carreón

“Entraron y no esperaron más. Empezaron a dispararle a toda la gente… a toda”.

 

Dice que primero fue una camioneta blanca. Después entró otra, color guinda. Los hombres se dispersaron, persiguieron a quienes corrían y dispararon sin detenerse.

 

“Los hirieron… y los mataron”.

 

En medio del caos, ella sólo pensó en sus hijos.

 

“Yo me tiré al suelo y protegí a uno de mis hijos, que tiene síndrome de Down… y al otro, cuando volteé a ver, ya estaba herido de gravedad”.

Velorio de una de las víctimas de la masacre en Loma de Flores Salamanca Foto: Gustavo Carreón

Su hijo mayor, entrenador del equipo, recibió tres impactos de bala. Su nuera y su nieta gritaban mientras lo subían a una camioneta para trasladarlo de urgencia.

 

Hoy permanece hospitalizado.

 

“Está estable… pero no lo pueden despertar todavía. Tiene que ir recuperándose por sí solo”, dijo.

 

La señora respira hondo. No encuentra palabras completas.

 

“Ni yo misma alcanzo a explicar lo que pasó”.

Madre de una de las víctimas en la Masacre de Salamanca Foto: Gustavo Carreón

Asegura que alcanzó a ver a los agresores: cuatro hombres blancos armados. Incluso, afirmó que tuvieron la calma de subirse a las estructuras donde se sienta la gente —las gradas improvisadas— para rematar a quienes ya estaban tirados.

 

“Todavía se subieron allí y empezaron a disparar a los que estaban malheridos… los mataron”.

 

Las armas, dice, eran cuernos de chivo.

 

Ella se escondió como pudo entre los postes gruesos que el dueño del campo tenía tirados como bancas.

 

“Nos escondimos ahí… empecé a rezar por mi hijo”.

 

Abrazó al más joven para que no se moviera. Le susurró que se quedara quieto.

 

“Así fue como nos salvamos… pero mi hijo no”.

 

Sólo después, cuando el estruendo se apagó y los hombres se fueron, el campo quedó convertido en una escena de masacre.

 

Más tarde, autoridades estatales confirmaron que el ataque armado en el campo de futbol de la comunidad de Loma de Flores dejó al menos 11 personas asesinadas y varios lesionados, algunos de gravedad.

 

Pero para esta mujer, el caso no es una cifra ni un boletín.

 

Es la imagen de sus hijos en el suelo.

 

Y el instante exacto en que volteó…

 

uno de ellos quedó herido.

 

Ahora, paciente pero intranquila, recorre las oscuras calles sin pavimentar del poblado, caminando entre velorios, escuchando el llanto de otras familias, sufriendo por dentro.

 

La señora está destrozada.

 

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