Salamanca.- Un racimo de cohetes estalla en el cielo en señal de luto. El pueblo está enojado. Van llorando desgarradoramente en un cortejo fúnebre por las calles de Loma de Flores, llevando un féretro blanco en los hombros. Son once velorios al mismo tiempo. Once casas diferentes de luto. Once personas que estaban en un partido de futbol y que fueron asesinadas a tiros. El pueblo está sacudido. El pueblo está irritado. Lanzan cohetes al cielo durante todo el día para dar aviso de que personas inocentes han muerto.
“Dispararon al que se moviera”, dijo José Moreno, afuera del funeral de su sobrino, Carlos Alejandro Moreno, un músico de 20 años, asesinado en el tiroteo.
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Carlos Alejandro era integrante del grupo musical Reencuentro Norteño y estudiaba en la universidad Encarnate World la carrera de negocios internacionales. Su sueño era ser médico, pero no había tenido suerte para entrar a la Facultad de Medicina en la Universidad de Guanajuato, así que estudiaba negocios en Irapuato, y en sus ratos libres tocaba la batería en el grupo musical de la familia. “Mi sobrino estaba trabajando y lo mataron”, contó su tío, a punto del llanto. Carlos Alejandro estaba en ese campo de futbol porque lo habían contratado para llevar el sonido. Él llevaba la música y el micrófono para la gran final del torneo. Carlos Alejandro estaba tocando la música, cuando llegaron los pistoleros y dispararon.
“Su cuerpo quedó tendido a un lado de su camión. Imagino que mi sobrino intentó esconderse en el camión, pero no alcanzó a llegar”, contó su tío. “Yo llegué corriendo y lo vi ahí, tendido. Era mi sobrino Carlos, ahí, sin vida.”
LLLEGAN LOS PISTOLEROS
Los hombres armados llegaron en dos camionetas. Se metieron a la casa de Luis Cabañas y entraron al campo de futbol, sin permiso. Sacaron metralletas y dispararon.
“Dispararon al que se moviera. No se fijaron. Dispararon a todos lados”, contó el tío José. “Yo estaba ahí en el partido, una hora antes. Ahí estuve yo, vi el juego. Pero me salí un rato y luego me llamaron por teléfono para decirme que había una balacera. Llegué corriendo y vi a si sobrino, ya sin vida. Ahí estaba, junto a sus bocinas”, contó.
Era la final del torneo de futbol de Loma de Flores. Jugaban la final el equipo de San José de Marañón contra Loma de Flores. Iban empatados 1-1, y tenían que irse a un segundo partido. La semana pasada, aquí mismo se habían jugado los partidos de semifinal con cuatro equipos de futbol. Pero este domingo se jugaba la gran final.
La entrada a estos partidos cuesta 20 pesos. El juego se organiza en una cancha privada, propiedad de Luis Cabañas, un ejidatario y transportista -que tiene camiones en Irapuato-, y que renta la cancha para los juegos de la liga de futbol llanero.
El partido se llevó a cabó con tranquilidad, sin contratiempos. En la cancha había como 400 personas, con boleto pagado. Fue un buen partido de futbol llanero. Son juegos de cierto nivel de calidad, hay muchachos de los rachos y los pueblos que son muy buenos y que cobran hasta 500 pesos por jugar cada partido. Así que el campo estaba lleno.
La finca estaba vigilada por 5 guardias de seguridad privada. Eran hombres con uniformes de color café y negro. Ellos mantenían el orden, pero no tenian armas. Los guardias no tenían permiso para portar armas.
El juego prácticamente había terminado, cuando llegaron los pistoleros. Llegaron en dos camionetas y se metieron a la finca, sin pedir permiso. Abrieron la reja principal y mataron al primer guardia.Y empezó el tiroteo. Los primeros que asesinaron fueron a los guardias.
La gente empezó a correr para ponerse a salvo. Los futbolistas corrieron hacia las porterías y hacia las bardas. Los pistoleros dispararon sus metralletas.
“Había cuerpos por todos lados. Había dos señoras tendidas en la orilla del campo de futbol”, contó el tío José. “Un guardia de seguridad estaba por allá muerto, y otro guardia por acá, y una jovencita cerca de la cancha”, platicó el tío.
ATAÚDES BLANCOS
Afuera del templo del pueblo, hay globos blancos y veladoras encendidas. En la reja hay un letrero que estremece: “Siempre vivirán en nuestros corazones. Justicia!, dice.
La región tiene 11 funerales al mismo tiempo.
A menos de una cuadra de templo, hay un velorio de una joven que acudió a ver el partido de futbol, a un par de cuadras de ahí, está el velorio de una señora.
Los ataúdes son blancos.
Hay globos blancos colgando de las fachadas, gente despidiéndose de sus familiares mientras beben cerveza, entre lágrimas y expresiones de dolor. Por la calle principal avanza un cortejo fúnebre, con personas caminando y decenas de motocicletas. Ellos lloran a Brayan, otro joven víctima del ataque. Tras el féretro blanco, sus familiares van caminando, con fotos del jovencito, sonando los motores de las motocicletas.
“No puede ser que vengan a generar violencia en este pueblo que es tan tranquilo”, dijo la empleada de una papelería. “La violencia ya superó el país”, agregó.
Los cohetes siguen tronando en el cielo, durante todo el día, hasta el anochecer.
“Estamos olvidados”, dijo el tío José. “En este pueblo estamos olvidados”.
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