OAXACA.- Benita Decena Piñón es una mujer binnizá -zapoteca- de 63 años de edad, quien aprendió a tejer hamacas, un oficio no común para las mujeres de su comunidad Asunción Ixtaltepec, en el estado de Oaxaca, pero que a ella le ha permitido obtener ingresos para mejorar su condición de vida.
Las hamacas en el Istmo de Tehuantepec no solo sirven para los pequeños descansos, si no que son esenciales, porque ejercen la función de una cama; son frescas y permiten el paso del aire ante el clima de más de 40 grados con el que viven en esta región al sur de Oaxaca.
Vestida de ropa típica- enagua y huipil-, Benita cuenta que fue gracias a un curso impartido por las autoridades locales que aprendió este oficio que muy pocas mujeres realizan, pues la mayoría se dedica a la cocina tradicional o a elaborar figuras de barro.
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“Yo también soy cocinera y panadera, pero quise aprender este nuevo oficio a pesar de mi edad, mucha gente dice: “qué va a saber una viejita, pero la verdad es que yo sí tengo muchas ganas, y mírame, es mi segunda hamaca, y mi ilusión es venderlas para tener ingresos propios”, dice.
Asunción Ixtaltepec es un municipio de la etnia zapoteca, donde habitan 15 mil habitantes. Los hombres se dedican al campo y a la ganadería, mientras que las mujeres en su mayoría son artesanas del barro, cocineras tradicionales y panaderas.
Elaborar una hamaca implica más de 50 horas
Benita, mujer risueña de cabellos plateados, cuenta que para elaborar una hamaca invierte de tiempo entre 3 y 4 horas al día durante dos semanas.
“Tengo que dividir mi tiempo porque en las mañanas entre la limpieza de la casa y la elaboración de los panes ahí se me va. En la tarde ya vengo a tejer mi hamaca. Y eso me gusta mucho porque me relaja, me olvido de mis problemas y a mi edad, pues son muchos”.
Confiesa que cuando la invitaron a aprender a elaborar las hamacas no dudó en aceptar.
“Me siento muy tranquila. Cuando tomo la aguja y enredo los hilos para después tejer me siento muy bien. Mi ilusión es vender las hamacas que hago para tener ingresos, soy una mujer de bajos recursos y creo que este nuevo oficio ayudará mucho”, señala.
Las abuelas todavía somos productivas
Mientras Benita sigue tejiendo. Edith López Ríos de 77 años también avanza con su hamaca.
“A veces la gente cree que somos un estorbo, otras, que tenemos la obligación de ser cuidadoras de hijas, hijos y hasta nietos, entonces aprender a elaborar hamaca, es un respiro que tengo, es olvidarme de todo lo que ocurre en mi casa y tejer, solo tejer”, dice.
Edith es madre y abuela, y asegura que su edad no es impedimento para que aprenda a tejer hamacas y así obtener ingresos para ella y su familia.
Con una gran destreza toma su enorme aguja de plástico y comienza a tejer en un bastidor que le fue prestado. Está orgullosa del resultado.
“Me siento muy feliz porque muchas personas con mi edad piensan que no pueden aprender algo nuevo, y claro que se puede. Mucha gente cree, que las viejitas como yo, somos una carga, pero mírame a mí, acá estoy tejiendo”.
El bastidor de Edith está colocado en el pasillo del palacio municipal de su municipio, y toda persona que visita este espacio público la observa y se admira de su destreza y habilidad.
Mientras teje y teje sin parar, platica con Rita Santos Estudillo de 49 años de edad, quien vive con epilepsia y es soltera. La mujer confiesa que tejer hamacas es un nuevo oficio para las mujeres de su comunidad, porque la mayoría están acostumbradas a la cocina o bien a elaborar piezas de barro, pero ella no, prefiere tejer hamacas.
“Antes vivía estresada y preocupada porque no sabía donde conseguir ingresos, nadie me daba empleo por mi condición, y ahora no paro de tejer”.
Rita le hubiera gustado que el escenario de su vida fuera otro, pero su realidad es que si no trabaja, no come.
“He vivido rechazo también por mi condición, luego no quieren darme trabajo, y tampoco me casé ni tampoco tuve hijos, entonces, aprender a elaborar hamaca me está dando un alivio a mi vida”, señala.
Datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) y los Censos Económicos Inegi 2025, señalan que Oaxaca presenta la tasa de informalidad más alta del país, con el 80.1% de los trabajadores sin prestaciones laborales reconocidas, una situación que afecta de manera importante a las mujeres.
En el segundo trimestre del 2025- abril-junio, se estimó que 8 mil mujeres estaban desocupadas en Oaxaca, lo que significó una reducción respecto al mismo periodo de 2024.
Finalmente, estos datos nacionales recalcan, que la falta de un sistema de cuidados adecuado (servicios de cuidado infantil, escuelas con horario extendido, atención a personas mayores) recae principalmente en las mujeres, lo que obstaculiza su plena integración y productividad en el mercado laboral remunerado.
lrc
