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Rivero, un capitán desechado por Cruz Azul: ¿Ingratitud o negocio?

Un campeón de la novena estrella sale de La Máquina rumbo a Xolos sin reconocimiento. ¿Los clubes deben ser más emocionales como los fans o hacen bien su negocio?

Nacho Rivero Cruz Azul.Créditos: cuartoscuro
Escrito en DEPORTES el

La salida de Ignacio Rivero de Cruz Azul llega justo antes de arrancar el Clausura 2026 y descoloca a una afición que lo identificaba como capitán y símbolo reciente del equipo. El uruguayo se marcha a Xolos de Tijuana después de cinco años y medio de entrega celeste.

Esta Columna número 26 de Fan Pro en La Silla Rota se cierra el jueves 8 de enero de 2026, dos días después de que se confirmara el regreso de este futbolista a la región fronteriza con su ex escuadra y mientras el club celeste negocia cómo registrar a Miguel Borja, atrapado por el tope de nueve extranjeros en la Liga BBVA MX.

Nacho Rivero fue uno de los titulares en la final del Guard1anes 2021 frente a Santos Laguna y el último jugador de aquella alineación campeona que se mantenía en el club. El único sobreviviente de la plantilla registrada es el portero Andrés Gudiño, quien en ese torneo estaba con la Sub-20 y no disputó la final, aunque figura como campeón en las listas oficiales.

La despedida del uruguayo no incluyó partido de despedida ni discurso emotivo frente a miles de fans.

La escena contrasta con las partidas de jugadores icónicos en otras ligas. Con el respeto guardado por las proporciones, quedará siempre en la mente el adiós de gala de un club a sus estrellas.

Nadie olvidará cuando el 16 de mayo de 2015 Steven Gerrard acabó su trayecto en el Liverpool y Anfield se rindió ante 17 temporadas de entrega, aunque después se marchó a la Major League Soccer (MLS) estadounidense con Los Angeles Galaxy.

Andrés Iniesta, emblema del Barcelona del tiki-taka cogió sus maletas para marcharse al Vissel Kobe japonés el 20 de mayo de 2018 no sin antes vivir un emocionante homenaje tras el partido ante la Real Sociedad.

El histórico guardameta Iker Casillas compareció en julio de 2015 solo en sala de prensa para confirmar bañado en lágrimas su salida del Real Madrid. Sin embargo, al día siguiente el mostoleño recibió una despedida con honores en una de las salas nobles del Santiago Bernabéu, antes de irse al Oporto de Portugal.

En México, quedaron tatuados en las neuronas los emotivos homenajes a Enrique Borja y Fernando Bustos, aunque en esas ocasiones fue cuando colgaron definitivamente sus botines de jugador activo.

Jugadores históricos en México no estilan estos reconocimientos. ¿Se trata de ingratitud institucional o de decisiones de negocios fríamente calculadas? La salida de Nacho Rivero reabre un debate tan viejo como el futbol profesional: la tensión irresoluble entre el corazón y la cartera.

El expediente de un capitán entregado

Los números de Nacho Rivero en Cruz Azul son contundentes. En cinco años y medio de servicio disputó 233 partidos oficiales, anotó 27 goles y entregó 19 asistencias. Levantó cuatro títulos: la ansiada novena estrella de Liga BBVA MX en 2021, la Concachampions 2025, la Supercopa y el Campeón de Campeones.

Portó el gafete de capitán con orgullo y se convirtió en símbolo de la generación que rompió 23 años de sequía.

Su versatilidad fue clave. El estratega peruano Juan Reynoso lo utilizó como lateral derecho en la Final del 30 de mayo de 2021 contra Santos Laguna, cuando La Máquina selló el 2-1 global definitivo con el 1-1 en el Estadio Azteca, hoy con el naming de Banorte. 

Como mediocampista, extremo o defensa, Nacho Rivero resolvió problemas tácticos durante media década. A los 33 años, en la temporada 2025-2026 había disputado 47 partidos y anotado 12 goles, cifras que reflejan rendimiento vigente y no decadencia física.

Su contrato con La Máquina vencía hasta finales de 2026. Ganaba 18.5 millones de pesos anuales —aproximadamente 919 mil dólares—, lo que lo colocaba como el décimo jugador mejor pagado del plantel. Xolos le ofreció un contrato por dos años y medio, hasta 2028, con salario similar. Cruz Azul aceptó liberarlo sin cobrar traspaso.

La razón fría: una plaza de extranjero para Borja

La salida de Rivero no responde a un capricho ni a problemas de vestidor. Es una decisión administrativa forzada por el artículo 27 del Reglamento de la Liga BBVA MX, que establece por plantel un límite de nueve jugadores no formados en México. 

Para el inicio del Clausura 2026, el equipo cementero tenía ocupadas las nueve plazas: Kevin Mier, Willer Ditta, Mateusz Bogusz, José Paradela, Gabriel Fernández, Gonzalo Piovi, Rodolfo Rotondi, Lorenzo Faravelli e Ignacio Rivero.

El delantero colombiano Miguel Borja, fichado como agente libre tras finalizar su contrato con River Plate el 31 de diciembre de 2025, esperaba en la Ciudad de México. Ya había pasado los exámenes médicos. Pero sin liberar una plaza, no podía ser registrado. La directiva decidió sacrificar al charrúa.

El director técnico Nicolás Larcamón, fichado desde Necaxa en junio de 2025 por $3 millones de dólares necesitaba un delantero de jerarquía. Borja, de 32 años, había anotado goles importantes con River Plate. El timonel priorizó el ataque sobre la medular. Rivero pagó el costo.

Desmantelamiento de una generación campeona

La salida de Nacho cierra un ciclo. De los 24 jugadores registrados en el plantel campeón de 2021, apenas un año después solo quedaban 11. 

Jesús Corona, portero titular en la Final, se fue del Cruz Azul para después jugar y retirarse en Xolos . El ‘Cata' Domínguez fichó por San Luis. Pablo Aguilar regresó a Paraguay. Juan Escobar se fue a Argentina. Luis Romo y Roberto Alvarado visten de rojiblanco con Chivas. Orbelín Pineda emigró a Europa. Jonathan Rodríguez, autor del gol del título, juega en Portland Timbers de la MLS.

Rafael Baca se marchó tras un pleito legal con el club. Guillermo Fernández eligió a Godoy Cruz, de Argentina. Bryan Angulo fichó por Santos de Brasil. Juan Reynoso, el técnico que rompió la maldición, fue despedido al término del Clausura 2022.

Nacho Rivero era el último campeón titular del 2021. El único sobreviviente de aquella plantilla es Andrés Gudiño, portero que estaba registrado en el primer equipo pero se pasó el 2021 jugando con la Sub-20. 

El suplente de Corona en aquella Final era Sebastián Jurado, no Gudiño. Técnicamente este arquero es campeón, pero no disputó un solo minuto de la Final. Rivero sí vivió la novena estrella en el campo. Ahora, ningún jugador que participó en ese capítulo crucial permanece en la institución.

La erosión de una plantilla campeona no es rara en el futbol mexicano, donde la presión por resultados inmediatos impide ciclos largos. Pero la velocidad con la que Cruz Azul desmontó su equipo histórico refleja un modelo de negocio que prioriza la renovación constante sobre la continuidad emocional.

Archivo de ingratitud

El caso de Javier Aquino con Tigres replica el guion. Diez años de servicio, 12 títulos conquistados, 48 partidos en su última temporada. La directiva felina le ofreció una reducción salarial.

Aquino aceptó la decisión deportiva, pero criticó las formas. "Estoy bastante triste. No se trata del dinero, se trata de las formas, del valor que te hacen sentir como ser humano. Di todo por el club".

Su mensaje en vivo por Instagram, con lágrimas recorriendo el rostro, se viralizó. Miles de comentarios de aficionados tigres expresaron vergüenza por el trato a un emblema. Tigres emitió un comunicado señalando que "su sitio en el Anillo de Leyendas estará seguro". La promesa sonó hueca tras el desprecio previo.

Carlos Hermosillo, goleador histórico con números descomunales, nunca recibió despedida acorde a su legado. Evanivaldo Castro ‘Cabinho’, ídolo brasileño que hizo historia en Pumas, salió sin reconocimiento. Tomás Boy en Tigres, así como Alfredo Tena y Cristóbal Ortega en el América, figuras emblemáticas, corrieron suerte similar.

Pero ningún caso supera en crudeza al de Carlos Reinoso. El chileno conquistó seis campeonatos con América entre 1971 y 1979, marcó 81 goles en Liga y Siete más en Liguillas, y revolucionó el futbol mexicano con su elegancia, visión de juego, y es considerado el mejor extranjero en la historia de las Águilas.

En 1979, Guillermo Cañedo de la Bárcena lo llamó a su oficina y le informó que estaba fuera. No hubo ceremonia. No hubo Estadio Azteca lleno de reconocimiento. Reinoso se fue al Deportivo Neza con el corazón roto. 

La ciencia del fan: nostalgia, identidad y lealtad

Las despedidas adecuadas a los jugadores iconos no están de más, son inversiones en brand equity o capital de marca. Es el valor añadido resultado de las percepciones, emociones y experiencias positivas de los consumidores, lo que les lleva a preferirla y pagar más por ella frente a otras opciones de producto o servicio genéricos.

Un estudio publicado en la revista Retos en 2024 demostró que el brand equity explica el 74 por ciento de la varianza de satisfacción de los fans. El valor de marca en el futbol no se construye solo con títulos, sino con la gestión del capital emocional. 

Cuando un club honra a sus ídolos, refuerza la narrativa de lealtad mutua que los fans exigen como contrato moral.

Un paper de la Universidad de Kansas publicado en 2019 analizó el impacto de la nostalgia (página 19) en el comportamiento de consumidores deportivos. Los investigadores descubrieron que los sentimientos nostálgicos aumentan el valor percibido del merchandising, pero solo incrementan las intenciones de compra cuando el producto está vinculado al pasado del equipo. 

La nostalgia es una emoción positiva poderosa que activa la lealtad, pero exige coherencia narrativa.

Un estudio español publicado en Dialnet sobre las bases psico-biológicas del hincha concluye que la lealtad no es una elección moral.

Los niveles de testosterona en el cerebro aumentan durante las derrotas, reforzando la identidad colectiva del sufrimiento compartido. Los seguidores se comportan como el jugador número 12, mejorando el rendimiento del equipo igual que el entrenamiento o las tácticas.

La revista académica Journal of Sport Behavior publicó en 2024 un análisis sobre el impacto de la nostalgia en tres dimensiones: personal, histórica y colectiva. Los resultados mostraron que la nostalgia juega un rol crucial en los sentimientos hacia el merchandise del equipo favorito, aunque su impacto varía según el ingreso del consumidor y el tiempo como aficionado. 

La publicación médica PMC de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos señaló en 2023 que la nostalgia deportiva es un indicador fuerte de intención de compra y puede ser utilizada como herramienta estratégica para mejorar el brand equity.

Cuando un club desecha a un capitán histórico sin ceremonia, no solo hiere a ese jugador. Daña el vínculo emocional con miles de fans que proyectaron en él sus propias aspiraciones de lealtad. El mensaje implícito es contundente: “Tu entrega no vale nada cuando ya no te sirves”.

La lógica de los estrategas

A sus 33 años, Rivero se encuentra en ese punto de inflexión. Su rendimiento físico comenzará a declinar, pero su experiencia, liderazgo y lectura del juego están en su punto máximo. Un club que piensa a largo plazo lo habría aprovechado como mentor de jóvenes. Uno que piensa en resultados inmediatos lo sacrifica por un delantero de 32 años.

Nicolás Larcamón llegó a Cruz Azul en verano de 2025 con credenciales sólidas tras llevar a Necaxa a cuartos de final. Pero su gestión ha generado tensiones. 

Los directores técnicos operan bajo presión de resultados inmediatos. Una investigación de la tesis doctoral del Dr. M. Eugenio Huertas Castro, defendida en julio de 2024, demostró que el liderazgo formal del capitán influye decisivamente en el rendimiento deportivo del equipo. Cuando se nombra a un jugador capitán, adquiere un poder que impacta directamente en las conductas técnico-tácticas, puntualidad, respeto a normas y relación con compañeros. Los jugadores imitan al capitán.

¿Larcamón consideró el costo de perder ese liderazgo? ¿Evaluó el impacto emocional en el vestuario de despedir al último sobreviviente de la novena estrella que disputó la final? La decisión de priorizar a Borja sobre Rivero es defendible desde la lógica del rendimiento físico puro. Es cuestionable desde la gestión del capital humano y la cohesión grupal.

Nacho se convirtió en una cifra para el Cruz Azul. Su esencia —capitán, líder, símbolo— fue irrelevante frente a la necesidad de una plaza de extranjero.

¿Disminuye el valor de marca de las instituciones ingratas? La respuesta es contundente: sí. Un reporte de Aon publicado en 2024 identificó el daño a marca y reputación como el riesgo número uno para la industria del deporte y entretenimiento. La industria deportiva depende de “compras emocionales” y “gasto discrecional”, lo que hace la gestión de reputación especialmente crítica.

El caso de la European Super League en 2021 es un ejemplo perfecto. Real Madrid, Arsenal y Barcelona enfrentaron protestas de sus propios aficionados que forzaron el retiro de la mayoría de participantes en días. Los fans dejaron de comprar merchandise, amenazaron con cancelar abonos. Los patrocinadores consideraron retirarse para no asociarse con marcas bajo fuego.

Ignacio Rivero no eligió su foto de despedida, lo hicieron los fans del Cruz Azul en redes sociales con todo un collage de escenas en video y foto con una imagen central que dice todo: él besando el trofeo de la novena estrella. El símbolo de aquello que entregó todo y fue desechado en sigilo. Entonces, ¿hay aquí fallas o aciertos? #AlTiempo

Héctor Quispe

@HectorQuispe