La comida callejera en la Ciudad de México es parte del día a día de millones de personas, pero también carga con una reputación negativa. ¿Es realmente dañina para la salud? Un estudio de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) muestra que no todos los alimentos que se venden en la calle son insalubres, y algunos pueden ser opciones nutritivas si se eligen bien.
Las investigadoras Ana Ortega y Louise Guibrunet analizaron más de 700 manzanas en alcaldías como Miguel Hidalgo y Azcapotzalco para entender qué hace saludable a un alimento callejero. Su conclusión es clara: no es el hecho de que un alimento se venda en la calle lo que determina su valor nutricional, sino sus ingredientes y la forma de preparación.
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Opciones tradicionales como tlacoyos o quesadillas de maíz y frijol cocidos al comal destacan como alternativas nutritivas dentro de la oferta callejera, porque no requieren aceite y aprovechan productos regionales ricos en carbohidratos complejos, fibra y proteína vegetal.
Otro aspecto relevante que destacó el estudio es el impacto ambiental de los alimentos que consumimos fuera de casa. Los alimentos producidos localmente, como muchos de los ingredientes de la gastronomía mexicana, demandan menos fertilizantes y agua, lo que los convierte en opciones más sustentables que productos importados o con altos insumos industrializados.
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La doctora Guibrunet enfatiza que las dietas tradicionales han evolucionado durante siglos para adaptarse tanto a las necesidades del cuerpo como al ecosistema local, por lo que promover su consumo no solo mejora la nutrición individual, sino que también apoya sistemas alimentarios locales más resilientes.
Elegir bien al comer en la calle implica observar no solo el platillo, sino cómo y con qué se elabora. Una buena estrategia es optar por preparaciones con ingredientes frescos, locales y cocinadas sin exceso de grasa, como las mencionadas, y evitar opciones altamente procesadas con aceites saturados o azúcares añadidos.
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Esto no significa que toda comida callejera sea saludable, pero sí que existe un abanico de opciones que, bien seleccionadas, pueden formar parte de una dieta equilibrada. Promover estos hábitos desde lo local puede ser una forma efectiva de mejorar la salud pública sin renunciar a la tradición culinaria mexicana.
EONM
