Han pasado seis décadas desde la creación de The Doors, una de las bandas estadounidenses más influyentes de mitad del siglo XX. A lo largo de su trayectoria profesional, que abarcó de 1965 a 1973, la agrupación originaria de Los Ángeles acumuló más de 8 discos de oro consecutivos, además de crear una leyenda en la industria musical.
The Doors logró conquistar en tan poco tiempo un público amante del rock psicodélico, el blues rock, el pop rock y el rock progresivo, entre muchos más; sin embargo, lo que pocos conocen fue la inesperada (y fugaz) visita que tuvieron en la Ciudad de México y que por mucho tiempo quedó en el olvido.
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La inesperada (y fugaz) visita de The Doors a México
Su llegada ocurrió en junio de 1969, cuando Jim Morrison y compañía llegaron a tierras aztecas con el único propósito de ofrecer una serie de conciertos que originalmente estaban planeados para realizarse en la Plaza de Toros México. Sin embargo, debido al clima político de la época, las autoridades decidieron cancelar el espectáculo masivo y limitar la presentación a un espacio cerrado y controlado.
¿El resultado? Un capítulo surreal en la historia musical del país: cuatro conciertos íntimos en el club Forum, ubicado en la Del Valle, frente a un público reducido de jóvenes de clase alta, invitados especiales y socios del recinto.
A diferencia del caos y energía explosiva que se vivía en cada presentación de The Doors en Estados Unidos, los conciertos en México fueron descritos como contenidos, casi ceremoniales, con un “Rey Lagarto” concentrado en impresionar a la atmósfera que en el exceso escénico.
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Su visita provocó que la historia de la agrupación en México comenzara a transformarse en leyendas que con el tiempo han perdurado en la memoria colectiva de los amantes del rock sesentero.
La visita que se transformó en mito y leyenda
Testimonios de asistentes y promotores de la época señalan que The Doors recorrió puntos clave de la Ciudad de México como: Zona Rosa, Garibaldi y el Centro Histórico. Jim Morrison, fascinado por la estética y el simbolismo prehispánico, visitó Teotihuacán, experiencia que después sería citada como uno de los momentos de mayor impacto personal durante su paso por México.
A su vez, surgieron relatos más “fantasiosos”: se habla desde fiestas privadas, consumo de drogas hasta encuentros con figuras de la élite cultural y social de la época. Pese a que no existen pruebas como fotografías, grabaciones y documentos oficiales, poco a poco el mito sobre la fama de Jim Morrison comenzó a crecer.
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Jim Morrison dejó en la Ciudad de México una huella que se mueve entre el registro histórico y la leyenda urbana, un eco que sigue alimentando la fascinación por uno de los episodios más peculiares de la historia del rock.
EONM
