SOCIEDAD DE AMIGOS DEL LIBRO MEXICANO

Reconstituyen Sociedad de Amigos del Libro Mexicano en pro de la Casa del Poeta Ramón López Velarde

La reconstitución de la Sociedad de Amigos del Libro Mexicano impulsa un nuevo fondo bibliotecario dedicado a los poetas mexicanos de la primera mitad del siglo XX y promueve la preservación del patrimonio literario. | Eduardo G. Cruz* y Esperanza Brito**

Escrito en OPINIÓN el

“Un libro es, esencialmente, no una cosa que se refiere, sino una cosa que se escribe y que se escribe no con el intento de mera comunicación sino de permanencia”. -John Ruskin

El año 1953 fue uno de grandes cambios para la vida pública mexicana. El veracruzano Adolfo Ruiz Cortines recién había tomado protesta como presidente de la República, con el control de la inflación y el mantenimiento del Milagro Mexicano como proyecto político; en septiembre, Juan Rulfo se consolidaría como uno de los escritores más importantes en castellano con la publicación de su libro “El llano en llamas” por el Fondo de Cultura económica, mientras que Octavio Paz y Juan José Arreola también afianzarían su estatus como grandes maestros de las letras mexicanas; para octubre, el movimiento feminista alcanzaría uno de sus mayores logros con el reconocimiento del derecho de las mujeres a ser tanto votantes como candidatas en elecciones federales. El ánimo por la modernidad tecnológica, política y cultural era generalizado y, sobre todo, estaba impregnado de un fuerte sentimiento nacionalista.

Precisamente un área que se vio nutrida por este caldo de cultivo fue la literatura. A pesar de que México ya había experimentado una época próspera a inicios de siglo con la generación de los Contemporáneos y de que para la década de 1950 algunos nombres de escritores comenzaron a brillar internacionalmente, la realidad que enfrentaban tanto los trabajadores (técnicos e intelectuales) como la misma industria del libro no parecía muy alentadora. Una buena cantidad de textos de cuentistas, novelistas, ensayistas y poetas sólo lograban ser editados en pequeños tirajes por casas editoriales que, sin los medios necesarios, se veían impedidas de competir contra las grandes editoriales y la hegemonía promovida desde el gobierno mexicano, desapareciendo finalmente en las entrelíneas de la historia. 

Ante esta imperiosa necesidad de permanencia, el jueves 29 de enero de 1953 en el hotel Majestic, ubicado en el corazón del centro histórico de la Ciudad de México, se reunieron cuarenta escritores mexicanos para formar la Sociedad de Amigos del Libro Mexicano (SALM). Declarada “en contra del abandono, el desorden y el desprecio que ha venido prevaleciendo hasta ahora para el libro mexicano” la Sociedad redactó un plan general de trabajo, en donde se designó una mesa directiva encabezada por el profesor René Avilés Rojas. A la par, se describió detalladamente la función de las seis secciones principales que tendría:  técnica, de bibliografía mexicana, artes e industrias del libro, textos escolares,  jurídica y relaciones públicas; además, se establecieron los derechos y obligaciones de los socios activos, correspondientes y honorarios. El noble propósito de la sociedad se convirtió entonces en ser una vía para aumentar la simpatía y el interés del lector por los autores mexicanos, estimular la producción de libros y mejorar las condiciones de vida de los trabajadores de la industria. 

A cinco años de aquel trascendente iniciativa apadrinada por escritores de la talla de Alfonso Reyes y Carlos Pellicer (en calidad de miembros honorarios), la publicación de la “SALM: La Batalla del Pueblo por el Libro” (1958) sentenció: “Hemos hecho por ella, por la causa del libro mexicano, cuanto ha quedado a nuestro alcance; la unión es la fuerza y seguiremos trabajando por la unión. La SALM no desaparecerá sin llevar a cabo una obra perdurable. Si por alguna circunstancia desaparece antes, el pueblo sabrá reconstruirla desde sus mismas cenizas porque nadie podrá vencerlo en la batalla decisiva por el libro mexicano.”

De tal manera, el legado bibliográfico y documental de la SALM, disuelta a finales de la década de los 60, permaneció en sueños hasta que un parteaguas en el contexto de las letras nacionales exigió su presencia. En concreto, la reestructuración de la Casa del Poeta Ramón López Velarde en la Colonia Roma. 

En el marco de la primera Mesa de Diálogo convocada por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México con respecto al recinto. El 18 de junio de 2026, el historiador Eduardo G. Cruz, heredero del legado bibliográfico y documental de la Sociedad de Amigos del Libro Mexicano (SALM) puso a disposición de la Casa obras de poetas de la Sociedad  con el objeto de consolidar un tercer fondo bibliotecario dedicado a poetas mexicanos de la primera mitad del siglo XX. Iniciativa afín a la Consolidación de un Centro de estudios literarios a nutrirse del acervo de la Sociedad de Amigos del Libro Mexicano

La iniciativa en cuestión dio pauta a la reconstitución de la SALM con el objeto de rescatar a personalidades mexicanas de las letras de antaño y fomentar la lectura de obras de historia, poesía y narrativa editadas por fondos editoriales estatales y demás instancias gubernamentales.

* Eduardo G. Cruz 

Gestor cultural, asesor político, catador de cafebrerias y amante de libros de antaño de poesía y narrativa. Nació en la calle Tuxpan de la Colonia Roma. Integrante de la Licenciatura en Historia del Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora. Se  desempeña como investigador en la Dirección de Educación de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México y Director Nacional de Fundación Tecuichpo “Orientación y cultura para las infancias.”

** Esperanza Brito

Nació en la siempre compleja Ciudad de México, donde reside actualmente. Es estudiante de la licenciatura en Política y Gestión Social en la UAM Xochimilco y de Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Sus intereses se concentran particularmente en la región latinoamericana; desde su literatura hasta su entramado geopolítico. Recientemente desempeña el cargo de coordinadora de Recursos Académicos de la Fundación Tecuichpo.

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