En México, 12.9 millones de personas de entre 3 y 24 años no asisten a la escuela, lo que equivale a 27.6% de la población en edad escolar. Aunque la permanencia educativa suele asociarse con la disponibilidad de apoyos económicos, los datos muestran que el abandono escolar responde a una combinación de factores económicos, laborales, familiares y personales que cambian a lo largo de la trayectoria educativa.
La desigualdad económica continúa siendo un elemento determinante. Los dos primeros deciles de ingreso concentran 34.1% de la población que no asiste a la escuela, mientras que la mayor parte de quienes se encuentran fuera del sistema educativo pertenece a Educación Media Superior y, sobre todo, a Educación Superior y Posgrado. Esta concentración evidencia que las oportunidades educativas siguen estrechamente vinculadas con las condiciones socioeconómicas de los hogares y que las brechas tienden a ampliarse conforme avanza la trayectoria escolar.
Las causas de la no asistencia también varían según el nivel educativo. En preescolar predominan las relacionadas con responsabilidades de cuidado infantil; en secundaria y educación media superior, la falta de interés o aptitudes; mientras que en educación superior destacan la necesidad de trabajar, la unión, el matrimonio, el embarazo y las dificultades económicas. Esto muestra que las barreras para continuar estudiando evolucionan con la edad y requieren respuestas diferenciadas, más allá de una política uniforme para todos los niveles educativos.
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La política pública ha privilegiado las becas como principal instrumento para favorecer la permanencia escolar. De acuerdo con la ENIGH 2024, 8.2 millones de estudiantes reciben algún tipo de beca, lo que equivale al 24.2% de la matrícula. La mayoría de estos programas condiciona el apoyo a que las y los estudiantes permanezcan inscritos en una institución educativa. Si bien este diseño contribuye a reducir parte de las restricciones económicas que enfrentan los hogares, resulta insuficiente para atender otras causas que también explican la no asistencia escolar, como la necesidad de trabajar, las responsabilidades de cuidado, la discapacidad o la desvinculación con el sistema educativo.
Adicionalmente, las transferencias monetarias no deben entenderse como un sustituto del fortalecimiento del sistema educativo, sino como uno de sus componentes. Favorecer la permanencia escolar también requiere invertir en infraestructura, mejorar los servicios educativos, fortalecer las capacidades institucionales y desarrollar estrategias de acompañamiento y detección temprana que permitan identificar a estudiantes en riesgo de abandono. Estas acciones resultan indispensables para responder a las distintas barreras que enfrentan niñas, niños y jóvenes en cada etapa de su trayectoria educativa.
Fortalecer la permanencia escolar exige, por tanto, una estrategia integral que combine los apoyos económicos con políticas orientadas a mejorar las condiciones en las que ocurre el aprendizaje. Las becas ayudan a disminuir barreras de ingreso y representan un apoyo importante para millones de estudiantes; sin embargo, por sí solas difícilmente pueden garantizar trayectorias educativas completas. Complementarlas con inversión pública suficiente y políticas focalizadas permitirá avanzar hacia un sistema educativo con mayores oportunidades de acceso, permanencia y conclusión de los estudios. Podrán consultar la investigación completa en www.ciep.mx
Camila Itzel Lugo Porras*
Economista por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Se desempeñó como asistente de investigación en diversos proyectos académicos, participando en el procesamiento y análisis de datos cuantitativos y en la elaboración de modelos econométricos aplicados a temas de crecimiento, innovación y política pública. También colaboró como profesora adjunta en materias de estadística y de teoría económica. Participó en la Unidad de Planeación Económica de la Hacienda Pública y en la Unidad de Crédito Público y Asuntos Internacionales de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), donde dio seguimiento a los indicadores macroeconómicos y al comportamiento del mercado de deuda para la elaboración de análisis técnicos. Actualmente se desempeña como investigadora en el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) en las áreas de salud y educación.
