En México se presume que tiene una de las tasas de desempleo más bajas del mundo, con apenas un 2.9% en junio. A la vez, el IMSS informó que contaba con 22.8 millones de puestos registrados, 454 mil más que el año anterior. A simple vista o analizados por separado podrían dar la ilusión de ser un mercado laboral fuerte, aunque viéndolo con detenimiento nos revelaría que la realidad es menos alentadora.
Para junio había aproximadamente 84 mil personas menos ocupadas que el año anterior. No solo eso: la participación laboral también bajó, pasando del 59.8% al 58.8%. Esto significa que parte de las personas en México dejó de trabajar o de estar buscando un trabajo, por este motivo es que ya no se cuenta y aparece como desempleado en las estadísticas.
Contar con una tasa de desempleo baja no significa que todas las personas en el país tengan un buen trabajo. Ya que esta cifra no incluye a las personas que dejaron de buscar trabajo, se retiraron por un tiempo de la búsqueda de trabajo o encontraron otro tipo de actividad que les produjera un ingreso.
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En México no es solo la falta de empleos el problema. A su vez, es la gran cantidad de personas que trabajan sin seguridad social, sin estabilidad económica y con ingresos insuficientes. En junio, 33.1 millones de personas estaban en la informalidad laboral, lo que representaba alrededor del 55% de los trabajadores en México. Teniendo el 38.5% de su población en condiciones laborales críticas debido a sus bajos ingresos o a la relación entre sus horas trabajadas y el reflejo en su suelo.
Lo que se llega a es una gran brecha entre los hombres y las mujeres. La participación de mujeres en la fuerza laboral durante junio de 2026 (mujeres que trabajan o buscan trabajo) fue de 45.7%, mientras que para los hombres fue de 73.8 %. Registrando una caída de aproximadamente 166 mil mujeres en un año. Siendo la falta de guarderías, los horarios poco flexibles y la inseguridad en el país lo que sigue dejando fuera del mercado laboral a muchas de las mujeres.
Los datos del IMSS tampoco son un indicio de que se hayan creado miles de empleos en el país. Gran parte del aumento en la cifra proviene de personas que ya estaban trabajando y que se les asignó bajo otra clasificación, como conductores y repartidores de plataformas digitales. Siendo esta una de las explicaciones de por qué el número de afiliaciones al IMSS puede subir mientras baja el número de personas ocupadas.
A estas condiciones del mercado laboral cabe agregar un problema más: la baja productividad del país. Durante el primer trimestre de 2026, la productividad laboral cayó 0.1% contra el mismo trimestre del año anterior, sumado al nulo crecimiento en lo que fue el año. Cuando las horas de trabajo siguen produciendo lo mismo o un poco menos que antes, las empresas se quedan con poco o nulo espacio para aumentar los salarios, expandirse y crear nuevos empleos. Siendo este también el reflejo de la nula capacidad del Estado para ofrecer seguridad, infraestructura y las condiciones las cuales necesitan los trabajadores y empresas para poder crecer.
El resultado de toda esta ausencia es la creación de un círculo vicioso el cual es muy difícil de romper. Teniendo a pequeños negocios que producen poco, trabajadores que ganan poco y millones de trabajadores que no cuentan con seguridad social. Es por esto que no se puede medir el éxito únicamente con la cantidad de personas que están afiliadas o con la tasa de desempleo a nivel nacional. No solo se trata de cuántas personas están trabajando, sino también de cómo trabajan, cuánto producen, cuánto ganan por lo que producen y qué protección les brinda el Estado. Mientras la mitad del país siga trabajando en la informalidad, presumir la tasa de desempleo sería confundir la necesidad de sobrevivir con la posibilidad de poder prosperar y progresar.
