EXAMEN DE ADMISIÓN UNAM

La indolencia de la UNAM

Hoy, nuestra máxima casa de estudios dejó en evidencia que requiere de una reestructura mayor tras el fallido y bochornoso intento de modernizar su “proceso de Selección de Ingreso a Licenciatura”. | Omar Cepeda

Escrito en OPINIÓN el

Quién califica, salió descalificado, y mal. La UNAM vive otra fuerte crisis en su ya larga historia desde que fue creada por Justo Sierra en 1910, aunque su autonomía se haya consolidado 19 años después.

Hoy, nuestra máxima casa de estudios dejó en evidencia que requiere de una reestructura mayor tras el fallido y bochornoso intento de modernizar su “proceso de Selección de Ingreso a Licenciatura”, al obligar a los aspirantes a realizar su examen de admisión en línea, lo que resultó en un perfecto fracaso. 

Entre la autocomplacencia de las autoridades de la UNAM que se debaten entre un conflicto existencial y las múltiples fallas de la empresa Territorium Life, contratada para aplicar los vulnerados exámenes en línea, crece el rechazo e inconformidad de las y los jóvenes estafados, la de sus padres y de la sociedad en general porque nuevamente nuestra mayor institución de educación superior en México, la que se vanagloria de estar en el top 50 de las mejores del mundo, fue atropellada.

Al rector de la UNAM y a sus directivos no les salen las cuentas para resarcir los daños porque en esta ocasión, quienes quedaron maltrechos fueron todos los bandos. 

Por un lado, tenemos al grupo de los “aceptados”, diferenciados entre los que estudiaron por sí mismos y aprobaron el examen de admisión por la buena. Están los otros, aquellas y aquellos que pagaron cursos a las “escuelas milagro” para pasar, también por la buena. 

Y por el otro, están los tramposos que también aprobaron, aquellos angelitos que, independientemente de la modalidad, se supeditaron a favores de la inteligencia artificial, o bien a la compra de resultados, o acudieron a soplones, llevándolos a alcanzar puntajes casi perfectos, lo que detonó el escándalo en el que se encuentra ahora la UNAM

Pero, además, dentro de esta surreal situación, también están todos los que reprobaron independientemente de su fallida modalidad de aprendizaje (incluidas las escuelas milagro) y que ahora se sienten con el derecho (válido) de argumentar que sin los tramposos, ellas y ellos, entonces hubieran aprobado.

Ahora la UNAM deberá solucionar este embrollo, incluida la contratación de esa empresa contratada, y si es que el dueño no resulta ser amigo de alguno de los directivos. La presidenta Sheinbaum ya les recomendó que ahí está la fiscalía de partes, la FGR, por si se les ofrece. Pero antes deberán enfrentar a la sociedad mexicana, sobre todo a sus jóvenes, y ofrecerles respuestas válidas.

El crucigrama se llena de preguntas: ¿Van a hacer nuevamente el examen, ahora presencial, que es lo que piden los que no pasaron? ¿Cómo van a identificar a quienes aprobaron por la buena y qué harán con ellos?... y sobre los tramposo, ¿Cómo los van a identificar, excluir y que no se les ocurra protestar?

Lo que empezó como una modernización de sus procesos de admisión, terminó como un problema que, más allá de intentar taparlo con una comisión de expertos, comunicados y diálogos, la UNAM debe someterse a un proceso de cambio hacia una progresista universidad, y un lema que rece, “Por mi raza, hablará un espíritu nuevo”.

 

Omar Cepeda

@OmarCepedaCastr