Estamos en la última semana del mundial de futbol, y tras otro intrascendente papel de la selección que dirigió Javier Aguirre, regresaremos a una complejísima situación política-social-económica, que en realidad siempre ha estado, pero que la sociedad mexicana tendrá que afrontar a su pesar.
La democracia en México se está debilitando ante la pérdida de instituciones independientes u organismos que hagan contrapeso a los poderes del Estado mexicano. Bajo el instinto proveniente de las ocurrencias, corrupción e impunidad, nuestros políticos se encaminan a una de las elecciones más grandes de México.
En 2027 se renuevan cientos de puestos de elección popular y las reglas del juego se están rompiendo frente a un árbitro que ya se parece a Gianni Infantino. El INE está siendo omiso por diversos casos, sin vergüenza alguna, de campañas adelantadas con el fin de meter un gol fraudulento.
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Desde sus entrañas, el máximo órgano electoral de México es permisivo con Morena y exigente con la oposición. Más de 300 morenistas ya se encuentran en campaña abierta (podrían revisar el VAR) mientras los consejeros del INE miran para otro lado. Esto podría llevar a un conflicto post electoral y romper la relativa estabilidad que se vive en estos momentos. Urge que el INE retome las acciones que alguna vez lo consolidaron como el órgano de mayor prestigio.
No obstante, hay temas que ya impactan en la sociedad mexicana y que se verán reflejados en los resultados de las próximas elecciones. Entre ellos, la difícil relación bilateral entre México y Estados Unidos, fracturada desde el secuestro de “El Mayo” Zambada en México y posterior captura en Estados Unidos. Pero se profundizó cuando la justicia estadounidense inculpó a Ruben Rocha Moya por narcopolítica.
Ante esta crisis mayúscula, el gobierno Federal ha intentado defender a capa y espada a esta estirpe de funcionarios públicos provenientes de Morena, utilizando el discurso injerencista para eximirle de sus pecados. Están prefiriendo, pragmáticamente, defender lo indefendible para no perder mayorías en una elección que será una evaluación a Morena rumbo al 2030, cuando se renueve la presidencia.
Otro escenario que se entrelaza con la inseguridad es la corrupción que ha galopado desde los escándalos en Segalmex, y las diversas formas de “huachicol” que han dejado boquetes profundos en las arcas federales. Paralelamente se siguen revisando los infructuosos proyectos como el Tren Maya o el Interoceánico, cuyos accidentes los han dejado varados, o bien el barril sin fondo que es la endeudada Pemex.
Con ello sumamos el rumbo de la economía mexicana, que es otro tema espinoso. Un país que crece poco, se endeuda mucho, no recauda lo suficiente, y gasta o invierte sin que eso se traduzca en productividad, inevitablemente nos arrastrará un futuro sombrío.
Sumado todo ello, el y la mexicana, enfrenta una compleja realidad reflejada en el desempleo, la inseguridad y sus bolsillos. Pero el próximo año, tendrán la oportunidad, bajo el voto de premiar o castigar a sus gobernantes y legisladores, esperando que la democracia aún resista al embate contra la independencia de las instituciones del Estado mexicano.
