Concluido el Mundial de futbol masculino, es momento de retomar otros temas.
Tradicionalmente, el éxito nacional y a escala mundial del turismo se ha medido por el número de visitantes que se consiguen atraer. Este enfoque ha sido cuestionado desde hace décadas por considerarse limitado. Estaba ya sobre la mesa hace tres décadas, cuando tuve la oportunidad de trabajar desde el ámbito público en este sector. Es por ello por lo que me atrevo a tocar el tema.
Como resultado de estas críticas, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha dado al fin un paso adelante, al confirmar un cambio de paradigma en el turismo mundial dejando de medir el éxito únicamente por el número de visitantes, para dar cabida a indicadores sobre generación de desarrollo económico, bienestar social y resiliencia ambiental.
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La redefinición del éxito turístico.
Los gobiernos están redefiniendo el "éxito turístico", transitando de modelos tradicionales basados exclusivamente en el crecimiento del volumen de visitantes, hacia enfoques estratégicos orientados al valor sostenible, la resiliencia y el beneficio de las comunidades receptoras, observándose un mayor énfasis en la coordinación horizontal (interministerial) y vertical (nacional-local).
Como parte de este proceso, la transformación digital actúa como una reforma transversal en toda la cadena de valor turística. Los gobiernos están invirtiendo en sistemas de datos integrados y herramientas analíticas de vanguardia. Ello, porque el desarrollo y despliegue de la inteligencia artificial ofrece oportunidades críticas para optimizar las operaciones comerciales, personalizar los servicios y gestionar los flujos de visitantes en tiempo real. No obstante, persisten retos significativos relacionados con la gobernanza de datos, la seguridad y las brechas de habilidades.
Mitigación de presiones al turismo.
El turismo se enfrenta de manera directa a los efectos del cambio climático, manifestados en olas de calor extremo, incendios forestales prolongados e inundaciones que comprometen la infraestructura y alteran los patrones de demanda tradicionales. Asimismo, el sector busca mitigar su propia huella, con un enfoque particular en la descarbonización del transporte aéreo.
Todo esto lleva a un conjunto de recomendaciones de política prioritaria para las naciones que conforman la OCDE: una gobernanza multinivel que permita alinear las políticas nacionales y locales, empoderando formalmente a los destinos con recursos e infraestructura compartida; un enfoque basado en valor, para integrar consideraciones sociales y ambientales en la planeación y diversificar los productos turísticos hacia zonas menos visitadas; un fortalecimiento del ecosistema empresarial, con miras a reducir cargas regulatorias y facilitar el acceso a financiamiento y capacitación en competencias digitales y sostenibles para las pequeñas y medianas empresas turísticas; y una adaptación al cambio climático presente, que lleve a incorporar evaluaciones de riesgo, sistemas de alerta temprana y soluciones basadas en la naturaleza dentro de los planes de contingencia sectoriales.
Viabilidad y temporalidad de los cambios.
La viabilidad y plazos para la implementación de las recomendaciones de la OCDE se pueden sintetizar en el siguiente balance estratégico:
La gobernanza multinivel es viable en países con un federalismo consolidado, pero compleja en economías centralizadas por la reticencia a transferir presupuesto y recaudación fiscal a los municipios y, de ser el caso, podría lograrse en un plazo de media década, para permitir legislar y capacitar cuadros técnicos locales.
En cuanto al enfoque basado en valor, su realización se antoja difícil, pues choca con los incentivos inmediatos del sector privado (aerolíneas y hoteleras) que dependen del turismo de masas y su alcance se tendría para una década, debido al tiempo que toma consolidar infraestructura y cambiar la inercia del mercado.
Por lo que toca al fortalecimiento del ecosistema empresarial, aunque resulta lo más viable e inmediato al existir un consenso sobre su urgencia, su principal reto es la brecha de adopción y uso estratégico de herramientas avanzadas como la inteligencia artificial en las microempresas.
Finalmente, en lo relativo a la adaptación al cambio climático, su realización se ve como algo obligatorio, inmediato y continuo, pues la supervivencia de destinos costeros e invernales frente a eventos extremos vuelve esto algo prioritario, aunque limitado por el financiamiento de grandes obras de infraestructura.
En conclusión: las recomendaciones de la OCDE para el sector turístico no operan como un gasto, sino como una inversión estructural. Las naciones que asuman el costo político y financiero de esta transición en los próximos años asegurarán un sector turístico más competitivo, menos vulnerable a crisis geopolíticas y con un impacto económico mejor distribuido en toda su sociedad.
