LA DEA Y "EL MAYO"

Venganza de “El Mayo” de la mano de la DEA

¿La caída de "El Mayo" Zambada fue una captura por un golpe de suerte o la consumación de una venganza estratégica que redefinió el poder de la DEA? | César Gutiérrez Priego

Escrito en OPINIÓN el

En el turbulento ajedrez del narcotráfico transnacional, las piezas raramente se mueven por azar. La caída de Ismael “El Mayo” Zambada, el histórico líder del Cártel de Sinaloa ha sido analizada bajo múltiples lentes, pero una hipótesis destaca con fuerza por encima de las demás: la consumación de una venganza urdida desde las sombras, con la Administración de Control de Drogas (DEA) como orquestadora y beneficiaria principal. Esta teoría sugiere que la histórica aprehensión del capo no fue únicamente un golpe de suerte o el resultado de una entrega voluntaria sin condiciones, sino el producto de una década de amargura de la agencia antidrogas estadounidense frente a la inacción oficial y, posteriormente, un pacto de supervivencia de las nuevas generaciones del cártel. Durante más de cinco décadas, “El Mayo” Zambada tejió una red de protección institucional y complicidades que lo convirtió en un fantasma inalcanzable. Su habilidad para eludir la justicia provocó una profunda frustración en Washington. Para la DEA, Zambada no era un criminal más; era la encarnación de la impunidad y el cerebro logístico del emporio criminal más lucrativo del hemisferio. Mientras las administraciones mexicanas pasaban y los gobiernos estadounidenses exigían resultados, Zambada operaba con una tranquilidad pasmosa desde las montañas de Sinaloa. El hartazgo de la agencia estadounidense alcanzó niveles críticos, gestando la necesidad de un golpe de autoridad que reivindicara su capacidad operativa, incluso si eso implicaba modificar las reglas del juego tradicionales de la colaboración bilateral.

El 25 de julio de 2024, el escenario dio un giro dramático . El aterrizaje de una avioneta privada en un aeródromo en Santa Teresa, Nuevo México, que transportaba a Zambada y a Joaquín Guzmán López (hijo de “El Chapo”), detonó un sismo político y criminal . En un principio, el relato oficial coqueteó con la versión de una entrega pactada y tersa. Sin embargo, la posterior y contundente revelación de cartas y testimonios por parte de la defensa del propio Zambada transformó la narrativa oficial: fue una traición, una emboscada quirúrgica, orquestada por los herederos de su antiguo socio. Es aquí donde la sombra de la DEA cobra un protagonismo ineludible. 

Es prácticamente imposible concebir que la agencia antidrogas estadounidense fuera completamente ajena a los movimientos de uno de sus objetivos históricos de más alto valor. Las negociaciones entre las autoridades de Estados Unidos y "Los Chapitos" para obtener beneficios procesales —especialmente en el contexto del tráfico de fentanilo— apuntan a un escenario donde la agencia vio la oportunidad perfecta para capturar a su "pez gordo" a cambio de concesiones a los jóvenes capos. Al facilitar la traición de Guzmán López, la DEA no solo logró neutralizar al capo más escurridizo, sino que cobró una afrenta histórica, ejecutando una venganza estratégica que durante años parecía inalcanzable. Las consecuencias de este movimiento fueron inmediatas y brutales. 

El equilibrio criminal que Zambada había mantenido con mano de hierro se rompió, desatando olas de violencia y ajustes de cuentas internos en Sinaloa y otras regiones. La reestructuración del Cártel de Sinaloa demostró que la ambición de las nuevas generaciones no tiene límites y que, para garantizar su supervivencia, estaban dispuestos a sacrificar al pilar histórico de su propia organización. La DEA, por su parte, capitalizó esta fractura, obteniendo información vital y posicionándose como la verdadera artífice de la caída de los capos más buscados. Este episodio también dejó al descubierto las profundas cloacas del sistema político y de seguridad mexicano. 

Durante el proceso judicial, y ante las cortes federales estadounidenses, el propio “Mayo” Zambada ha confesado el pago sistemático de sobornos a autoridades, militares y políticos de diversos niveles durante décadas. Ante la justicia estadounidense, que lo ha orillado a asumir su responsabilidad, Zambada se ha visto en la necesidad de colaborar, convirtiendo su vasta red de contactos en su última moneda de cambio para evitar una condena a cadena perpetua o la pena de muerte. 

El impacto de estas revelaciones ha cimbrado el panorama político, evidenciando los profundos niveles de corrupción estructural. La consumación de esta venganza trasciende la mera captura de un individuo; representa un cambio de paradigma en la estrategia estadounidense para combatir el crimen organizado. Históricamente, la DEA ha enfrentado marcadas diferencias con las administraciones mexicanas, muchas veces limitadas por políticas de seguridad que priorizaban la pacificación por encima de la confrontación frontal. Al actuar directamente sobre los liderazgos a través de la cooptación y el aprovechamiento de traiciones internas, la agencia ha demostrado su capacidad para imponer su agenda y lograr resultados tangibles en territorio estadounidense.

El destino de Ismael "El Mayo" Zambada, cuyo proceso judicial y audiencias de sentencia se han prolongado en cortes como las de Nueva York, es el testimonio definitivo del ocaso de una era. El capo, que supo burlar a las autoridades mexicanas y estadounidenses durante casi medio siglo, se encuentra hoy rindiendo cuentas ante un sistema judicial implacable. Su caída, orquestada mediante un calculado juego de traición y estrategia institucional, confirma que en el mundo del narcotráfico y la geopolítica de la seguridad, las lealtades son efímeras y el poder siempre termina acomodándose a los intereses de las agencias internacionales . 

La venganza de “El Mayo", paradójicamente, terminó consolidando el dominio operativo de la DEA en la región.

César Gutiérrez Priego

@cesargutipri