ELECCIONES COAHUILA

PAN: el verdadero perdedor en Coahuila

Con los datos de la elección del pasado domingo en Coahuila, mucho tiene que reconsiderar el panismo: de ser la oposición natural al priismo, pasó a ser su aliado y ahora a la irrelevancia electoral. | Carlos Gastélum

Escrito en OPINIÓN el

El domingo hubo elecciones para el Congreso estatal de Coahuila, en las que la coalición liderada por el PRI ganó los 16 distritos de mayoría relativa. Solo en Acuña el partido local Unidad Democrática de Coahuila (UDC) aportó votos de manera sustantiva a la alianza, pues en el resto el peso electoral siguió estando en el tricolor.

En la embriaguez del triunfo electoral, los resultados se han intentado posicionar como el resurgimiento del PRI, el mito de un Morena imparable o el voto de hartazgo hacia las políticas nacionales de la cuarta transformación.

Quizá haya algo de eso. O también de las fortalezas de organización y estructura que el PRI ha mantenido en la entidad tras ocho décadas de gobierno, de la falta de homologación del calendario electoral en Coahuila —la única entidad con elecciones locales este año, lo que evita los efectos de arrastre de una elección federal concurrente— o de los niveles de aprobación del gobernador, que rondan el 60%, según encuestas.

Es verdad que en la narrativa pública se intente presentar a Morena como el gran perdedor, pues al partido se le escapa controlar uno de los pocos congresos locales que le restan por dominar, lo que además anticipa un mal augurio cuando llegue el momento de elegir gobernador.

Sin embargo, si alguien perdió el pasado domingo fue el Partido Acción Nacional. El PAN, según los datos del PREP, obtuvo cerca de 27 mil votos, es decir, el 2.16% de la votación. Apenas un poco más que MC (1.96%) y por debajo del PVEM, que decidió contender en solitario (2.6%). Los tres partidos están en riesgo de perder el financiamiento público estatal al haber quedado por debajo del 3%.

Lo sorprendente del PAN es que, en menos de una década, se ha quedado sin fuerza política en una de las entidades donde tradicionalmente era emblema de oposición. En la elección para gobernador de 2017, Guillermo Anaya obtuvo más de 452 mil votos y quedó apenas a dos puntos del ganador de la contienda, Miguel Ángel Riquelme, del PRI. En esa elección el panismo tuvo también triunfos a nivel municipal y legislativo.

Las elecciones legislativas de 2020 fueron una réplica del pasado domingo: el PRI ganó 16 de 16 distritos de mayoría. Ahí comenzó el derrumbe del PAN: en tres años pasó de 452 mil votos a apenas 87 mil, mientras Morena logró crecer de 151 mil a 170 mil.

Para la elección de 2023, el PAN y el PRD decidieron ir en alianza con el PRI, llevando a Manolo Jiménez a la gubernatura. La misma fórmula se replicó en los distritos de mayoría relativa, donde la “Alianza Ciudadana por la Seguridad” ganó todos los distritos, otorgando cinco diputaciones de mayoría al PAN, una al PRD y el resto al PRI. En las elecciones federales del año siguiente, esa misma coalición ganó solo tres de ocho distritos frente a la alianza Morena-PT-PVEM, y la mayoría de los votos fueron para el PRI: 607 mil frente a 100 mil del PAN.

Con los datos del domingo, mucho tiene que reconsiderar el panismo: 27 mil votos frente a los 684 mil del PRI-UDC —55% de la votación— y los 326 mil de Morena-PT. De ser la oposición natural al priismo, pasó a ser su aliado y ahora a la irrelevancia electoral.

La dirigencia nacional del PAN se ha excusado diciendo que la catástrofe electoral en Coahuila obedeció a condiciones y contextos específicos, así como a apuestas arriesgadas en la selección de candidaturas. Dicen que solo se puede perder lo que alguna vez se tuvo: y el panismo en Coahuila tenía mucho. Lo dejó ir.

 

Carlos Gastélum

@c_gastelum